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Un interesante artículo antes del estreno de AVATAR de James Cameron.

Por Flavio Mateos

“Hay hoy día una abundante y muy en boga literatura apocalíptica falsa; que dicen algunos críticos “es la literatura de la Nueva Era”; que “se extiende y se va a extender cada día más”; que “ha suplantado a la copiosísima novela policial”; que “es un medio de mejorar a la gente”; “en donde hallarán Uds. las más puras delicias, “a pure delight” –dice A. E. van Vogt, “Destination:Universe”, Post Script-Signet Books, N. York, 1933. Se refiere a la llamada “fantaciencia”, de la que en efecto se publican centenares de novelas, algunas muy bien escritas, la mayoría apocalípticas, y la mayoría desa mayoría, hórridas y desesperantes.

(…) No quiero extenderme acerca deste nuevo género de visiones “en el cual la imaginación no tiene vallas”, dice van Vogt (pur troppo!) que conducen al lector al terror o al desaliento; o bien (y son las menos) a ilusiones eufóricas acerca del futuro. La mayoría son disparatadas, y no es el menor mal influjo que irradian, el despatarro del sentido común; pues algunas son dementes casi; como las del autor susodicho. Ponen como base un absurdo:-por ejemplo, que el tiempo es reversible (como es el espacio) hacia atrás o hacia adelante (The Time Machine de Wells, que ha tenido innúmera descendencia) y como consecuencia deste absurdo filosófico se pueden extraer las más descacharradas consecuencias, por supuesto: como por ejemplo, que yo puedo ser padre de mi padre, o bien asesinar a mi abuelo antes de que engendre a mi padre. “Ex absurdo séquitur quódlibet”.

Todos estos fantaciencios (sacando los pocos católicos a que aludí arriba, Verne, Benson, Lewis, Bauman, Artus…) son “naturalistas”; es decir, todo lo que según ellos sucederá en el futuro, sea próspero sea terrífico, es obra del hombre solo –o de los presuntos habitantes de otros planetas ¡o estrellas!, que nos los pintan de 40 o 50 diferentes monstruosas maneras.- Dios no tiene nada que hacer en el mundo; si no es manifestarse a través del hombre deificándolo; en los autores panteístas, como Clarke.

La actual fantaciencia –tanto la puerilmente promisoria como la atrozmente amenazante- es la expresión de la angustia y de la angurria del hombre actual ante la Técnica- su nuevo Idolo; y es la mitología de la nueva religión “vitalista” de la Humanidad, que añoró y conjuró Bernard Shaw en “Back to Mathuselah”, prólogo. O sea, es el Quinto Evangelio de la Ultima Herejía…

(…) Está claro que no condeno el “género” en sí. Este género literario es lícito (quedó dicho que hay en él algunas pocas obras maestras católicas). Es la mala mentalidad religiosa y moral de los autores quien lo hace “hic et nunc” pernicioso.

R. P. Castellani – El Apocalipsis de San Juan, Editorial Jus, México, 1967, págs. 337 a 340.

Ante el próximo estreno, súper-publicitado por el Mundo-Uno, del súper-film (U$S 300 millones) “Avatar”, de James Cameron, director del film más exitoso de la historia (“Titanic”), vale hacer el esfuerzo de recordar a qué se debe la promoción de este cineasta, en qué terreno se mueve y qué se puede esperar de su nueva súper-producción.

Alguno recordará que, tras haberse llenado de Oscars, la noche misma de la ceremonia, Cameron, imitando al protagonista de su “Titanic”, abrió sus brazos en cruz exclamando satisfecho: “¡Soy el rey del mundo!”, y que tiempo después este director produjo un pseudo-documental para Discovery Channel sobre “La tumba perdida de Jesús”, ejemplar perfecto de anti-cristianismo imbécil criticado por los más serios científicos del mundo, incluso de Israel.

Pero los antecedentes anticristianos de Cameron hay que rastrearlos más atrás, casi al comienzo de su carera. La sustitución de Dios hecho hombre por el hombre hecho dios –y por lo tanto la adoración del hombre y la negación de la intervención divina, son parte de la mirada gnóstica de Cameron, talentoso y hábil embaucador al que muchos bobos siguen adulando sin advertir el fraude. Veamos unos pocos detalles:

TERMINATOR:

Desde la base del absurdo –como decía Castellani- del “tiempo reversible”, esta película cuenta cómo el líder de la humanidad del futuro, John Connor, que dirige a los hombres en su guerra contra las máquinas, envía a un hombre al pasado (presente de la película) para que proteja a una mujer –que va a ser su madre- de un robot que también es enviado pero para matarla y evitar así que nazca el futuro salvador, él mismo. Este joven luchador que es enviado termina acostándose con la mujer y engendrando al líder.

O sea, que el líder J.C. envió a quien iba a ser su padre…que muere en el combate. Por lo tanto, si murió, no pudo haberlo conocido y enviado. En fin, un absurdo rotundo, sin pies ni cabeza, que algunos admiten porque “es cine”, y entonces se permite cualquier cosa. Sí, anular el sentido común, o hacer del hombre un dios, ¿por qué no? Veamos más detalles:

El futuro salvador o líder tiene las iniciales J.C., como Jesús Cristo (además del mismo director, por otra parte).

El hombre joven enviado del más allá como un ángel protector de la mujer (ángel quiere decir “enviado”) no sólo es un anunciador, sino que por su intermedio la mujer ha de engendrar al futuro líder. Sólo que este hombre se acuesta con la mujer, la destinada a ser madre del salvador.

La mujer es perseguida por un robot (demonio) que nadie puede vencer, el cual tiene como misión matarla. El hombre que la protege muere, pero la mujer finalmente vence a esta criatura maligna. Recuérdese el Génesis: “Y podré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje; éste te aplastará la cabeza y tú le aplastarás el calcañar” (Gen. 3, 15). La imagen de la Inmaculada muestra a la Virgen aplastando con el pie la cabeza de la serpiente: humildad contra soberbia.

En “Terminator”, la mujer finalmente, para matar al robot, debe aplastarle la cabeza, luego de que éste la persiguiera arrastrándose como una serpiente y le atrapara con su mano un pie. Pero la mujer lo aplasta accionando una prensa hidráulica, una poderosa máquina hecha por la mano del hombre.

La mujer decide huir –como la Virgen encinta debió huir a Egipto- al desierto. La mujer de la película no huye con un santo ni con un hombre, sino acompañada de un perro, a bordo de un jeep sobre el cual se lee la inscripción: “Renegade”.

Como se podrá ver fácilmente, hay en esta película una parodia tanto dela Anunciación como de la Sagrada Familia, a la vez que una pseudo-profecía sobre un futuro oscuro donde los hombres darán pelea sin ninguna intervención divina, sino a través de sus propias fuerzas y mediante el uso de las máquinas: Cameron siente fascinación por las tecnologías ultrasofisticadas.

También puede decirse que el mal, en Cameron –como en todo gnóstico- es una realidad positiva. De allí que los enemigos de los hombres sean robots, creados específicamente para combatirlos. En “Terminator II, Juicio Final”, se verá a este robot-demonio re-programado y convertido en ángel protector del líder, sin que cambie su imagen exterior.

ALIENS Y EL ABISMO:

El alien (monstruo) es una nueva muestra de la realidad positiva del mal –pues el alien no es un “ángel caído”. Mientras que en el cielo habitan los monstruos y no los ángeles (“Aliens”), en el abismo bajo el mar habitan las criaturas angélicas (“El abismo”): toda una inversión del sentido simbólico. El sueño de la protagonista de “Aliens”, cuando un monstruo sale de su vientre, es descripto por Ángel Faretta como una “Anunciación”, y de hecho la concepción de estos monstruos dentro de los seres humanos es de algún modo “inmaculada”.

La mujer de “Aliens” vence al monstruo, pero por sus solas fuerzas y con la ayuda de la tecnología obra del hombre. Nuevamente: Dios aquí no tiene nada que hacer.

TITANIC:

Acá nuevamente funciona a las mil maravillas la sustitución de la simbología católica por una celebración e infatuación del hombre en desmedro de la figura de Nuestro Señor Jesucristo. El personaje principal, llamado Jack (es decir, Juancito. John, Juan, era el líder de “Terminator” y Jack se llama el protagonista hombre-monstruo de “Avatar”. Es el nombre más común en inglés y aparece en numerosas expresiones: por ejemplo: Jack of all trades, master of none, que se refiere a la persona que sabe un poco de todo pero ninguna cosa bien) dice de sí mismo que es “el rey del mundo” .

Dice Faretta, defensor a ultranza de este director: “El Rey del Mundo menta en la tradición esotérica a una figura enviada por la divinidad que actúa de Revelador y Salvador. A esta forma, avatar o modo del Rey del Mundo se la conoce en Occidente como el Preste Juan, un mistagogo encargado de salvar a la parte femenina de la humanidad, cíclicamente emblematizada como una Rosa” (“Para abordar el Titanic”, http://www.djaen.com).

Precisamente la protagonista de “Titanic”, que se llama Rose, es convertida en y tratada como prostituta “vestida de púrpura” por su madre y una clase que la entrega a un malvado –el demonio en la economía simbólica del film. Presa de la desesperación, esta mujer es encontrada en la popa del barco, sola, en la parte más distante y más alta con respecto al abismo del mar, por Jack el “Salvador”.

Es rescatada y “salvada de todas las maneras posibles” como dirá después ella, a la manera en que Cristo salvó a María Magdalena. Cuando el barco se parte en dos, él la rescata llevándola a la parte más alta del mismo. Recuérdese que el nombre Magdalena quiere decir “La que vive sola en el torreón”. Ahora bien, Cameron hace que este nuevo “Salvador” y “Rey del Mundo” se acueste con la mujer que “rescata”, con lo que vemos que, a través de esta indisputable construcción simbólica se sugiere o se coincide con aquella infamia tantas veces propalada por los gnósticos y masones (últimamente a través de “El Código da Vinci”) de un supuesto secreto no revelado por la Iglesia el cual consistiría en que Jesucristo se habría casado con María Magdalena y tenido descendencia, etc.

Se niega de esta forma la divinidad de Nuestro Señor y se afrenta a la Iglesia y su enseñanza (cosa que Cameron realizó más explícitamente en el referido pseudo-documental televisivo). Cameron, además, degrada uno de los motivos más felices y propios de la narrativa occidental, cual es el del Rescate: “Cristo se dio el lujo –nos dice el Padre Castellani- de salvar a una mujer, que es la hazaña por antonomasia del caballero; no sólo salvarle la vida, como San Jorge o Sir Galahad, sino restablecerla en su honor y restituirla perdonada y honrada a su casa –con un nuevo honor que solamente Él pudiera dar. En la caballería occidental, los dos hechos esenciales del caballero son combatir hasta la muerte por la justicia y salvar a una mujer-

“defender a las mujeres

y no reñir sin motivo”,

que dice Calderón –como en las cintas de “convoys”, reflejo pueril actual de una gran tradición perdida. Cristo hizo los dos; y siendo Él lo más alto que existe, su “dama” tuvo que ser lo más bajo que existe; porque sólo Dios puede levantar lo más bajo hasta la mayor altura; que es Él mismo.

Cristo ejerció la más alta caballería. Los románticos del siglo pasado y los delicuescentes del nuestro tienen una devoción morbosa por la Magdalena; pero no precisamente por la Penitente, que el Tintoretto pintó con toda la gama de los gualdas en su hórrida cueva de solitaria, sino por la otra, por la mujer “perdida”, por la “traviata” o la “dama de las camelias”; de la cual han hecho un tema literario bastante estúpido. Hasta nuestro Lugones se ensució con ese tema –que a veces llega a lo blasfemo- en una de sus “Filosofículas”. Pero todos estos filibusteros o fili-embusteros, de la Magdalena no saben mucho, de la caballería menos, y del amor a Cristo absolutamente nada. “¡Cristo se enamoró de una mujer!”-dicen muy contentos- “¡Qué humano!” Sí, Cristo se enamoró “perdidamente” de la Humanidad perdida; y la vio como en cifra en una pobre mujer –sobre la cual vertió regiamente todas sus riquezas”. (El Evangelio de Jesucristo, Breve Introducción a los Evangelios, V – Los Evangelios).

¿Hace falta decir que James Cameron es uno más –y de los más exitosos- “fili-embusteros” que menciona Castellani? Ahora bien, Cameron hace que su “Salvador” se acueste con la “mujer perdida” en el asiento trasero de un auto (algo muy yanqui, según parece) en la bodega del barco, a lo que el crítico antes citado –¡lamentablemente!- trata de justificarlo diciendo que de esa manera este “salvador” le pasa o entrega su alma a la muchacha. ¡Esto sí que es bueno! Lógicamente, cuando lo único que importa es la segunda historia que se cuenta, que se pliega a una teoría cerradamente delirante, entonces deja de interesar la primera historia, en cuanto que sólo está en función de la segunda, la historia oculta o “esotérica”.

Creen los gnósticos que “del Abismo de la divinidad aparecen eones o emanaciones, el pensamiento, Ennoia, la Inteligencia, el Nous, el Hombre primordial. La divinidad es así concebida como una Plenitud de virtualidades, un Pleroma de potencias o de eones” (P. Meinvielle, Esencia del gnosticismo cristiano-De la Cábala al Progresismo), y esta transfiguración del hombre opera para ellos entre otras formas, a través del sexo. Por lo cual se tira por la borda no sólo la teología cristiana sino la moral y, finalmente, el sentido común.

Cuando Faretta habla de la autoconciencia, lo hace a manera de justificación o coartada para una individual y muy propia forma espiritual o religiosa al margen de la religión tradicional católica y sus exigencias, hablando no ya en un sentido propiamente estético o formal, sino en un sentido místico-panteísta: “Por eso cuando en nuestra teoría hablamos de autoconciencia, empleamos el término en el sentido de aquello que el hombre, en su conciencia escindida por su separación de lo divino, puede alcanzar y vislumbrar, mediante lo estético o el entendimiento estético, del Espíritu Absoluto. Pero negamos radicalmente que el hombre pueda ser, o lograr ser, ese mismo espíritu. Sólo alcanza a rozarlo, a intuirlo, a través de la autoconciencia tal cual como la hemos definido.

De esta manera, la autoconciencia sería una forma o emanación de la Gracia, que se da traducida (o escindida) y revelada en términos estéticos”. (El concepto del cine, Ed. Djaen, 2005).

No se habla allí del Espíritu Santo, sino de un “Espíritu Absoluto” que vaya uno a saber cuál es; ni tampoco se dice que Dios Uno y Trino nos hace partícipes de su Espíritu y nos da su gracia en orden a un fin, en orden a la consecución de la vida eterna mediante nuestra santificación:”La gracia actual consiste en un auxilio sobrenatural y transitorio que ilumina la inteligencia y fortalece la voluntad para realizar actos sobrenaturales” (R. P. Garrigou-Lagrange, “La providencia y la confianza en Dios”).

Desde luego, Faretta no lee la realidad y el cine a la luz de las Sagradas Escrituras y la doctrina católica –de la Verdad revelada y transmitida por el Magisterio de la Iglesia, sino a la “luz” de su teoría muy heterodoxa. Todos podemos caer y tomar los desvíos que conducen al motel Bates (o, como Kurtz, al corazón de las tinieblas), y si tal sucede todos los delirios son posibles, todas las asociaciones pueden esperarse; puede justificarse todo porque se toman por “maestros” y “teólogos” a quienes ni siquiera tienen el Catecismo de la viejecita o el niño que van a misa los domingos, por no hablar de su moral.

Hacemos hincapié en ello por los peligros que acarrea una cosmovisión errónea, apoyada por obras monumentales como las de Cameron. Algunos periodistas llaman a éste “un visionario”. Ahora este pseudo-profeta vuelve a impartirnos lecciones de moral y una visión del futuro en la que, según él, ofrece un “mensaje ecológico”, sin el regreso de un Cristo en el que no cree y con la supuesta salvación en manos del hombre, únicamente del hombre –o del monstruo- renegado de Dios. Tengamos presente quién es nuestro enemigo.