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FERTILIZACIÓN IN VITRO: ¿QUÉ ES MÁS INHUMANO E INSENSIBLE?

Dr. Renzo Paccini.
Experto en Bioética

Se solía pensar que la fertilización in vitro (FIV) es algo bueno porque permite tener hijos a esposos que sufren esterilidad. Pero la verdad es que esta simplemente llegó y se estableció sin que medie un debate ético al respecto.

Una bebe de nueve meses, con síndrome de Down, ha venido a descubrirnos que estamos ante un lobo con piel de cordero: tras el disfraz de la “compasión por quien no puede tener hijos”, en el que se envuelven las clínicas que ofertan esta técnica, se esconden una cruel realidad y otros intereses.

Es inhumano e insensible negar a una pareja el derecho a tener un hijo mediante la fertilización in vitro, dicen. ¿Cuánto cuesta una FIV? ¿Quince mil dólares? No. Cuesta la vida de muchos seres humanos que, en silencio y ocultamente, mueren.

Los padres afirman que el padecimiento de Marianita “se pudo evitar con el examen genético antes de implantar el embrión [Marianita]”.

Aclaremos: dicho examen es diagnóstico, no terapéutico; es decir, no cura, solo indica presencia de enfermedad. Entonces, pensemos: ¿Cómo podría haber “evitado” el sufrimiento de la niña? No transfiriéndola al útero de la madre para que prosiga su desarrollo.

Ello significa que: o habría sido eliminada inmediatamente por las personas que realizan el procedimiento, porque no alcanzó los “estándares de calidad”; o quizá habría sido destinada (“donada”) para ser usada en investigación (lo cual significa inevitablemente su destrucción); o habría sido confinada a un congelador por tiempo indefinido.

¿Les parece a estos padres que alguna de esas alternativas es mejor para su hija?

Por lo demás, ese es procedimiento de rutina en una FIV, ese es el destino de los varios seres humanos que –sin haberles preguntado y sin que hayan dado su consentimiento libre– son puestos en la injusta carrera por llegar a nacer.

La FIV no es “unir un espermatozoide con un óvulo para obtener un embrión que se le coloca a la mujer y nace en 9 meses”. Varios de los embriones generados en el laboratorio morirán para que nazca uno y haga feliz a una pareja que cree que tiene el derecho a tener un hijo.

Porque la FIV es un experimento: su efectividad es tan baja que prácticamente es una ruleta rusa cuya posibilidad de “éxito” no supera el 35%.

¿La felicidad de esa pareja vale la vida de todos aquellos seres humanos que en estado de embrión mueren para que esta pueda ver cumplido su sueño?

Detengámonos y pensemos. ¿Qué es “inhumano e insensible”: permitirles que recurran a la FIV o negárselo? Si queremos ser justos, a la mesa de discusión deben sentarse todos los implicados, no solo la pareja que reclama el derecho a tener un hijo, sino también sus hijos, generados en un plato de vidrio en el laboratorio.

Pensemos: ¿Existe el derecho a tener un hijo? ¿Existe el derecho a “tener” un ser humano? No. Un ser humano no puede ser propiedad de otro. La historia de la humanidad enseña cuántos atropellos se pueden cometer contra la vida y dignidad humanas, usualmente de los más débiles, si aceptamos eso.

¿Se puede legislar para validar este “derecho al hijo” mediante la FIV? ¿Se puede legislar para decidir cuáles de esos seres humanos en estado embrionario se descartan, o se donan a la investigación, o a otra pareja? No.

La Constitución peruana protege al concebido siempre. La FIV es un procedimiento insalvable. Si con todo esto los peruanos reaccionamos y tomamos las medidas necesarias, entonces puede ser que –en medio de todo– la vida de Marianita cobre un nuevo sentido y nosotros progresemos como nación.

Estamos a tiempo.