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Benedicto XVI comienza hoy su período de vacaciones, que por primera vez transcurrirá totalmente en Castelgandolfo. El tiempo de vacaciones, que suele caracterizarse por pocas noticias provenientes de la Santa Sede, se ha mostrado en este Pontificado como un tiempo de preparación y proyección de futuras iniciativas del Papa. Ofrecemos nuestra traducción de un artículo donde se mencionan algunas características de estas vacaciones papales y se señalan algunos posibles proyectos.

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CASTELGANDOLFO – Libros santos, comidas orgánicas y paseos en los espacios verdes. Estas son las vacaciones del Papa. Hoy, después de la audiencia general en el Vaticano tradicionalmente reservada al miércoles, para Benedicto XVI es el último día de trabajo antes de la pausa veraniega. Por la tarde, el Pontífice partirá para Castelgandolfo, donde comenzará finalmente las vacaciones papales.

No todo el período, sin embargo, estará dedicado al descanso. Como hombre metódico y tenaz, Joseph Ratzinger ha programado también un cierto período de trabajo y de escritura. Con un objetivo doble y ambicioso: comenzar un nuevo libro sobre los Evangelios de la infancia de Jesús y dar forma al primer borrador de su nueva Encíclica, la cuarta de su pontificado.

Dejando de lado la tradición de los últimos años, Benedicto no dejará el Lacio. Por primera vez desde su elección no irá, de hecho, ni al Valle de Aosta ni a Alto Adige. Durante cinco años, Ratzinger quiso rendir homenaje a su predecesor aceptando todas las invitaciones llegadas a Karol Wojtyla. Pero, una vez respetados los compromisos, este año el Papa alemán prefiere recogerse en una semi-soledad que busca hacerle recuperar fuerzas después de un año difícil y estresante.

En las localidades lejanas, el pontífice habría debido conceder una actividad de recepción, indudablemente laboriosa, a obispos y prelados. En Castelgandolfo, en cambio, Benedicto se recluirá durante todo este tiempo en el apartamento estival, volviendo así al uso de Pablo VI, y dedicándose al descanso pero también a la escritura.

La señal llegó el pasado domingo, en Sulmona. Almorzando con los obispos de Abruzzo, el Papa respondió a la pregunta de un prelado dando una breve anticipación que revelaba el intento de dedicarse a un nuevo texto centrado en los Evangelios de la infancia. El pontífice ya ha entregado en Pascua, precisamente durante su última pausa, su texto sobre Jesús de Nazaret.

El de los Evangelios será, por lo tanto, el próximo libro del Papa. Una obra que presenta como difícil y apasionante. A los Evangelios de la infancia de Jesús, Mateo y Lucas han dedicado una gran variedad de narraciones; Marcos y Juan, en cambio, ninguna.

El esfuerzo de Benedicto será, sin embargo, doble. De su círculo íntimo se sabe, de hecho, que Ratzinger, en el mismo período, comenzará a tomar notas para su nueva Encíclica. Un trabajo que, después de la Deus caritas est, la Spe Salvi y la Caritas in veritate, será presumiblemente un texto sobre la vitud teologal que falta, es decir, la Fe.

Las horas de trabajo del Papa, de todos modos, estarán marcadas por los ritmos lentos de las vacaciones y de la meditación. Benedicto es un hombre metódico. Sin embargo, en las Villa Pontificia, el Santo Padre se levantará con un poco más de comodidad y dirá Misa a las 7.30 en lugar de a las 7, cuando está acostumbrado a abrir las funciones de la mañana. Serán fundamentales también las horas dedicadas a la lectura. Los periódicos, sobre todo los alemanes, la Frankfurter Allgemeine Zeitung, la la Sueddeutsche Zeitung y Die Welt, estarán en su escritorio como de costumbre.

Pero los Libros sagrados estarán, obviamente, en el centro de su atención estival y el Papa seguirá, sobre todo, la bibliografía teológica. Si algún texto faltara, explican sus colaboradores, ninguna dificultad habrá para hacerlo llegar rápidamente desde el Vaticano.

La música, luego, ocupará una parte fundamental de la jornada del Papa. En la Villa, está el piano de cola y en el teclado Ratzinger se alternará con su hermano, el padre Georg, que se le unirá llegado desde Baviera. Con él, y con los secretarios personales (el monseñor alemán Georg Gaenswein y el monseñor maltés Alfred Xuereb), hará largos paseos relajantes en el espacio verde, recitando el rosario. Paradas obligadas: el huerto biológico, la fábrica de las cerámicas, el criadero de pollos.

Benedicto come siempre de buen apetito pero está muy atento a la calidad de la comida. Sobre su mesa habrá, preferentemente, productos orgánicos provenientes de la Villa Pontificia, huevos, leche, aceite, que los dependientes vaticanos pueden encontrar de costumbre en la tienda interna de la Santa Sede. Se encargarán de la preparación de las comidas y del manejo de otras tareas serán cuatro mujeres laicas que pertenecen a la asociación de las Memores Domini y hacen vida consagrada.

Serán pocos amigos quienes visiten al Papa. Entre ellos, seguramente el secretario de Estado vaticano, cardenal Tarcisio Bertone, que transcurrirá también él un período de vacaciones en Piamonte y luego en la montaña. El colaborador principal, al que Benedicto XVI escribió una carta de gratitud y estima por el trabajo desarrollado y por sus cincuenta años de sacerdocio, lo pondrá al día sobre las futuras actividades. En septiembre – el pontífice volverá a viajar el día 5 con una visita a Carpineto Romano – lo espera la trabajosa y delicada visita a Gran Bretaña. Una etapa importante que debe prepararse con mucho cuidado. El Papa, ahora, tiene necesidad de descanso y de reflexión.

Fuente: Il blog degli amici di Papa Ratzinger


Traducción: La Buhardilla de Jerónimo