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Entrevista concedida a la Radio Vaticano en 1971 por el Cardenal Jean Daniélou, miembro de la Congregación para los Religiosos e Institutos Seculares.

El Cardenal Jean Daniélou destacó por su erudición, lucidez e incondicional amor a la Iglesia. En el ocaso de su vida advirtió sobre diversos problemas que ocurrían en la vida eclesial, particularmente en los institutos religiosos, atribuyéndolos, entre otras causas, a la errada comprensión del Concilio Vaticano II. Las enseñanzas conciliares se aplicaban equivocadamente por lo cual ciertas congregaciones religiosas vivían auténticas tempestades interiores.

Antes que una renovación en continuidad, prevalecía la dinámica de ruptura con los carismas fundacionales. Sin limitarse a la denuncia, el Cardenal Daniélou propuso diversas soluciones para encarar los problemas. Aunque aparecida apenas seis años después del Concilio, esta entrevista aporta una serie de clarividentes enseñanzas para encausar la vida religiosa por la senda de la autentica renovación.

Pregunta: ¿Hay una crisis real en la vida religiosa, y en caso afirmativo, ¿cuáles son sus dimensiones y sus síntomas?

Respuesta: Hay una crisis muy grave actualmente en la vida religiosa. De hecho, además de hablar de “renovación”, hay que hablar de “decadencia”. Esta crisis es especialmente grave en el mundo atlántico. Europa oriental y los pueblos de África y Asia están en un estado mucho más saludable.

La crisis existe en todos los ámbitos, no sólo en éste o aquel aspecto de la vida religiosa. Los consejos evangélicos ya no son vistos como la consagración a Dios; más bien solamente desde un punto de vista psicológico o sociológico. Se hace un gran esfuerzo para no aparecer como viviendo un estatus social de “clase media”, sin embargo se practica muy poco la pobreza individual en un sentido cristiano.

También se intenta sustituir la obediencia religiosa por las dinámicas de grupo. Se abandona la vida de oración regular con el pretexto de que la formación religiosa debe ser evitada. Las consecuencias de este estado confuso se comprueban en la creciente escasez de vocaciones. Los jóvenes necesitan una seria formación para estar dispuestos a asumir la vida religiosa. Las consecuencias de este abandono pueden comprobarse en las numerosas deserciones de la vida religiosa, que son un escándalo para el pueblo cristiano porque se trata de la ruptura de los votos.

Pregunta: ¿Cuáles son las causas fundamentales de esta crisis que usted describe?

Respuesta: La causa fundamental de esta crisis en la vida religiosa puede encontrarse en una falsa interpretación del Concilio Vaticano II. Las directivas del Concilio para la vida religiosa fueron muy claras: una mayor fidelidad a las exigencias del Evangelio cómo se expresan en la constitución de cada Orden religiosa, y una adaptación de estas constituciones a las condiciones de la vida moderna.

Aquellas órdenes religiosas que han seguido las directrices del Concilio están experimentando una auténtica y radical renovación y están atrayendo muchas nuevas vocaciones; pero en demasiados casos, las directivas del Concilio Vaticano II han sido desplazadas por las ideologías erróneas de disenso que se difunden hoy en revistas académicas, en conferencias y en escritos de teólogos.

Entre los principales errores de estas ideologías se pueden incluir:

• a. La Secularización: El Concilio Vaticano II dijo que los valores humanos debían tomarse seriamente. El Concilio nunca dijo, sin embargo, que debíamos sumergirnos en un mundo secularizado en donde la dimensión religiosa no podía ser tomada seriamente, como un componente de la civilización.

Lamentablemente, en el nombre de una falsa secularización, tanto órdenes religiosas masculinas como femeninas han abandonado sus hábitos y vestiduras tradicionales; han renunciado a su trabajo específicamente evangélico para favorecer emprendimientos de tipo secular, como la substitución de la adoración y el servicio a Dios por el activismo político y social. Lo más lamentable es que estos religiosos abrazan el secularismo precisamente en el momento en que el mundo necesita imperiosamente una espiritualidad más profunda.

• b. Una falsa concepción de libertad. Esta falsa concepción de libertad se manifiesta en un verdadero desprecio de las normas y las instituciones y en una exaltación de la improvisación y lo que se llama espontaneidad. Esta actitud es especialmente absurda teniendo en cuenta que sobreviene en el momento mismo en que la sociedad occidental ha perdido su sentido de verdadera libertad, libertad con disciplina. La restauración del orden es una necesidad para la vida religiosa.

• c. Una concepción errónea de la evolución. Esta concepción errónea de “evolución” sostiene que es adecuado abandonar los los valores del hombre y de la Iglesia que resultan incómodos. En aras del cambio se pierde de vista el principio de que incluso si las cosas cambian a nuestro alrededor, la naturaleza del hombre y de la Iglesia permanece. Uno de los errores fundamentales del evolucionismo de hoy es poner en cuestión el fundamento mismo de toda la vida religiosa o la supervivencia de las órdenes religiosas.

Pregunta: ¿Cuáles son los remedios para esta crisis en la vida religiosa que usted ha descrito?

Respuesta: El simple y urgente remedio es alejarse del camino equivocado que ha sido recorrido en la reforma de numerosas órdenes religiosas. Debemos poner fin a la experimentación y a las iniciativas contrarias a las directivas del Concilio. Debemos advertir claramente cuales son los libros, las revistas y las conferencias que difunden ideas erróneas sobre el significado de la renovación. Debemos restaurar a su integridad la práctica de la vida religiosa de acuerdo con las reglas y constituciones que fueron modificadas para adecuarse auténticamente al Concilio.

Cuando sea imposible que algunas de estas instituciones puedan regresar a sus raíces y a su espíritu original, al menos abría que darles la oportunidad a aquellos miembros que desean permanecer fieles a sus carismas y sus tradiciones religiosas, y a la vez al espíritu del Concilio, de formar sus propias comunidades. Los superiores están obligados a respetar los deseos de aquellos religiosos, y la comunidad debe permitir la existencia de casas dedicadas a la apropiada formación de los novicios.

La experiencia ha demostrado que las vocaciones son más numerosas en las casas donde se observa estrictamente la disciplina de las órdenes, que en aquellas comunidades donde se la abandona. En los casos en que los superiores se opongan a aquellas peticiones legítimas, habrá que recurrir al Santo Padre. La vida religiosa está llamada a llevar a cabo su tarea. La vida religiosa debe volver a descubrir su verdadero sentido y romper radicalmente con la secularización que la socavaba y le impide atraer nuevas vocaciones.