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De: http://curadealdea.blogspot.com/

Esta semana pasada, he sustituido al capellán de las Hijas de la Caridad en la Misa de 7.30 de la mañana. La sacristana es una joven religiosa de 87 años. Uno de los días, mientras me ayudaba a revestirme, me contaba un retazo de su vivencia.

Cuando tenía 20 años la destinaron a un psiquiátrico. Gastó su juventud entre dementes, muchas de ellas peligrosas. En aquellos tiempos los fármacos eran escasos y todo se solventaba con camisas de fuerza y electroshock para reducir a las más agresivas y violentas. Había que tener mucha paciencia y mucha caridad para resistir alli. Mientras las limpiaban o les daban de comer, les pegaban, les arrancaban la toca, les tiraban del pelo, les escupían y vomitaban; o les excrementaban encima…

Un día un psiquiatra recién llegado, al contemplar una de esas escenas tan cotianas, le dijo: –Hermana, eso que está Ud. haciendo ¡no lo haría yo ni por medio millón de pesetas! (Ojo, de las de los años 40).

Y ella le contestó: – ¿Sabe que le digo? ¡Que yo tampoco lo haría ni por un millón!
Entonces, ¿porqué lo hace? (preguntó el bisoño doctor).
Lo hago ¡Sólo por amor a Cristo!

Y concluía su relato: Pasé allí 30 años, día tras día, haciendo todo el bien que supe a aquellas pobres dementes, que no sabían ni podían agradecer el humilde servicio que se les prestaba. Después me enviaron a misiones… Y ahora gasto aquí mis días, ¡ya no sirvo para nada! Pero el Señor aquí me quiere, me conforta pensar que allí en el Cielo muchas de aquellas “pobres locas” intercederán por mí y me abrirán las puertas con la misma fuerza con que me daban bofetones y puñetazos ¿No cree Ud?

Ya lo creo que sí. Para mí fue muy edificante la anécdota: El sacrificio que no estés dispuesto a hacer por nada del mundo ¡hazlo por amor de Cristo!