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El día que fue liberado después de 13 años de prisión, “mi hermano llamó a la puerta. Mi madre lo vio y se puso muy contenta. Mi padre no podía hablar”.

Tien Therese, una de los siete hermanos del cardenal vietnamita Francois-Xavier Van Thuan, que se encuentra actualmente en proceso de beatificación, ha compartido para la agencia Rome Reports experiencias y rasgos personales de este héroe del catolicismo en su país.

Una de las características que Tien Therese recuerda más vivamente de la personalidad de su hermano Francois-Xavier es su actitud positiva y benevolente hacia los demás. “Nunca lo vi enfadado con la familia, tampoco cuando hacíamos cosas equivocadas o criticábamos. Siempre buscaba el modo de hacernos ver las cosas de un modo positivo, para que fuésemos positivos con la gente”.

Según el testimonio de su hermana, el purpurado era un amante de la naturaleza. Cuando fue nombrado cardenal, se llevó unos bonsais al Pontificio Consejo de Justicia y Paz. Su otro gran hobby era la cocina. Su especialidad era la verdura y el pescado.

“Le encantaba cocinar. A veces, cuando tenía tiempo, le gustaba cocinar para mi madre. Cocinaba cosas sencillas. También cocinaba para los seminaristas. Otras veces invitaba a gente a comer a casa”, recuerda Tien Therese. .

Sin embargo aquellos años felices terminaron cuando monseñor Van Thuan fue arrestado por el Vietcong meses después de ser nombrado obispo coadjutor de Saigón.

Su familia tuvo que escapar del país y Tien Therese se trasladó con algunos de ellos a Australia. Durante los 13 años que su hermano estuvo encarcelado, de los que nueve fueron en régimen de aislamiento, apenas tuvieron noticias de él.

“De vez en cuando, algunas organizaciones caritativas como Cáritas iban a Vietnam y les dábamos medicinas, comida, para que se las llevasen a mi hermano. Ellos preguntaban si todavía estaba vivo, porque a ellos les permitían hablar con él”, señala.

Cada vez que recibían noticias sobre él, su madre reunía a toda la familia para rezar el rosario y agradecer a Dios que su hijo estuviera bien.

El 21 de noviembre de 1988 llegó el esperado día de su liberación. Francois-Xavier llamó a una de sus hermanas para contarle la noticia.

“Mi hermana dijo a mis padres: hoy el obispo vendrá a casa a visitaros, y mis padres se vistieron elegantes. Cuando mi hermano llamó a la puerta, mi madre lo vio y se puso muy contenta. Mi padre no podía hablar”, concluye.