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De Aldo Giacchetti

Filósofo Universidad Católica San Pablo

Hoy se celebra el Día Internacional para la Tolerancia. La Declaración de Principios de la Unesco sobre el tema invita a “practicar la tolerancia y a convivir en paz” para preservarnos “del flagelo de la guerra” y reafirmar “la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana”. Se expresa así un anhelo que hoy se siente con particular fuerza debido al proceso global de mayor interacción cultural y a las no pocas rupturas y conflictos existentes.

Se buscaría lograr “la armonía en la diferencia” como señala la declaración. Tal armonía requiere de un criterio claro para construir la paz social. El principal problema estaría en la ambigua noción de tolerancia, a pesar de las precisiones que señala la declaración. La discusión acerca de cuáles son los límites de lo tolerable, sobre qué debe ser tolerado y qué no, evidencia el problema.

Si se entiende la tolerancia con una matriz ilustrada (Locke, Voltaire) se desliga el tema del respeto a la verdad que junto al respeto de la persona y su libertad deben ser sus fundamentos. La búsqueda de la verdad es connatural a la persona y decir que no interesa o que cada uno tiene la suya es una falta de respeto a la persona. La verdad puede expresarse de manera simple con la frase “esto es así”, no por capricho o poder, sino porque corresponde a la naturaleza de las cosas, a la realidad. Si ella se deja de lado, la tolerancia tiene una debilidad en su centro mismo y puede derivar en intolerancia.

En efecto, si se entiende como “la actitud que confiere a toda opinión y costumbre el derecho a manifestarse, siempre y cuando no se tenga la aspiración de validez universal” o algo semejante, estamos ante un relativismo que no respetará a quienes sostienen una verdad en el terreno ético y religioso, a quienes creen que hay valores permanentes. Hoy este riesgo es realidad, como se ve en diversas manifestaciones de intolerancia ante los católicos. Hace poco, el filósofo francés ateo Bernard-Henri Lévy declaró que “la religión más atacada hoy es la católica”.

La comprensión de la realidad a la que alude la noción de tolerancia es una de las más complejas de nuestro tiempo, se vincula a distintas situaciones históricas y a contextos filosóficos e ideológicos cargados de apasionamiento. Una respuesta más eficaz requiere mayor claridad conceptual, libre de ideologizaciones, capaz de articular un doble respeto: a la verdad y a la persona y su libertad.