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Emili J. Blasco/ABC

La vallisoletana ejerce un poderoso influjo sobre el viceprimer ministro británico, quien acepta encantado tanto la educación católica de sus hijos como las croquetas de su suegra.

Cherie Blair convirtió a su marido al catolicismo y diríase que la vallisoletana Miriam González está en camino de hacer lo propio con el suyo. Como ocurriera con Tony Blair, Nick Clegg está yendo a misa todos los domingos con su mujer y los niños, a pesar de no ser católico, ni siquiera creyente. El viceprimer ministro británico y líder liberal-demócrata también parece de acuerdo con su esposa en llevar a sus hijos al mismo prestigioso colegio católico donde el ex líder laborista escolarizó a los suyos, aunque ello le acarree una idéntica controversia política.

Los Clegg son celosos a la hora de mantener su vida familiar lejos de los tabloides británicos, a los que su relación completamente normal -un matrimonio sin estridencias, una familia muy hogareña- en absoluto ofrece carnaza. Pero hace un mes el diario conservador «Mail on Sunday», con una tirada de casi dos millones de ejemplares, tituló en portada, con grandes letras: «Hipocresía». Desvelaba en sus páginas interiores que Nick Clegg y su mujer habían visitado la London Oratory School donde barajaban matricular dentro de dos años al mayor de sus tres hijos, Antonio, de 8 años.

La London Oratory es una «faith school», un colegio confesional financiado con fondos del Estado (algo parecido a lo que en España sería un centro concertado de ideario católico), cuya modalidad está cuestionada por los liberales del partido de Nicholas Clegg.

Este acudió a las últimas elecciones con un programa en el que se recrimina a las «faith schools» que seleccionen a sus alumnos por su religión. La London Oratory School no exige que los dos padres sean católicos, pero pide referencias a los párrocos sobre la práctica religiosa de la familia, lo que determina la aceptación del solicitante. La prensa decía no criticar que Míriam diera una educación católica a sus hijos, sino que su marido acepte una modalidad de escuela que como líder político quiere negar a los demás.

Este episodio, en cualquier caso, ha puesto de manifiesto la gran influencia de la de Olmedo en el seno familiar. «Creo que ella es la fuerza motriz», ha dicho David McFadden, el director de la London Oratory School, que recibió a la pareja en la visita al colegio. «Nick y Miriam nunca han tratado de esconder el hecho de que sus hijos están siendo educados como católicos», indicó un portavoz del viceprimer ministro.

Pero la educación es un aspecto de la fuerte influencia de Miriam, pero no el único. «Nuestro matrimonio es muy fuerte y privado», confesó recientemente Clegg en la radio de la BBC, en el marco de una entrevista muy personal. «Hemos tenido tres niños y ella trabaja a tiempo completo como abogada, así que estoy acumulando una gran deuda hacia Miriam por la mucha paciencia que está demostrando hacia mí». «Teníamos el trato de que uno de nosotros les llevara al colegio [a los niños] y el otro los metiera en la cama. Pero ahora todo descansa sobre los hombros de Miriam; yo he fallado completamente. Haces malabarismos y te sientes culpable. Le debo tanto… pero ella tiene un modo muy inteligente de mirar las cosas».

En medio de esas confidencias, el líder liberal-demócrata desde 2007 relató las noches pasadas en los hospitales por alguna enfermedad de los niños y su preocupación cuando Miriam tuvo que ingresar en la UCI tras dar a luz al segundo de sus hijos, Alberto, que hoy tiene 7 años (Miguel nació el año pasado). «Creo que Miriam es una de las personas más auténticas y verdaderas que jamás me he encontrado. No estoy seguro de que sea consciente de ese don, pero es algo fantástico».

Parte de esa autenticidad, se supone, es la polémica que la española mantuvo con «el diario The Times» a raíz del Mundial de fútbol y de la atención prestada a la relación entre el portero Íker Casillas y la periodista Carbonero. Miriam, que en la final contra Holanda logró que su esposo (su madre es holandesa y él habla ese idioma) también se alegrara con el resultado, envió como protesta a «The Times» una tortilla de patatas. «Mi madre ha hecho su tortilla para el director, así que llega con todo el amor de mi familia. A mis hijos les encanta la tortilla y a Nick también», escribió en la dedicatoria. No es el único plato español que Clegg adora, también están las croquetas, las empanadillas…

La devoción hacia su mujer, con la que se casó en 2000 tras conocerse en un posgrado en Brujas, es evidente en los frecuentes viajes a Olmedo. Clegg ha visto allí la fe de los González-Durántez y está dispuesto a apoyar su práctica en la familia. Por ejemplo, celebrando con ilusión la primera comunión de Antonio, en la parroquia de la Virgen de la Piedad y San Simón Stock, en el barrio londinense de Putney donde viven. Clegg, como Miriam, se emocionó en el encuentro personal que la pareja mantuvo con Benedicto XVI durante la visita de éste a Gran Bretaña en septiembre, cuando el Papa les entregó sendos rosarios. Su Santidad fue deferente con Clegg varias veces al detenerse a hablar unas palabras con él más tiempo que con otras autoridades en cola. Quizás es que hablaban en alemán…