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Dr. Gustavo Sánchez R.
Doctor en Teología por la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima.

De: Areópago Cultural

Las novelas del norteamericano Dan Brown constituyen un fenómeno editorial que no deja de llamar la atención. Millones de ejemplares vendidos y una resonancia mediática mundial dan fe de ello. Si bien es verdad que sus libros calzan muy bien en el rubro manido de “best sellers”, el interés que han suscitado y la polémica por ellos generada, mueven a preguntarnos a qué se debe dicho éxito y la atención que concitan. Por otra parte, el cine ha contribuido con lo suyo para hacer más conocido el nombre y las obras de Dan Brown. No parece ajeno a este interés el hecho de que sus novelas toquen un tema tan sensible como el de la religión, al mismo tiempo que la presentación de escándalo y controversia presente en sus tramas.
Dan Brown es un autor de literatura ligera, “Light”, como se la acostumbra llamar, y por lo mismo, su visión de las cosas y de la realidad es “Light”, vale decir, superficial. No cabe esperar en sus novelas profundas disquisiciones metafísicas o complejos razonamientos filosóficos.

Sin embargo, que sea un autor de literatura ligera, cuyo fin es el entretenimiento, no quiere decir que sus obras deban reflejar pobreza intelectual o carencia de contenidos o de algún tipo de saber. Muchas novelas de entretenimiento son consideradas obras emblemáticas de la literatura, como por ejemplo las novelas de Alejandro Dumas, las obras de Julio Verne o las de Emilio Salgari, y nadie podría acusarlas de intelectualmente pobres. Podrían señalarse obras que, sin dejar de entretener y situándose en el género de ficción, aunque no constituyan elevaciones filosóficas o disquisiciones de alto vuelo intelectual, tienen la virtud de plantear cuestiones de gran profundidad que apelan a los más hondos valores estéticos y trascendentes del ser humano, como por ejemplo las novelas de C.S. Lewis o las de R. Tolkien. Nada de eso vamos a encontrar en el autor que nos ocupa. Pues en Dan Brown, como veremos, la superficialidad campea por doquier.

En Dan Brown la visión sobre la religión es también superficial. Pero cuando habla sobre la religión –cosa que hace en todas las novelas señaladas- no se trata, en su caso, de cualquier visión ni tampoco de cualquier superficialidad. La visión superficial que nos ofrece es aquella propia de la ideología, y más concretamente, de la ideología ilustrada y post-ilustrada sobre la religión.
Siendo una cosmovisión, la ideología tiene una forma particular de entender la religión. Ahora bien, en el caso de Dan Brown, la ideología que subyace a sus novelas es aquella que se va formando a partir del siglo XVIII –aunque sus raíces son ciertamente anteriores- y que pertenece a la así llamada “Ilustración” o también “Iluminismo”.

Bajo este nombre se conoce toda aquella corriente de pensamiento, con expresiones diversas de tipo filosófico, político, cultural e incluso religioso, que tiene como meta la emancipación del ser humano de todo aquello que lo mantiene en la esclavitud y en la postración. La Ilustración aparece, pues, como un gran movimiento de liberación de toda la humanidad, y considera que con su advenimiento el ser humano ha alcanzado la madurez necesaria para ser libre y autónomo. La época en que surge, el siglo XVIII, es llamada el “siglo de las Luces” o también el “Grand Siècle” para indicar precisamente este momento de resurgimiento histórico y universal.

¿De qué cosas pretende emancipar la Ilustración al ser humano? Según esta corriente de pensamiento, el hombre debe ser emancipado de tres cosas negativas. En primer lugar, de la ignorancia que somete al hombre al oscurantismo y al atraso típico de épocas anteriores, y aquí el remedio para tan mala situación es la CIENCIA que traerá un periodo luminoso para la humanidad. Pero por “ciencia” los ilustrados entienden la ciencia empírica y natural, sobre todo las ciencias físicas, químicas y biológicas, sobre las que depositan su esperanza de dar respuesta a todos los misterios. En segundo lugar, se busca emancipar al ser humano de la tiranía política que conlleva la pérdida de la libertad y la esclavitud –sea real, sea figurada- por la conculcación de sus derechos sociales. La alternativa en este caso es la DEMOCRACIA, con sus tesis de igualdad de todos los individuos, y su praxis de votaciones libres, distinción y separación de poderes, etc.

En tercer y último lugar, se quiere liberar al hombre del fanatismo y de la superstición (lo que conlleva la irracionalidad) frutos de las religiones reveladas, y concretamente el cristianismo, con sus relatos de milagros, encarnación, resurrección y con todos sus dogmas. La alternativa a tal “plaga”, a juicio de los ilustrados, es doble: o bien la RELIGIÓN NATURAL, es decir, aquella experiencia del que cree en una “religión” que sea racional ( sin dogmas ni elementos sobrenaturales) y que sea moral ( que enseñe a vivir adecuadamente desde el punto de vista ético); o bien el ATEÍSMO, es decir, la negación de la existencia de Dios y el rechazo de lo religioso.

Centrémonos en este último aspecto, es decir, en el modo cómo la Ilustración enfoca la religión. Ante todo, hay que decir que la Ilustración surge como un movimiento claramente anticristiano, por lo mismo su actitud ante la Iglesia y todo aquello que se proclama o reconoce cristiano no es indiferente o neutral, antes bien, es agresiva y hostil. Por otra parte, desde lo ya señalado, la Ilustración se caracteriza por una serie de notas, entre la cuales mencionamos:

* El naturalismo: es decir, la afirmación de que lo único que existe es lo meramente mundano o secular, y por lo mismo, la negación de la dimensión sobrenatural de la existencia.

* El subjetivismo: visto como la primacía del sujeto y su peculiar comprensión de la realidad como lo único válido y verdadero. Implica, por tanto, la negación de lo objetivo y, en sus formas extremas, de la realidad como tal.

* El racionalismo: entendido como la razón asumida como único medio de conocimiento de la realidad y de la verdad, y la reducción de todo a lo meramente racional. En la práctica niega la fe y todo aquello que no se circunscriba a la (limitada) inteligencia humana.


La verdad oculta de las novelas de Dan Brown no es algún secreto o misterio disfrazado en claves esotéricas o ingeniosos anagramas simbólicos, sino la ideología que está detrás y que no es otra cosa que la ideología de la Ilustración, vulgar y ramplona. Cada quien, como es obvio, es libre de asumir la ideología o las ideas que le venga en gana. Lo que sí es muy criticable y repudiable es que con aires de erudición y conocimiento del tema se difundan ideas groseramente falsas y que no tienen la más mínima base de cultura.
* Extracto de la conferencia: LA VERDAD OCULTA: Del “Código da Vinci” al “Símbolo perdido. La visión ideológica sobre la religión en las novelas de Dan Brown realizada para “Diálogos Literarios” en la ciudad de Lima en mayo de 2010.