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Por Luis Fernando Pérez Bustamante
De Infocatolica.com

Yo no sé si la Congregación para la Doctrina de la Fe ha retirado alguna vez el nihil obstat concedido por un obispo a un libro. Es posible que sí, pero no me viene ninguno a la memoria. Y desde luego, menos recuerdo que una medida tan contundente se haya aplicado a un obispo y un libro de este país. Pero así ha ocurrido con Monseñor Uriarte y la versión corregida del “Jesús. Aproximación histórica” de José Antonio Pagola.

Desde que la primera versión de dicho libro salió a la venta, varios obispos españoles vieron en el mismo un peligro para la fe de los fieles. Uno de ellos, Mons. Demetrio Fernández, decidió publicar una carta pastoral advirtiendo de que el Jesús de Pagola no es el Jesús de la fe de la Iglesia“.

Posteriormente, la Comisión Para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española hizo pública una nota en la que la obra del teólogo vasco no quedaba precisamente bien parada. Creo que merece la pena volver a leer dicha nota para comprender la gravedad del caso.

Si en ese momento Pagola hubiera aceptado la retirada del libro, la polémica no habría ido más allá. Pero no. Decidió seguir adelante y, cuando ya habían salido ocho ediciones en español, recurrió a modificar un poco las expresiones más comprometedoras para “librarse” del juicio doctrinal recibido hasta entonces.

Y además contó con el decisivo apoyo de Mons. Uriarte, quien en su última etapa como obispo de San Sebastián, no parecía dispuesto a que uno de los teólogos de más renombre de su diócesis quedara mal parado y concedió el nihil obstat a la obra.

El problema es que, como bien advirtió Mons. Sebastián a Mons. Uriarte, las correcciones al libro no eran suficientes como para hacerlo conforme a la fe católica. De hecho, como me contó don Fernando, era muy complicado convertir en católico algo que por su propia metodología y presupuestos era contrario a aspectos esenciales de la doctrina católica. En otras palabras, el libro no tenía arreglo posible.

Si el por entonces obispo de San Sebastián hubiera hecho caso a una de las mentes teológicas más privilegiadas de la Iglesia en España y si hubiera atendido a las indicaciones que tanto desde España como desde Roma se le hicieron, hoy no tendría que pasar por la amargura de ver retirado su nihil obstat por el dicasterio responsable de velar por la verdad católica. Como dije en su día, el caso Pagola se convirtió en el caso Uriarte. Ya da igual. El mal está hecho.

A todo esto se une la circunstancia de que el cardenal Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, ha recomendado, en un artículo publicado en la prensa italiana, la lectura del libro de Pagola en italiano. Sinceramente no sé si se trata de la primera versión o de la corregida que contaba con el nihil obstat de Mons. Uriarte. De hecho, dudo que el cardenal italiano supiera lo ocurrido con la obra en España.

En todo caso es obvio que el Consejo Pontificio de la Cultura no tiene como misión velar por la doctrina católica, ni ve comprometida su autoridad por las palabras de su Presidente, escritas en tres líneas de un artículo suyo personal. El dicasterio presidido por el Cardenal Levada sí tiene esa autoridad y esa misión. De hecho, será la Congregación para la Doctrina de la Fe la encargada de juzgar, si es menester, la validez doctrinal del “Jesús” de Pagola. De momento, lo que sí ha sido menester es la retirada del nihil obstat. Para todos los que seguimos este tema desde el principio, ese hecho tiene una importancia decisiva.

Esta mañana me encontré con el editorial de José Manuel Vidal, director de Religión Digital, en el que aprovechando el artículo del cardenal Ravasi, se lanzó en tromba contra tirios y troyanos. No dejaba títere con cabeza. He aquí sus palabras:

“¿Qué va a hacer, ahora, el actual obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, que difundió en la página web de la diócesis de Tarazona, de la que entonces era titular, un informe, en el que desacreditaba por completo la obra y la teología de Pagola, a la que llegaba a acusar de herejías? ¿Qué va hacer, ahora, el secretario técnico de la comisión episopal para la Doctrina de la Fe y obispable, José Rico Pavés, que firmaba dicho estudio?

¿Qué va hacer, ahora, Martínez Camino, con las presiones que ejerció contra PPC y su matriz SM, obligándo a la editorial de los marianistas a no volver a imprimir el libro de Pagola?

¿Quién va a reivindicar, ahora, la figura del anterior obispo de San Sebastián, monseñor Uriarte, que dio siempe la cara por su teólogo y, más aún, colocó su nihil obstat en el libro?

¿Qué van a hacer los “talibanes” que quemaron en la hoguera de sus insultos primero al libro, a Pagola, a la editorial PPC y a SM, Euskadi, teología y hasta a monseñor Setién por extensión? ¿Quién les va a resarcir por los daños causados? Daños y perjuicios económicos, pero sobre todo morales”.

Vidal iba más allá y pedía la retirada de la escena pública de aquellos que osaron, en cumplimiento de su deber pastoral, plantear objeciones doctrinales a un libro que, evidentemente, choca con la fe de la Iglesia:

Demetrio Fernández, José Rico Pavés y Juan Antonio Martinez Camino deberían salir a la palestra pública y pedir perdón humildemente, reconocer su error, rehabilitar el honor pisoteado del teólogo y de monseñor Uriarte, resarcir a la editorial y…retirarse, los tres en comandita, a un monasterio a rezar. Con saco y sayal durante una larga temporada. O quedarse allí.

La pregunta ahora no es qué van a hacer esos obispos o qué vamos a hacer los “talibanes”. La pregunta, estimado José Manuel, es qué vas a hacer tú y los tuyos ante la decisión de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Si me admitís un consejo, dejadlo estar. Esperad a que la Iglesia haga su trabajo en relación a esa obra. Dudo que esta sea la última decisión que tome el Magisterio sobre la misma. No enredéis más. No le interesa a Pagola. Y menos aún al obispo que le dio un placet que hoy sabemos que no fue correcto.

Por mi parte, doy gracias al Señor de que la Iglesia, aunque sea a un ritmo que a muchos nos angustia, haga lo que tiene que hacer. Aquello que San Judas escribió en su epístola: “…he sentido la necesidad de hacerlo, exhortándoos a combatir por la fe, que, una vez para siempre, ha sido dada a los santos” (Judas 3)