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Son las 20 horas y 15 minutos del 5 de noviembre de 1943. En plena II Guerra Mundial, un avión sobrevuela el Estado neutral Ciudad del Vaticano. En ese momento, ese mismo avión lanza cinco bombas sobre el Estado más pequeño del mundo, causando graves destrozos en el tanque de agua cerca de la estación ferroviaria, las oficinas del Governatorado y el taller del mosaico del Vaticano.

La prensa internacional no habló de otra cosa durante casi una semana con elucubraciones sobre quién las había lanzado. Siete días después de las explosiones, Pío XII les pidió silencio para evitar que aumentara el odio.

Hace tres años, en los mercados de antigüedades de Verona, Augusto Ferrara compró un sobre con fotografías y documentos de ese momento histórico hasta ahora silenciado.