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Por Sandro Magister

Schönborn contra Sodano, Sepe contra Bertone. El caso serio del arzobispo de Viena. Benedicto XVI castiga, pacifica y mira más allá. También con tres nombramientos en tres puestos claves de la curia.

ROMA, 2 de julio de 2010 – Para el Papa ha sido una vigilia laboriosa la festividad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos de la Iglesia romana.

Como siempre, celebró las primeras vísperas en la basílica de San Pablo Extramuros, junto a una delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla, recibida en el Vaticano esa misma mañana.

En la homilía anunció la creación de un nuevo organismo vaticano “para una renovada evangelización” en los países de antigua raigambre cristiana en los que se ha hecho presente un “eclipse del sentido de Dios”.

Pero más duro ha trabajado Benedicto XVI para volver a llevar un poco de paz entre algunos cardenales que en las últimas semanas se habían enfrentado públicamente entre sí. Lo ha hecho con dos comunicados más bien atípicos y con una audiencia también especial para tres de los litigantes.

Por una curiosa coincidencia, el día anterior, el domingo, en las iglesias de todo el mundo se leyó el pasaje de la carta de san Pablo a los Gálatas, en la que el apóstol amonestaba: “Si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente”.

Una advertencia que Benedicto XVI ya había retomado y citado en la memorable carta a los obispos escrita por él el 10 de marzo de 2009, también en ese entonces luego de ásperos desencuentros entre hombres de Iglesia.

El primero de los dos comunicados del 28 de junio se ha referido a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y en particular al cardenal Crescenzio Sepe, quien la presidió entre el 2001 y el 2006, antes de ser transferido a la arquidiócesis de Nápoles.

Sepe era una potencia en la curia de Juan Pablo II. Y en efecto, cuando el pasado 20 de junio la magistratura italiana abrió una investigación contra él a causa de supuestas irregularidades en la gestión del patrimonio edilicio de la Congregación, él dijo inmediatamente que había obrado siempre con la aprobación y el reconocimiento de la Secretaría de Estado vaticana de la época, dirigida por el cardenal Angelo Sodano.

Al involucrar a Sodano en sus asuntos y al mismo tiempo polemizando implícitamente con el actual Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, quien promovió su transferencia desde Roma a Nápoles, Sepe produjo una notable irritación en la cúspide del Vaticano, que traslució el frío desinterés con el que “L’Osservatore Romano” ha seguido sus vicisitudes judiciales.

Ahora bien, con el comunicado del 28 de junio la Santa Sede ha querido reafirmar la finalidad exclusivamente misionera de las rentas del patrimonio edilicio de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos – propietaria en Roma de decenas de palacios valiosos – y al mismo tiempo ha querido distanciarse de los eventuales “errores de valuación” cometidos por Sepe y por sus colaboradores en su específica responsabilidad.

El segundo comunicado del 28 de junio se ha referido al cardenal Christoph Schönborn , arzobispo de Viena, recibido por el Papa esa misma mañana.

Schönborn fue noticia en las semanas anteriores, al haber propuesto en forma reiterada un “repensar” la disciplina del celibato del clero y por haber criticado ásperamente acciones y palabras del cardenal Sodano en materia de pedofilia.

Mucho más fue noticia Schönborn en cuanto es considerado muy próximo a Joseph Ratzinger. Fue un alumno brillante, y ha sido siempre muy apreciado por él. Por eso, una opinión ampliamente difundida era que él había dicho esas cosas con la aprobación sustancial del Papa.

Pero no era así. Tanto su opinión expuesta públicamente como los ataques a Sodano no le gustaron para nada a Benedicto XVI, quien reprochó severamente a Schönborn tanto en forma oral como por escrito.

Pero para ahuyentar la impresión de un acuerdo entre los dos, era necesario un acto público. Esto es lo que ha acontecido el 28 de junio, en un primer momento con un coloquio frontal entre el Papa y el arzobispo de Viena, luego con la presencia en la audiencia de los cardenales Sodano y Bertone, y por último con un comunicado que ha hecho público los contenidos del encuentro.

A continuación el texto íntegro del comunicado, seguido por un comentario y por una recapitulación de los últimos cambios decididos por Benedicto XVI en la curia vaticana.

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COMUNICADO DE LA SALA DE PRENSA VATICANA, 28 DE JUNIO DE 2010

1) El Santo Padre ha recibido hoy en audiencia al cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena y presidente de la Conferencia Episcopal Austriaca. Éste había pedido poder informar personalmente al Sumo Pontífice sobre la situación actual de la Iglesia en Austria. En particular, el cardenal Christoph Schönborn ha querido aclarar el sentido exacto de sus recientes declaraciones sobre algunos aspectos de la actual disciplina eclesiástica, así como ciertas valoraciones sobre la actitud de la Secretaría de Estado, y en particular del entonces secretario de Estado del Papa Juan Pablo II, de v.m., respecto al fallecido cardenal Hans Hermann Groër, arzobispo de Viena de 1986 a 1995.

2) Posteriormente han sido invitados al encuentro los Cardenales Angelo Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio, y Tarcisio Bertone, Secretario de Estado.

En la segunda parte de la Audiencia, han sido aclarados y resueltos algunos equívocos muy difundidos y en parte derivados de algunas expresiones del cardenal Christoph Schönborn, que expresa su disgusto por las interpretaciones realizadas. En particular:

a) Se recuerda que en la Iglesia, cuando se trata de acusaciones contra un cardenal, la competencia pertenece únicamente al Papa; las demás instancias pueden tener una función de consulta, siempre con el debido respeto a las personas.

b) La palabra chiacchiericcio ha sido interpretada de manera errónea como una falta de respeto a las víctimas de los abusos sexuales, por las que el cardenal Angelo Sodano alimenta los mismos sentimientos de compasión y de condena del mal, como ha expresado en diversas intervenciones del Santo Padre. Esa palabra, pronunciada en el discurso Pascual al Papa Benedicto XVI, estaba tomada literalmente de la Homilía pontificia del Domingo de Ramos y se refería a la “valentía que no se deja intimidar por el chiacchiericcio (murmuraciones, palabrería, n.d.t.) de las opiniones dominantes”.

3) El Santo Padre, recordando con gran afecto su visita pastoral a Austria, envía a través del cardenal Christoph Schönborn, Su saludo y aliento a la Iglesia que está en Austria y a sus pastores, confiando a la celestial protección de María, tan venerada en Mariazell, el camino de una renovada comunión eclesial.

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El comunicado no deja lugar a duda alguna: Schönborn se ha presentado ante al Papa con las cenizas sobre la cabeza y ha debido retractarse de cuanto ha dicho contra el cardenal Sodano y respecto al celibato.

Pero esto no habría sido hecho público por la Santa Sede si a su vez las palabras y los gestos de Schönborn no hubiesen tenido la resonancia mediática que tienen.

Porque lo que distingue al arzobispo de Viena de otros tantos cardenales es precisamente el saberse protagonista en el escenario de la opinión pública, a cuyas inclinaciones y presiones se muestra en extremo sensible.

En efecto, casi siempre le sonríe el éxito mediático. Sobre el celibato ha dicho y no ha dicho, pero las alusiones a un posible “repensar” esta disciplina son suficientes para asegurarle altos índices de audiencia y de consenso.

Jamás ha propuesto concordar con las reivindicaciones del movimiento de reforma católica neomodernista “somos Iglesia”, nacido en Austria y desde allí bastante difundido. Pero la tarde del pasado Miércoles santo, en la catedral de Viena, ha querido que estuvieran a su lado los jefes del movimiento, mientras pedía perdón por los abusos sexuales del clero.

En cuanto a los procedimientos para afrontar los abusos, el arzobispo de Viena se caracteriza como el intérprete más decidido de la llamada “transparencia”: el envío sistemático de los casos a la justicia civil y en todo caso a instancias judicialmente competentes e independientes de la jerarquía. También ha obtenido de esto un amplio consenso.

Al acusar al cardenal Sodano de insensibilidad e ineptitud respecto al escándalo de la pedofilia, Schönborn ha golpeado en un blanco demasiado fácil, en un personaje que por diversos motivos se ha ganado ya muchas críticas.

Pero lo que más preocupa a las autoridades vaticanas y al mismo Papa es la debilidad de conducción que pone de manifiesto el arzobispo de Viena, respecto a la Iglesia austriaca en su conjunto.

En los años Ochenta, el entonces cardenal confió a Schönborn y a otros pocos obispos de confianza la redacción del Catecismo de la Iglesia Católica. Pero poco después de ser elevado al papado, al recibir el 5 de noviembre de 2005 a los obispos austriacos en visita “ad limina”, les recriminó precisamente que enseñaran la doctrina “en forma incompleta”, omitiendo “esas cosas que no se escuchan con buen ánimo o que suscitan reacciones de protesta y de escarnio”. También Schönborn estaba allí escuchándolo.

El 15 y 16 de junio de 2009 los obispos austriacos fueron llamados de nuevo a Roma para presentar un informe. Evidentemente, a juicio del Papa, la lección impartida en el 2005 no había sido suficiente.

Más aún, había tenido lugar poco antes el levantamiento de una gran parte de católicos y del clero contra el nombramiento en Linz de un obispo, combatido como demasiado conservador. Tanto Schönborn como otros obispos dejaron correr la protesta y al cabo de un mes Roma cedió y revocó el nombramiento, con el jolgorio de todos los que reivindican que el criterio justo para elegir a los obispos es el agrado popular.

También luego del encuentro del 15 y 16 de junio de 2009, la Santa Sede emitió un comunicado público, que daba cuenta de los reclamos dirigidos a los obispos austriacos.

El comunicado del 28 de junio sobre el encuentro del Papa con Schönborn es entonces la tercera reprimenda de la serie. Entre tanto, han transcurrido ya casi los cinco años canónicos de la visita “ad limina” del 2005 y, en consecuencia, los obispos austriacos volverán pronto a encontrarse con el Papa, para una cuarta y previsible reprimenda público.

Esto no impide que Ratzinger siga apreciando las cualidades de su ex alumno Schönborn, que en su intimidad en absolutamente ortodoxo. En el último fin de semana de agosto, cuando el círculo de los ex alumnos del Papa se reúna con él en Castel Gandolfo, la exposición introductoria la hará precisamente Schönborn, sobre un tema crucial como la interpretación del Concilio Vaticano II.

Pero Benedicto XVI conoce de Schönborn también los defectos, el primero de los cuales es la incoherencia entre lo que piensa – totalmente en línea con el Papa – y lo que dice y hace, para hacerse oír y aplaudir.

Volviendo al comunicado, hay un pasaje que requiere explicación. Es aquél en el que el Papa le recrimina a Schönborn por las acusaciones dirigidas por él a Sodano respecto al “llorado” cardenal Hans Hermann Groër, arzobispo de Viena desde 1986 hasta 1995.

En la práctica, Schönborn acusó a Sodano de haber encubierto los abusos sexuales cometidos por Groër.

¿Cometidos? En realidad, Groër jamás admitió culpa alguna, ni siquiera fue sometido a algún proceso, ni canónico ni civil.

La reconstrucción más precisa del caso es la publicada el 1 de julio por “il Foglio”:

“El caso Groër estalla en el año 1995, cuando luego de las acusaciones de abusos propaladas en los medios de comunicación, se le acepta la dimisión al cardenal, quien había cumplido 75 años. Para reemplazarlo fue nombrado Schönborn, que en pocos meses pasa de ser obispo auxiliar a coadjutor y arzobispo pleno de Viena. En esa primera fase, el joven prelado dominico no muestra una actitud condenatoria respecto a su predecesor benedictino.

“El caso Groër vuelve a explotar con virulencia en enero de 1998, cuando lo acusan algunos de sus hermanos monjes. El 21 de febrero de ese año estaba previsto el consistorio en el que Schönborn recibe el birrete cardenalicio, y él busca hacer todo lo posible para evitar que Groër esté presente también en la ceremonia. En ese momento, en efecto, el nuevo arzobispo de Viena ya ha madurado un juicio condenatorio respecto a su predecesor. Pero Juan Pablo II no sólo no impidió la presencia de Groër, sino que el 20 de febrero lo recibe también en audiencia.

“Al regresar del consistorio, se reúne en Austria el Consejo Permanente del episcopado. Participan el neo-cardenal y otros cuatro obispos: Kapellari, Eder, Weber y Aichern. Al final son cuatro los que firman una nota en la que se declaran ‘moralmente convencidos’ de la culpabilidad del cardenal Groër. El único que no firma es Aichern, también benedictino, que quizás conocía mejor que los otros las disputas entre hermanos en quienes habían madurado las acusaciones contra Groër.

“En ese momento Schönborn desciende a Roma para pedir que la Santa Sede ratifique la condena emitida por los prelados. Pero no tiene éxito. La denegación se manifiesta – con tonos claros y nítidos – durante la Semana Santa de ese año, cuando Juan Pablo II y el cardenal Sodano reciben en audiencia a Schönborn, Weber y Eder. La Santa Sede no considera probadas las acusaciones. De todos modos, luego de Pascua Groër emite un comunicado en el que pide perdón en caso que haya hecho algo malo, pero no admite ninguna culpa.

“En junio de ese año tiene lugar la visita del Papa a Austria. Junto a otros obispos, pero no todos, Schönborn pide que Groër no esté presente en la visita y que el Vaticano emita una condena contra él. La primera condición es aceptada, la segunda no. Groër se ausentará durante algunos meses, pero luego volverá a la patria. Morirá en el año 2003 sin que Juan Pablo II, el único que tenía este poder – como lo ha confirmado el comunicado del 28 de junio pasado -, haya expresado una palabra de condena respecto a él”.

El 30 de junio y el 1 de julio se han oficializado también una serie de nombramientos en la curia vaticana. Los principales son tres.

El primero es el del arzobispo Salvatore Fisichella como presidente del neonato Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización.

Fisichella era rector de la Pontificia Universidad Lateranense y presidente de la Pontificia Academia para la Vida. En ambas lo sucederán, respectivamente, el sacerdote salesiano Enrico dal Covolo y monseñor Ignacio Carrasco de Paula.

El segundo nombramiento importante es el del cardenal canadiense Marc Ouellet como prefecto de la Congregación para los Obispos, en lugar del cardenal Giovanni Battista Re.

Ouellet, de 66 años, sulpiciano, hasta ahora arzobispo de Quebec, discípulo del gran teólogo Hans Urs von Balthasar, es un ratzingeriano de hierro. Como obispo en el Canadá franco-parlante ha actuado en uno de los lugares donde la descristianización se ha hecho presente en la forma más dramática y repentina. Al elegir a los futuros obispos, se prevé entonces que estén muy en sintonía con la visión que ha introducido Benedicto XVI al instituir el nuevo organismo para la nueva evangelización.

Pero de este nuevo organismo no se conocen todavía las tareas precisas que habrá de desempeñar, las que serán definidas por un “motu proprio” papal. Por ejemplo, no son claros los límites entre su competencia y las del Consejo Pontificio de la Cultura, que ya se ocupa del “atrio de los gentiles”, es decir, de la evangelización de los no creyentes.

Además, confiar el nuevo organismo a monseñor Fisichella podría reavivar las polémicas que han atormentado su presidencia de la Pontificia Academia para la Vida, a causa de un controvertido artículo de su autoría publicado en “L’Osservatore Romano” en defensa de una niña brasileña a la que se le había practicado un doble aborto. Esas polémicas no se aplacaron ni siquiera mediante una posterior declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Por último, el tercer nombramiento importante es el del arzobispo suizo Kurt Koch como presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, en lugar del cardenal Walter Kasper.

El 1 de julio Benedicto XVI ha recibido además al obispo emérito de Augsburg, Walter Mixa, también en este caso para pacificar un desencuentro en el interior de la jerarquía eclesiástica. También en este caso con un comunicado emitido al término del coloquio.

En este caso, la “polémica muchas veces fuera de toda medida” a la que señala el comunicado ha tenido como protagonistas a dos pesos pesados del episcopado de Alemania, quienes se han ensañado en particular contra Mixa con críticas y acusaciones no fundadas del todo, induciéndolo a la dimisión: el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Robert Zollitsch, arzobispo de Freiburg im Breisgau, progresista, y el arzobispo de München im Bayern, Reinhard Marx, conservador.??

Es por eso que la exhortación a la paz y a la recíproca benevolencia, expresada por el Papa en el comunicado, ha sido dirigida primariamente a los “hermanos en el ministerio episcopal”.

Concluye con esta apelación:

“En un tiempo de contrastes e inseguridades, el mundo espera de los cristianos el testimonio acorde que ellos, en base a su encuentro con el Señor resucitado, están en condiciones de ofrecer y en el cual ellos son de ayuda para unos y otros, así como también para toda la sociedad, para encontrar el camino justo hacia el futuro”.