>

El próximo domingo 23 de mayo, finaliza la Ostensión de la Sábana Santa en el Duomo de Turín, con una concelebración eucarística presidida por el cardenal arzobispo Severino Poletto, según ha informado Radio Vaticano. Según las cifras oficiales, más de un millón de personas se ha querido acercar hasta la catedral de Turín para venerar la Sábana Santa. Pero sin duda el peregrino más ilustre ha sido Benedicto XVI que viajó hasta Turín el 2 de mayo.

El Papa aseguró que “En ella vemos, como reflejados, nuestros padecimientos en los sufrimientos de Cristo: `Passio Christi. Passio hominis´. Precisamente por eso, ella es un signo de esperanza: Cristo ha afrontado la cruz para poner un dique al mal; para hacernos ver, en su Pascua, la anticipación de aquel momento en el que también para nosotros, toda lágrima será enjugada y no habrá más muerte, ni luto, ni lamento, ni afanes“.

Con esas palabras Benedicto XVI explicaba el significado de la Sábana Santa que “habla a través de la sangre, la sangre de la vida”. Porque, como evidenció el propio Pontífice, la Sábana es un icono escrito con sangre, “sangre de un hombre flagelado, coronado con espinas, crucificado y herido en el costado derecho. La imagen impresa en la Síndone es la de un muerto, pero la sangre habla de su vida. Cada resto de sangre –concluyó el Papa- habla del amor y de la vida“.

A lo largo de seis semanas –desde el pasado 10 de abril y hasta este domingo- han sido numerosas las iniciativas que se han celebrado en Turín dedicadas a la Sábana Santa. Una de las más concurridas fue la celebrada el pasado 15 de mayo en la basílica de María Auxiliadora, donde se concentraron miles de personas en adoración eucarística. “La Sábana –señalaban durante este acto sus organizadores- es la respuesta práctica al continuo deseo del hombre de buscar el rostro de Dios, de entrar en el misterio. La interminable cola de peregrinos que ‘quieren ver’ la Sábana, son los mismos que al tiempo de Jesús ‘querían verle´’“.

La Sábana Santa sigue siendo un argumento controvertido. Sus primeros testimonios ciertos datan de mediados del siglo XIV. Se sabe con certeza que el 14 de septiembre de 1578, fiesta de la Exaltación de la Cruz, los turineses acogieron con gran emoción la Sábana Santa. En los últimos cien años la Sábana Santa ha sido expuesta en ocho ocasiones, siendo la última ostensión, la del año 2000 organizada por el Gran Jubileo.

En estos pocos días de ostensión que quedan los responsables del Duomo de Turín han decidido ampliar el horario de visitas para permitir al flujo de fieles acudir a venerar la reliquia. Por este motivo este viernes y sábado, será posible visitar la Sábana Santa hasta las diez y cuarto de la noche, previa reserva, mientras que la puerta central del Duomo, accesible sin reserva, permanecerá abierta de siete de la mañana a once de la noche. Este domingo 23 de mayo, último día de la ostensión, esta puerta se cerrará a la una de tarde, para permitir a las cuatro, la concelebración eucarística con la que se pone fina a la ostensión 2010 en Turín.