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Rezar es sano. O por lo menos así lo sugieren los investigadores del Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Indiana, en Bloomington (Estados Unidos). Su estudio demuestra que los pacientes presentan «mejoras sorprendentes» si se reza por ellos. Y aún más, la efectividad de la oración es proporcional a la cercanía del paciente. Rezar además en contacto físico con el enfermo puede ser, según observa este estudio, una eficaz mano de santo.

Tras analizar a 14 personas con discapacidades auditivas y a otros 11 con problemas de visión, se observó una mejoría en sus deficiencias tras haber recibido una oración de intercesión cercana. Por poner ejemplos, dos personas con problemas de oído mejoraron su audición, mientras que otros tres pacientes mejoraron sus dioptrías. Y aún hay más. Para los hombres de poca fe, el autor de la investigación, el profesor Candy Gunther Brown, explica que una anciana que era incapaz de contar los dedos de una mano en alto fue luego capaz de contarlos tras recibir un prolongado abrazo al mismo tiempo que rezaban por ella.

Oraciones especializadas

Según publica en su último número la revista Southern Medical Journal, los resultados del estudio han mostrado grandes mejoras en pacientes de zonas rurales de Mozambique, donde gafas y audífonos son más inaccesibles. En este país tienen una fuerte presencia la iglesia pentecostal, un movimiento evangélico derivado del protestantismo, cuyos fieles acostumbran a rezar por las curaciones de sus allegados. Su grado de motivación es tal que han llegado a crear grupos de oración especializados para cada tipo de enfermedad.


«El rezo puede ser terapéuticamente beneficioso», sobre todo «cuando los tratamientos médicos convencionales son insuficientes o inaccesibles», afirma el profesor Brown, en referencia a quienes no presentan devoción por este tipo de curaciones.

Porque la mejor medicina puede ser muchas veces una oración. O un abrazo.