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Director: David Slade.
Guión: Melissa Rosenberg. Intérpretes: Kristen Stewart, Robert Pattinson, Taylor Lautner, Nikki Reed, Billy Burke. 124 min.

Continúa el intercambio de besitos y ardientes miradas entre la bella Swan y el eduardiano Cullen, salteados con expresiones como “te quiero pero no debo”, “te deseo pero hemos de esperar”. Ripios melódicos que demandan coros del estilo “oooh”, “aaah”, “¿qué será?”.

Si la novela es cursi y elemental, melosa y morosa, la película casi la supera. La trama de folletín decimonónico de las tres primeras novelas sobre una tortuosa abstinencia de un tipo que quiere sangre y una adolescente que quiere sexo (lo siento, pero es lo que hay) se completa con una historieta de peleas entre vampiros y hombres-lobo hecha por cuatro amigos recién salidos del instituto y digna de ser emitida en una fiesta de graduación.

Todo se confía a la contemplación arrobada de los rostros de los protagonistas que no comparten nada, que no tienen ningún motivo para amarse, porque la autora de las novelas ha puesto empeño en no dotar a los personajes de vida y carácter. Así quedan reducidos a meras máscaras que puedan ponerse los lectores-espectadores en un ejercicio de imposible identificación con un conflicto irreal.

Cuando se mete de por medio el licántropo arapahoe, sin camiseta y en bermudas, recién salido de la cabina de bronceado, dan ganas de llorar: el triángulo entre la Bella y las Bestias, motor de un vehículo que avanza a 30 km/h, es tan patético que se entiende que los directores vayan cambiando: los anteriores deben estar reponiéndose en un balneario de la sobredosis de sensiblería diesel.

Los productores siguen enrolando a profesionales de renombre. Howard Shore, compositor de la penosa música de El Señor de los Anillos, pone el fondo musical, machacón y tedioso. El español Aguirresarobe fotografía sin descanso a los protagonistas en paisajes de postal grimosa. Dos actrices de enorme talento, Bryce Dallas Howard y Catalina Sandino Moreno, tienen pequeñas intervenciones, a cada cual más ridícula.

El director británico David Slade (Hard Candy, 30 días de oscuridad) ha debido ser contratado para ocuparse de unas risibles secuencias violentas y de cuatro o cinco situaciones morbosas del estilo Bella duerme abrazada al depilado pecho del lobo culturista mientras contempla la escena el vampiro enclenque y panoli embadurnado de polvos de talco.

Lo tremendo es que quedan dos películas más.