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Por: Alvaro Lucas

Hace unos días, el jugador de fútbol Cristiano Ronaldo anunció a través de Internet su reciente paternidad y con ella la intención de hacerse cargo “exclusivamente” de su hijo, liberando de toda responsabilidad a la madre, que al parecer ha preferido mantener su anonimato.

A pesar de los titulares de la prensa sensacionalista anglosajona, no existe una certeza total de que el jugador hubiese planificado el feliz acontecimiento recurriendo a una “madre de alquiler” o ejecutando lo que ahora se denomina una “subrogación gestacional”, procedimiento, por otro lado, solamente permitido en algunos Estados de Estados Unidos –donde tuvo lugar el alumbramiento- y en Europa en países como Gran Bretaña o Grecia. Tampoco está claro que el deseo de anonimato de la madre venga precedido de una transferencia millonaria, estrategia por otro lado bastante imprudente por inefectiva, como se puede comprobar a diario en los programas televisivos del “corazón”

No existe tal certeza, pero si algo ha dejado claro el delantero del Real Madrid es que él se hará cargo de la educación de su hijo para lo cual contará con la inestimable ayuda de su madre y de su hermana, no así en cambio de su actual novia la modelo rusa, Irina Shayk. Se trata por tanto de un proyecto personal del propio Ronaldo en el que sustrae a su hijo desde su nacimiento del derecho de tener una madre, un derecho recogido en el Principio n. 6 de la declaración de los Derechos del Niño, aprobada por la ONU en 1959, en el que se dice que el niño “siempre que sea posible, deberá crecer al amparo y bajo la responsabilidad de sus padres y (…) salvo circunstancias excepcionales, no deberá separarse al niño de corta edad de su madre”.

Es posible que el astro portugués piense que el dinero lo consigue todo. Pero la historia reciente de su actual club debería bastarle para llegar a la conclusión de que si los fichajes millonarios no aseguran el éxito, en el caso de su hijo tampoco sustituyen la importancia de la figura materna. Y si no, que le pregunte a su propia madre si ella hubiera aceptado desprenderse de su hijo de la misma manera.

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