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Por: Monseñor Kay Schmalhausen S V C, Obispo de Ayaviri
De: http://elcomercio.pe

La última semana, algunos medios de comunicación poco informados y otros quizá malintencionados tergiversaron las palabras del Santo Padre con relación al uso del preservativo.

Abundando en traducciones de mala calidad (“traductor traidor” dice el dicho) y sin esperar prudentemente la publicación del libro-entrevista “Luz del mundo”, dio vueltas al orbe la noticia de una supuesta liberalización del uso del condón por parte de la mayor autoridad de la Iglesia Católica. Se escucharon congratulaciones de diversas personalidades del mundo secular, incluso de algún eclesiástico ingenuo, sin reparar en la trampa ni poner mayor cuidado en verificar la fiabilidad de sus fuentes.

Pero todo no fue más que un montaje mediático de penoso final acaso con la intención de confundir a la audiencia. La verdad es que la enseñanza de la Iglesia no ha cambiado en nada. Esta consiste fundamental y simplemente en que el preservativo no resuelve el problema de fondo, sino que agudiza la banalización de la sexualidad, deshumanizándola y deshumanizando a los involucrados.

Para hacer justicia al Santo Padre, aquí las palabras traducidas del original alemán, idioma en que se llevó a cabo la entrevista:

“La sola fijación en el condón significa la banalización de la sexualidad, y es justamente la fuente peligrosa por la que los seres humanos no encuentren ya en la sexualidad la expresión de su amor, sino solamente una especie de droga, que se suministran a sí mismos. Por ello, la lucha contra la banalización de la sexualidad es también una parte de ese esfuerzo, para que la sexualidad sea valorada más positivamente y pueda desplegarse en su expresión más positiva en la totalidad del ser humano. Yo diría que cuando un prostituto hace uso del condón, esto puede ser un primer acto hacia una moralización, un primer pedazo (una primera parte) de responsabilidad, para desarrollar nuevamente una conciencia en orden a reconocer que no todo está permitido y que no se puede hacer todo aquello que se desea. Pero no es esta la forma propia de hacer frente al mal. Esta debe encontrarse ciertamente en la humanización de la sexualidad”.

Finalmente, vale la aclaración de que las palabras del Papa con referencia al “prostituido” (según la traducción más precisa del original) y el uso del preservativo no hacen sino confirmar lo siempre enseñado: que no se trata de un acto moral que se justifica, sino de un primer esfuerzo orientado a la moralización de la conciencia del sujeto; pero no es más que eso. En efecto, como se lee punto seguido: “No es esta la forma de hacer frente al mal. Esta debe encontrarse ciertamente en la humanización de la sexualidad”.