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De: Isis Baraja

Tres de sus miembros están incluidos en el martirologio de la Conferencia Episcopal Alemana.

«El nombre alemán permanecerá para siempre mancillado si la juventud alemana no se alza para vengar y expiar, al mismo tiempo; para aniquilar a sus opresores y construir una nueva Europa espiritual». Éste fue uno de los mensajes que contenía la última octavilla que los jóvenes de la Rosa Blanca enviaron a miles de personas de Múnich y otras ciudades alemanas en febrero de 1943. Con sólidas convicciones cristianas y edades comprendidas entre los 20 y 25 años, estos universitarios tuvieron en vilo a las autoridades del nazismo durante meses.


Un grupo cristiano

La película «Sophie Scholl: los últimos días», narra las detenciones y ejecuciones de tres de los miembros de la Rosa Blanca. El film, aunque bastante fiel a los hechos, no entra a valorar los principios cristianos e intelectuales que motivaron la lucha pacífica contra la maquinaria del nazismo. Sí lo hace, en cambio, a través de cartas, declaraciones de familiares y otros documentos, el libro editado de José M. García Pelegrín, «La Rosa Blanca» (LibrosLibres).


Activismo anti-nazi

El núcleo de la Rosa Blanca estaba formado por seis estudiantes con espíritu ecuménico: los hermanos Hans y Sophie Scholl (evangélicos), Alex Schmorell (ortodoxo), Christoph Probst y Willi Graf (católicos). Ellos, junto con el profesor universitario católico Kurt Huber, llegaron a escribir hasta seis octavillas que reproducían por miles con el fin de romper «el manto de la indiferencia» de los alemanes y animarles a ejercer una «resistencia pasiva» contra el régimen.

En febrero de 1943 fueron descubiertos por la Gestapo y en un tiempo récord se inició un proceso judicial que terminaría con la ejecución, entre otros, de los siete miembros principales y la encarcelación de otros jóvenes afines al grupo.

Contra Hitler por razones morales

Las razones que motivaron la oposición frontal a Hitler no fueron sólo políticas, sino sobre todo morales y religiosas. Es más, en algunas octavillas se ve claramente la base cristiana de sus proclamas, cuando hablan del «trasfondo metafísico de esta guerra (la Segunda Guerra Mundial)» y comparan la boca de Hitler con «las fauces malolientas del infierno». Y añaden: «El hombre es libre pero no tiene defensas contra el mal sin el verdadero Dios». Por ello, exhortan a los cristianos: «¿No te ha dado Dios mismo la fuerza y el ánimo para luchar? Tenemos que atacar el mal allí donde es más poderoso y lo es en el poder de Hitler».


El valor de la vida

La Rosa Blanca se alzó además contra el exterminio de judíos y la aplicación de la «eutanasia» a enfermos mentales. La hermana de Christoph comenta la postura de éste al respecto: «Me explicó que ninguna persona, independientemente de las circunstancias, está autorizada a tomar decisiones que sólo puede tomar Dios. (…) Toda vida es valiosa. Todos somos hijos de Dios». Casado y con tres hijos, Christoph pidió ser bautizado por un sacerdote católico horas antes de ser ejecutado y en las últimas palabras escritas a su madre decía: «Te agradezco que me hayas dado la vida. Si reflexiono sobre ella, ha sido un único camino hacia Dios». Él y los otros dos miembros católicos del grupo están incluidos actualmente en el «Martirologio alemán del siglo XX» editado por la Conferencia Episcopal Alemana.

Terrible final

El terrible final que sufrieron estos jóvenes fue aceptado siempre con fortaleza. Así lo refleja Alex Schmorell en la última carta dirigida a sus padres: «Según la voluntad de Dios, hoy acabaré mi vida terrena para entrar en otra nueva que nunca terminará (…). Me voy siendo consciente de que he servido a mis firmes convicciones y a la verdad. Todo esto me hace esperar con la conciencia tranquila la cercana hora de la muerte».

«Sophie Scholl: los últimos días»

La pelicula tiene lugar en febrero de 1943, mientras Hitler tenia bajo su yugo toda Europa y se convertia en el ejercito mas poderoso sobre la tierra, un pequeño grupo de estudiantes que invitaba a la democracia y a la libertad de expresion mediante panfletos, fue capturado por la Gestapo, juzgado y ejecutado.

Aqui os traigo el juicio, hecho por Roland Freisler, un juez de verdad temible. Usaba el sarcasmo para presionar sobre los acusados y a grito limpio les humillaba y asustaba, con esta metodologia en mano, conseguia que mas de uno y de dos opositores al regimen no tuviera siquiera tiempo de objetar o defenderse. Ni los abogados de los acusados tenian valor para defender a sus clientes.