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La Oficina de Prensa de la Santa Sede ha hecho público el siguiente comunicado, acerca de la ordenación episcopal del padre Joseph Guo Jincai realizada en Chengde, provincia de Hebei, China continental, sobre la que dice que «constituye una dolorosa herida a la comunión eclesial», «ofende al Santo Padre, a la Iglesia en China y a la Iglesia universal, y complica aún más las dificultades pastorales actuales».

El padre Federico Lombardi manifestó la pasada semana que la Santa Sede estaba preocupada por las noticias provenientes de China según las cuales algunos obispos en comunión con el Papa están siendo obligados por funcionarios del Gobierno a participar en la ordenación ilícita de un obispo en Chengde el próximo 20 de noviembre.

El jesuita añadió que la ordenación se consideraría “ilícita” y “dañina” para las relaciones “constructivas” que se han desarrollado en los últimos meses entre la República Popular China y la Santa Sede. Finalmente, se llevó a cabo la ordenación como obispo del padre Joseph Guo Jincai. Este es el texto del comunicado de la Santa Sede:

“Con respecto a la ordenación episcopal del padre Joseph Guo Jincai, que tuvo lugar el pasado sábado, 20 de noviembre, se ha recopilado información sobre lo sucedido y ahora es posible precisar lo siguiente:

1. El Santo Padre recibió la noticia con profunda amargura, pues dicha ordenación episcopal fue conferida sin el mandato apostólico y, por tanto, constituye una dolorosa herida a la comunión eclesial y una grave violación de la disciplina católica (cf. Carta de Benedicto XVI a los Iglesia en China, 2007, n. 9).

2. Se sabe que, en los últimos días, varios obispos han sido sometidos a presiones y restricciones a su libertad de movimiento, con el fin de obligarlos a participar y conferir la ordenación episcopal. Estas coacciones, llevadas a cabo por las autoridades gubernativas y de seguridad chinas, constituyen una grave violación de la libertad de religión y de conciencia. La Santa Sede tiene la intención de llevar a cabo una evaluación detallada de lo que ha sucedido, teniendo en cuenta los aspectos de la validez y la posición canónica de los obispos implicados.

3. En cualquier caso, esto tiene repercusiones dolorosas, en primer lugar, sobre el reverendo Joseph Guo Jincai que, a causa de esta ordenación episcopal, se encuentra en una gravísima condición canónica frente a la Iglesia en China y la Iglesia universal, exponiéndose también a las graves sanciones previstas, en particular, por el canon 1382 del Código de Derecho Canónico.

4. Esta ordenación no sólo no contribuye al bien de los católicos de Chengde, sino que los coloca en una situación muy delicada y difícil, también desde el punto de vista canónico, y los humilla, porque las autoridades civiles chinas quieren imponerles un Pastor que no está en la plena comunión, ni con el Santo Padre, ni con los demás obispos de todo el mundo.

5. En diferentes ocasiones durante el presente año, la Santa Sede ha comunicado con claridad a las autoridades chinas su oposición a la ordenación episcopal del reverendo Joseph Guo Jincai. A pesar de ello, dichas autoridades decidieron proceder de manera unilateral, en detrimento del ambiente de respeto que se había creado con gran esfuerzo con la Santa Sede y con la Iglesia católica por medio de las ordenaciones episcopales recientes. Esta pretensión de situarse por encima de los obispos y de guiar la vida de la comunidad eclesial no corresponde a la doctrina católica, sino que ofende al Santo Padre, a la Iglesia en China y a la Iglesia universal, y complica aún más las dificultades pastorales actuales.

6. El Papa Benedicto XVI, en la citada carta de 2007, expresó la voluntad de la Santa Sede de participar en un diálogo respetuoso y constructivo con las autoridades de la República Popular China, con el fin de superar las dificultades y normalizar las relaciones (n º 4). Al reafirmar esta disponibilidad, la Santa Sede constata con pesar que las autoridades permiten a los dirigentes de la Asociación Patriótica Católica China, bajo la influencia del Sr. Liu Bainian, adoptar actitudes que dañan gravemente a la Iglesia Católica y obstaculizan dicho diálogo.

7. Los católicos de todo el mundo están siguiendo con especial atención el problemático camino de la Iglesia en China: la solidaridad espiritual, con la que acompañan las vicisitudes de sus hermanos y hermanas chinos se convierte en una ferviente oración al Señor de la historia, para que esté cerca de ellos, aumente su esperanza y fortaleza y les otorgue el consuelo en los momentos de prueba”.