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Polémica. La cobertura mediática de las declaraciones del Papa Benedicto XVI sobre el condón ha dejado al público en general, incluyendo a los católicos, algo confundidos.

Por: Alejandro Bermúdez
Director de ACI PRENSA
http://elcomercio.pe

Todo parte del párrafo que el Papa dedica al condón en el libro entrevista de Peter Seewald, “La Luz del Mundo”. Allí, Benedicto explica que la doctrina de la Iglesia sigue siendo la misma, y esa misma doctrina permite que el condón sea moralmente aceptable en ocasiones. Si suena contradictorio, no es porque el Papa esté introduciendo alguna novedad, sino por la desinformación producida por la “trampa del condón”, que consiste en haberlo endiosado como ‘solución’ al sida. Por esta trampa, la Iglesia es arrinconada constantemente para sacarle, a punta de pistola mediática, un ‘sí’ al condón. Su ‘no’ ha bastado para definirla como enemiga de la prevención.

En el libro de Seewald el Papa mantiene el ‘no’ de la Iglesia porque el preservativo, como método artificial de control natal, desnaturaliza el acto sexual que debe estar abierto a la vida. En un mundo de sexo recreativo, esta doctrina es chocante, pero la Iglesia la mantiene porque es consistente con toda su enseñanza.

La polémica acabaría allí si no fuera porque en 1980 surgió la primera enfermedad de transmisión sexual absolutamente letal y sin cura –el sida–, levantando dudas sobre la bondad de la revolución sexual de los 60. Con una industria adicta al sexo, el cambio de hábitos era inaceptable. Así, mientras se buscaba una cura, había que encontrar una ‘solución’: elevar el preservativo –un método de control natal de tercera– al rango de ‘sexo seguro’.

Organismos internacionales enteros saltaron al barco ‘salvador’ del látex. En la orilla quedó la Iglesia advirtiendo: no sirve. Desde entonces, la Iglesia ha sido acusada de resistirse a aceptar el condón, supuestamente por su obstinada doctrina sobre los contraceptivos.Pero esa no es la razón principal por la que la Iglesia se opone a ‘bendecir’ el condón. Es porque cree que sin un cambio de cultura, el sida no solamente no se acabará, sino que empeorará.

Y aquí la Iglesia no está con los activistas, pero sí con la ciencia. El 2009, el Departamento de Salud de EE.UU. publicó el resultado de un panel científico que concluía que el condón usado correcta y consistentemente en relaciones heterosexuales tiene un fallo del 15% en el caso del sida. Ninguna droga que permite la muerte de 15 de cada 100 personas recibiría la calificación de segura. Pero el condón no es cualquier producto… es el que permite cerrar los ojos a los efectos de la cultura sexual. ¿Y qué pasa cuando se le distribuye como medio de prevención en el Tercer Mundo? “Teóricamente, el condón debería funcionar… pero cualquiera que ha trabajado en planificación familiar sabe que si necesitas prevenir un embarazo, simplemente no recomiendas el condón”.

¿Palabras del Papa? No, es el juicio del profesor Edward Green, experto en prevención del sida de la Universidad de Harvard, autor de cinco libros sobre el tema y con 25 años de experiencia promoviendo preservativos en África. Según Green, el fracaso del condón se debe a un factor humano: la compensación del riesgo; que consiste en que el usuario, convencido de que el condón reduce el riesgo, incrementa la conducta riesgosa… y su exposición al virus. Ese es el mismo concepto por el que Benedicto XVI fue crucificado mediáticamente el 2009 durante su viaje al África.

En el nuevo libro, el Papa aborda un principio de doctrina menos conocido: si el preservativo es usado en un caso que está fuera de la moral de la Iglesia –pone el ejemplo de un prostituto homosexual– este uso puede indicar –suponiendo que el individuo tiene sida y no quiere transmitirlo– un despertar de la conciencia moral. El Papa dice que el despertar un primer paso indica que no es indiferente al mal y la esperanza de la Iglesia es que ese paso lleve a otros que saquen definitivamente a la persona del mal moral.

Un ejemplo ilustra el principio: un ladrón no desea matar a sus víctimas, para lo cual no le pone balas a su pistola. La moral católica reconoce la validez moral de esta decisión; pero solamente en cuanto revela un primer paso en camino al bien definitivo: que deje de asaltar. Decir que “la Iglesia permite el preservativo en ciertos casos” es tan engañoso como decir que “la Iglesia permite usar pistolas para robos en ciertos casos”.

El pasaje del libro de Seewald, en realidad, tiene poco que ver con el preservativo y mucho con la compasión cristiana. El Papa ha querido indicar que la doctrina de la Iglesia –incluyendo su enseñanza sobre los preservativos– gira en torno a la compasión, no a la condena; gira en torno a la esperanza de que el hijo pródigo vuelva a casa. Y confía que esto pueda ser comprendido incluso por quienes han caído en la trampa del condón.