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Benedicto XVI recibió ayer al cardenal Angelo Bagnasco, arzobispo de Génova y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, después de la gran manifestación de solidaridad al Santo Padre, el domingo en la Plaza de San Pedro, promovida por las asociaciones de laicos italianos. El prelado italiano aseguró que el Papa se sintió «muy contento, muy sereno, viendo tanta manifestación de alegría, de cercanía, de oración de parte de una plaza y sus alrededores, tan concurrida».

El cardenal Bagnasco señaló que “los diarios, con razón, hablaban de cerca de 200 mil personas. Pero, sobre todo, era una multitud formada por un pueblo integrado por grandes y pequeños. Familias, con sus niños pequeños, que llegaron de toda Italia, aun con grandes sacrificios, con tal de estar aunque sea por un momento bajo la ventana del Papa“.

El arzobispo de Génova explicó también qué significa esta manifestación de solidaridad con el Papa para la vida de la Iglesia en Italia: “Diría que fortalece la conciencia de que la Iglesia es una Iglesia formada por el pueblo, una Iglesia para todos y que en Italia, en particular, hay un gran cariño, un profundo lazo de cariño y de gratitud para con el Santo Padre. Tenemos la bendición y la gracia de tener la sede de Pedro precisamente en nuestro país y ello representa en el corazón de nuestra gente, una gracia muy grande y por lo tanto un motivo de fe ulterior y de alegría“.

El purpurado reflexionó asimismo sobre las palabras de Benedicto XVI acerca del pecado, que es el verdadero enemigo: “Porque el pecado es el origen de todos los males. Ésta es una verdad de nuestra fe, que no debemos olivar nunca: el Papa con la claridad y la mansedumbre y lucidez de su Magisterio nos recuerda, precisamente, el corazón de las cosas. Y, reitera que pecado es la causa, verdaderamente de todo mal –tanto físico como cultural –es el alejarse, dar la espalda a Dios, a su verdad, que brilla en Cristo y resplandece en la Iglesia“.

El presidente de la Conferencia Episcopal italiana recordó a las víctimas de los abusos y a los numerosos sacerdotes, que, en silencio, están al servicio de Dios y del prójimo, renovándoles su aprecio y confianza: “Unos y otros están en el corazón de las intenciones del Santo Padre. La oración en la Plaza de San Pedro –así como la de toda la Iglesia en Italia, que estaba representada allí– es por el Papa, su persona, su ministerio y todas sus intenciones de padre y de pastor: entre éstas, seguramente, está la santificación del clero –vemos que el Año sacerdotal está por concluir– y también la oración por todos aquellos que sufrido violación, de parte sobre todo de algunos ministros de la Iglesia“. Y añadió que “seguramente en el corazón del Papa, de su cariño y de su oración, así como en su acción, están presentes estas intenciones: la Iglesia en Italia ha rezado y reza por ello“.