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El actor norteamericano de 42 años, conocido en medio mundo por haber hecho de Jesucristo en La Pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004), ha estado en Madrid presentando una película tan interesante corno necesaria. Se trata de una historia sobre un pueblo de fanáticos islámicos que acabó lapidando a una mujer en 1990 y de cómo contó la historia al mundo un periodista al que él da vida. Aunque su interpretación es breve, el actor no pudo rechazar un proyecto sobre una terrible situación que, lamentablemente, cada cierto tiempo vuelve a ser actualidad. `La verdad de Soraya M.’ muestra dos caras del islam: una sinceramente piadosa y tolerante, y otra fanática y manipuladora.



-¿Le ha interesado este enfoque, aplicable a tantas religiones? -Me crié en un ambiente donde algunos utilizaban la religión para manipular. Y rechacé aquella versión falseada, esa hipocresía, que me obligó a abandonar la reliligión católica y a tomar mis decisiones al margen de cualquier creencia. Una religión sin amor no se puede seguir. Siempre he pensado así. La religión debe ser vivida con coherencia, si no, la gente la abandona por la manipulación de las ideas. He tratado con personas de diferentes religiones, y en todas sucede lo mismo.

-¿Y cómo volvió al a práctica religiosa? -Retorné al catolicismo cuando me di cuenta de que la religión es responsabilidad de cada individuo, que no puede pensar que todos los creyentes son como las personas que dan mal ejemplo. Y este juicio erróneo se puede plantear también respecto a la política o la enseñanza. Que haya algunos maestros o políticos manipuladores no significa que lo hagan todos. En el ámbito de la religión, a veces los sacerdotes, ministros o rabinos no son ejemplares; pero, otras veces, el problema está en los mismos creyentes. Incluso, algunas personas están manipulando a los demás sin ser conscientes de ello. En todo caso, me ayudó mucho encontrarme con otras personas sinceramente religiosas -como la Madre Teresa de Calcuta-, que sólo buscan ofrecer de manera desinteresada su amor a los demás.

-¿Cómo vive su fe en Hollywood?
-Algunos creyentes se sorprenden de que yo trabaje en Hollywood. Suelo preguntarles: “¿Tú no crees en Dios?” “¿Tú no crees que si vives una vida cara a Dios, la gente puede cambiar a tu alrededcir?”. Esto sería bueno para ti. Si no eres consciente de esta posibilidad, deberías considerarla. Ahora, miro dentro de mí, busco a Cristo en mí y trato de hacer las cosas bien en mi casa, con mi familia. Me siento mejor y me resulta más fácil hacer todo, desde lo más sencillo hasta lo más costoso. Y estoy más atento a las cosas pequeñas, a cuidar los detalles de amor. No se trata de hacer grandes cosas. Por ejemplo, cuando estoy con mis hijos, simplemente acompañándoles, puede parecer que estoy perdiendo el tiempo; pero realmente estoy haciendo algo grande, porque mis hijos me necesitan. Es tan simple como esto.

-Su interpretación de Jesús en ‘La Pasión de Cristo’, de Mel Gibson, ¿ha perjudicado a su carrera en Hollywood? -Ciertamente, haber protagonizado La Pasión de Cristo ha influido negativamente en mi carrera como actor. Hubo muchos malentendidos en torno a esa película, como, por ejemplo, que había comentarios antisemitas. Mel Gibson me advirtió que esto pasaría. Pero no conozco a muchos actores que hayan rechazado un papel así en una película dirigida por Mel Gibson.

Después de hacer Braveheart, me dijo que tenía una nueva película con un excelente guión inspirado en los Evangelios. No pude decir que no y asumí la responsabilidad de mi decisión. Sabía que la película sería muy criticada porque el personaje es odiado por algunos, algo que no ha cambiado mucho en los últimos 2.000 años.

-¿Llegó a dudar sobre hacerla?
-No, no habría podido negarme. ¿Podía influir negativamente a mi carrera? Quizás. ¿Me traería problemas? Tal vez. Pero yo sé cuál es la verdad, tengo esa suerte. Cómo iba a rechazar una película que me iba a acercar más a ella. Sólo puedo estar orgulloso y agradecido por haber hecho La Pasión de Cristo. Muchos amigos me decían que no la hiciera, pero sencillamente no pude rechazarla.

-Sin embargo, triunfó en medio mundo…
-Eso es lo bueno. En Estados Unidos tuvo mucho éxito, también en España. En Navidad y en Semana se venden muchísimos DVD, sin embargo ¿por qué no se hacen más películas como ésta? Está claro que interesan, que tienen éxito, que siguen vendiendo, que hacen dinero… Pero desde la industria del cine se siguen rechazando proyectos como éste.

-¿Cómo le ayuda su religiosidad católica y, en concreto, su trato con Dios en su trabajo como actor? -A menudo me viene a la cabeza aquella frase de Jesús antes de su Pasión: “Todo el que me conoce a mí, conoce la verdad”. Y Pilatos le responde: “¿Qué es la verdad?”. También busco la verdad como actor: ¿Dónde está? ¿Dónde está cuando yo estoy en el escenario o ante la cámara? ¿Cuál es la verdad de este personaje? ¿Cuál es la verdad del argumento? Buscar la verdad me ayuda a encontrar lo mejor de cada personaje, de cada situación, incluso cuando estoy tratando con propaganda manipuladora u otro tipo de mentiras.

-Eso no se lo han enseñado en las escuelas de interpretación…
-Pues no. Cuando era un joven actor, mis maestros me enseñaron cómo llorar en el escenario y conmover al público sin dejar de actuar. Por eso, cuando me preparaba para La Pasión de Cristo, algunos de esos sabios me decían: “¿Qué estás haciendo? No necesitas tener compasión hacia tal personaje”. Y yo contesté: “Yo me siento como Jesús, quiero sentir lo que Él sintió”.

Algunos maestros afirman que no se debe sentir nada, que no hay que tolerar ningún sentimiento. Pero ese comportamiento es brutal. Ciertamente, la verdad dura, la verdad duele. Cuando un hombre tiene una pierna infectada, la pone en agua salada para que se le cure. Algunos dicen que en el escenario hay que representar el papel sin tomar parte en él. Eso no es verdad.

-¿Qué le diría a los católicos ya los provida, tantas veces perseguidos por su forma de entender la vida y de vivir la fe? -Que en este mundo vale la pena sufrir por la verdad porque en el otro está la recompensa… Tenemos esa suerte. ¿Para qué tener miedo entonces? Yo les diría, sencillamente, que confíen.