>

Por: Nicolás de Cárdenas
Religion en Libertad

Andan en los arrabales del barrio patrio dominado por la retrogresía zapateril muy escandalizados. Y con razón. Terry Jones, un individuo de dudosa reputación, al que nadie conocía hasta unas horas, y que a la sazón funge como pastor de una de estas pequeñas iglesias «home made» que proliferan por los Estados Unidos, convocó -para luego suspender- la quema de ejemplares del Corán, el libro sagrado de la Umma.

Decía hacerlo en protesta por la futura construcción de una mezquita (bautizada no por casualidad como Córdoba) en plena zona cero del 11-S en Nueva York.

Desde Obama hasta el Vaticano (y con razón, reitero), se alzaron voces condenando esta histriónica y provocadora acción que no conduce a ningún sitio bueno y que, además, es absolutamente contrario al derecho fundamental a la libertad religiosa.

Incluso desde el Gobierno impulsor de la Alianza de Civilizaciones no tardaron un segundo en condenar este atropello. Sin embargo, no se han mostrado tan elocuentes en otras ocasiones, cuando también se ofendían los sentimientos religiosos, delito recogido, por cierto, en nuestro Código Penal.

Por si alguno no se acuerda, refresco la memoria.

En 1978, el «artista» Javier Krahe (el mismo que cantaba «Yo lo que siento por Jesús: repelús») realiza un cortometraje titulado «Cocinar un Cristo», en el que se podía oir: «Calcúlese un Cristo, ya macilento, para cada dos personas». Para seguir: «Se desencostra con agua fría y los estigmas pueden echarse con tocino». Y tras embadurnarse de mantequilla, «se deja en el horno tres días, al cabo de los cuales sale completamente solo».

En 2004, el extinto programa de Canal+ (PRISA) «Lo más plus», emitió el citado trabajo cinematográfico. Entonces, HazteOir.org promovió ( y el Centro Jurídico Tomás Moro llevó a la práctica) una denuncia, que tras un largo periplo judicial, aún no está resuelta del todo, pues falta que se abra el juicio oral, aún sin fecha.

Y he aquí la trampa. Entonces, nuestro retrogobierno, ni el partido de los «100 años de honradez» que lo sostiene, ni muchos otros, alzaron la voz.

Pero claro, debieron pensar, «sólo se trata de cristianos, esos cuyo Dios les pide que pongan la otra mejilla. Saquemos la mano abierta a pasear».