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Efe/InfoCatólica

El arzobispo libanés de rito oriental, Mons. Raboula Antoine Beylouni, denunció que el Corán da al musulmán «el derecho de matar» a los cristianos y ordena «que se imponga la religión por la fuerza, por la espada». Mons. Beylouni, hizo estas duras y verídicas acusaciones contra el Islam en la penúltima sesión del Sínodo de Obispos para Oriente Medio, donde los cristianos el 1,6 por ciento de la población, musulmana y judía en su mayoría.

Mons. Beylouni, arzobispo de Mardin de los Sirios, de la Curia de Antioquía de los Sirios, con sede en el Líbano, afirmó que “El Corán da al musulmán el derecho de juzgar a los cristianos y de matarlos por la jihad -guerra santa- y ordena que se imponga la religión por la fuerza, por la espada. La historia de las invasiones es testigo. Por eso los musulmanes no reconocen la libertad religiosa, ni para ellos ni para los demás”. Mons. Beylouni agregó que por ello “no hay que extrañarse si todos los países árabes y musulmanes” se niegan a aplicar totalmente los “Derechos del hombre” instituidos por las Naciones Unidas.

En una de las más duras intervenciones de los 185 obispos que asisten al Sínodo, el arzobispo libanés se refirió también a las numerosas reuniones de diálogo cristiano-musulmán-judío y aseguró que esos encuentros “son difíciles y a menudo ineficaces”. Según el prelado, en esos encuentros no se discute sobre los dogmas, pero que incluso otros asuntos de orden “práctico y social son difícilmente abordables cuando se los incluye en el Corán o la Sunna”.

El arzobispo subrayó que el Corán inculca al musulmán “el orgullo de tener la única religión verdadera y completa, la religión enseñada por el más grande profeta, pues es el último llegado”. Mons. Beylouni advirtió que “según el Corán, el musulmán forma parte de la nación privilegiada y habla la lengua de Dios, la lengua del paraíso, la lengua árabe y por ello afronta el diálogo con superioridad y con la seguridad de salir victorioso”.

La inferior dignidad de la mujer y las contradicciones del Corán

El prelado libanés denunció que en el Corán “no hay igualdad entre el hombre y la mujer, ni siquiera en el matrimonio, donde el hombre puede tomar varias mujeres y puede divorciarse de ellas a su gusto; ni en la herencia donde el hombre tiene derecho a una parte doble; ni en el testimonio ante los jueces donde la voz del hombre tiene el mismo valor que la voz de dos mujeres”.

El Corán –insistió el arzobispo– permite al musulmán “ocultar la verdad al cristiano y hablar y actuar contrariamente a lo que él piensa o cree”. Mons. Beylouni subrayó que el Corán contiene versículos contradictorios y versículos anulados por otros, “lo que da al musulmán la posibilidad de usar unos u otros según más le convenga, y así puede decir del cristiano que es humilde, piadoso y creyente, como puede considerarle impío, apóstata e idólatra”.

Regímenes teocráticos y libertad religiosa

En la sesión de ayer también intervino el obispo de Antioquía de los Sirios (Líbano), Mons. Flavien Joseph Melki, que abogó por la instauración en los estados islámicos de una “laicidad positiva” que garantizaría –aseguró– la igualdad de todos los ciudadanos “al reconocer el papel benéfico de las religiones”.

Esa reforma de los regímenes teocráticos facilitaría, añadió, la “promoción de una democracia sana”. Mons. Melki denunció que el integrismo cada día “se hace más duro” en Oriente Medio y se preguntó si esos países aceptarían en un futuro próximo “abandonar sus regímenes teocráticos fundados en el Corán y la Sharia, que comporta una flagrante discriminación hacia los no musulmanes”.

“Me parece una utopía para los siglos venideros”, subrayó el prelado, que se mostró a favor de “actuar sin demora” para reformar los regímenes islámicos. Mons. Melki agregó que los cristianos de Oriente Medio deben ser ayudados por la Iglesia occidental y los países democráticos.

El arzobispo Antonio María Veglio, presidente del Consejo Pontificio para los Emigrantes e Itinerantes, se refirió por su parte a las emigraciones de cristianos de Tierra Santa y dijo que “sería terrible” si esa tierra en la que nació, vivió, murió y resucitó Cristo se quedara sin cristianos y se convirtiera en un “museo de piedra”.