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Benedicto XVI:“Es más importante tener buenos sacerdotes que tener muchos sacerdotes”.

El día anterior al Cónclave de abril de 2005, el cardenal Francis George, presidente de los obispos americanos, se reunió con el cardenal Joseph Ratzinger. Hablaron sobre la necesidad de que el próximo Papa afrontase enérgicamente el problema.

Cuarenta y ocho horas más tarde, Ratzinger se convirtió en Benedicto XVI. Y en su primer saludo personal al cardenal George le confirmó que mantendría el plan previsto.

Durante el primer mes de pontificado Benedicto XVI suspende al sacerdote italiano Gino Burresi fundador de la Orden de los Siervos del Corazón Inmaculado de María, y acusado de diferentes abusos. El Papa le ordena que se retire a la vida privada, que deje de confesar y que no celebre misa en público.

El caso más espinoso es el del sacerdote mexicano Marcial Maciel, acusado de haber abusado de sus seminaristas en el pasado. Muchos en México y en el Vaticano consideraban estas acusaciones falsas y calumniosas. Pero el Papa tenía más información sobre los hechos y obligó a Maciel a retirarse a una vida apartada de oración y penitencia.

JOHN ALLEN: “El hecho de que Benedicto XVI actuase en el caso Maciel pocos meses después de su elección es la señal a los católicos de que, como se dice en América, ‘ha llegado un nuevo sheriff a la ciudad’. O lo que es lo mismo, que ahora nadie será intocable”.

P. JOHN WAUCK: El proceso de limpieza puede ser doloroso, pero al final hace un bien enorme: a los laicos, a los sacerdotes, a toda la Iglesia en su conjunto.

La solución de Benedicto XVI al problema de los abusos sexuales se basa en tres líneas: curar heridas, reparar el daño causado y emprender una renovación espiritual. Por su parte, ha sido el primero en dar ejemplo en el proceso de curación de heridas y de reconciliación con las víctimas. Ha organizado encuentros con ellas en varias ocasiones. La primera, durante su viaje a Estados Unidos.

En Washington, por primera vez en la historia un Papa se reunió con víctimas de abusos sexuales. Fue un encuentro a puerta cerrada y lejos de las televisiones. Benedicto XVI escuchó la historia de cada uno, pidió perdón y rezó con ellos por todas las víctimas.

Pocos meses después repitió el gesto durante su viaje a Australia. También el año siguiente, en el Vaticano, con un grupo de indígenas canadienses. Y después en Malta en abril de 2010.

LAWRENCE Víctima (Malta): Esta respuesta del Papa es más de lo que pedíamos. El Papa ha tenido el corage de dar la cara por otros que nos han hecho mucho daño”.

Benedicto XVI, 11 DE MAYO DE 2010: “Hoy los ataques al Papa y a la Iglesia no vienen sólo de fuera, sino del interior de la Iglesia, del pecado que existe en la Iglesia. La Iglesia debe aceptar la necesidad de la justicia, pues el perdón no sustituye a la justicia”.