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Por: César Sarria Gomí

Los símbolos navideños saturan la ciudad en estos días; sin embargo, la imagen y el nombre de Jesús pasan prácticamente desapercibidos, ¿por qué?

Estamos viviendo una etapa de secularización; es decir, la desaparición de los elementos sagrados que nos remiten a Dios y, en su reemplazo, aparecen otros que nos remiten a nosotros mismos. Es por esto que, actualmente, el aspecto comercial, superficial, se prioriza sobre la esencia de la Navidad que es el nacimiento de Jesús.

Es difícil imaginar la Navidad sin compras ni regalos.

Cada cosa tiene su espacio en Navidad. No se trata de eliminar los regalos, la cena, el pavo, las luces y el panetón. Estos elementos son lindos y muy especiales, aunque complementarios. Deben ser herramientas que nos ayuden a expresar el espíritu navideño. Pero sin perder la perspectiva real de que Navidad es Jesús. Debemos interiorizar ese mensaje en nuestras mentes y en nuestros corazones. Todo el brillo y la luminosidad de la ciudad deben remitirnos a esta realidad esperanzadora y que da sentido a nuestras vidas.

¿Qué responsabilidad tiene la Iglesia en este proceso de secularización?

Es complejo. Este es un proceso de responsabilidad compartida entre la Iglesia y la sociedad. A la Iglesia lo que le toca es anunciar a Jesús de manera ardorosa, sabia, comprometida, coherente y testimonial. Puede ser que falte un mayor trabajo en algunos ámbitos; sin embargo, la Iglesia nunca pierde el horizonte de lo que tiene que hacer. Hay un punto de partida: todo ser humano tiene hambre de Dios y la navideña es una época muy especial para ayudar a las personas a descubrir cuáles son sus anhelos.

¿Cuál es el verdadero sentido de la Navidad?

Hay que comprender el mensaje especial de la Navidad. Dios todopoderoso se hace pequeñito y nace en un pesebre, indefenso, frágil y pobre. Las más grande demostración de humildad. Cada vez que sentimos que las cosas no salen como deseamos, que no tendremos una Navidad perfecta, debemos pensar esto: Jesús no tuvo un nacimiento perfecto, sin embargo, llegó y nos dio una lección de amor. El gran reto de la Navidad es poder sintonizar el oído del corazón para escuchar y valorar la música de Dios.

¿Qué debemos hacer los católicos para celebrar la Navidad en toda su dimensión?

Es vital ir a lo profundo. Es la gran insistencia que tenemos en las parroquias, en las comunidades, en los colegios. Debemos celebrar los cuatro domingos de Adviento, colocar la corona, prepararnos para la llegada de Jesús. Debemos armar un nacimiento, rezar en la Noche Santa, ir a misa, confesarnos y comulgar. Son actividades que nos permiten entrar en la verdadera experiencia de la Navidad.

En estas fechas, se incrementan los casos de depresión e intentos de suicidio, cuando la idea de la Navidad es hacer sentir todo lo contrario.

Si la Navidad es simplemente una fecha de alegría momentánea creada por el ser humano para reunirse en familia, dar y recibir regalos o cenar rico y mucho, quien, por alguna razón, no tiene la oportunidad de realizar estas actividades se sentirá frustrado, triste, deprimido. Por eso es importante comprender que la Navidad es para todos y trasciende las cosas superficiales. En Navidad, Dios se hace hombre para todos sin excepción.

¿Cuáles son los sentimientos que más afloran durante las fiestas navideñas?

La nostalgia de Dios. Por eso en la Navidad se opera un acercamiento entre Él y los hombres. Sin embargo, también se incrementa el deseo de amar, de perdonar y de ser solidarios. Me llama la atención cómo en esta época no pocas familias llevan a cabo campañas solidarias. Este es un gesto de amor, de calidad humana, de sensibilización.

Lamentablemente esto suele ocurrir solo en Navidad. El resto del año los peruanos somos más bien egoístas e indiferentes. ¿Se pueden trasladar estos sentimientos navideños a otros momentos del año?

La Navidad debe ser un punto de partida que marque nuestros corazones y nos mueva a ser mejores personas el resto del tiempo. Debemos darnos cuenta de que somos hijos de Dios y que, por tanto, nuestros egoísmos, mentiras y mezquindades no son parte de nosotros. Podemos cambiar porque heredamos una dignidad infinita.

Pienso que los peruanos tenemos un corazón muy grande, una gran capacidad de entrar en el misterio de Dios de manera muy profunda y unos valores muy ricos. En Navidad debemos realizar un alto en el camino para mirar al Niño Jesús que llegó al mundo, dependiente y frágil, para que lo acojamos. Si lo recibimos, podemos hacer del nuestro un gran país.

Este es un elemento simbólico interesante. Estoy seguro de que los niños de Huaycán, Manchay o alguna otra zona pobre del país perciben la Navidad más que como una celebración, como una confirmación de que existen diferencias irreconciliables. Un mensaje totalmente inverso al que busca la Iglesia.

Es cierto y volvemos al punto del que hablábamos al principio, la secularización. Si la Navidad es secularizada, es verdad, se queda sin mensaje. Pero si la Navidad es la celebración del nacimiento de Dios, reconcilia, no divide. Cuando hacemos campañas navideñas, en las que visitamos a familias muy pobres, no solo llevamos regalos, también compartimos otras cosas, rezamos juntos, nos sentamos en una misma mesa y establecemos una hermandad. Al rezar y comprobar que Navidad es Jesús se produce un efecto reconciliador, de comunión. El gran reto es hacer que más personas sean solidarias y contar con estructuras que lo permitan.

¿Existe alguna manera tangible de que este mensaje llegue de manera eficaz a la mayoría?

No existen fórmulas. Solo es necesario tomar una decisión personal, muy humilde y muy firme, de cambiar, de ser mejores.

UNA TRADICIÓN FAMILIAR MUY PERUANA

¿Los peruanos respetamos la tradición navideña?

Me parece que mejor que otros países. Por ejemplo, en el Perú se da mucha importancia al armado en familia del Nacimiento y la colocación de la figura del Niño Jesús, el 25 de diciembre. Esta tradición nos permite no perder de vista el sentido real de la Navidad que es la llegada del Niño Jesús.

¿La Navidad se vive más intensamente en el interior del país?

Me parece que sí. Existe una religiosidad popular muy rica en torno a la Navidad que hay que aplaudir y promover como las procesiones, las misas masivas y otras celebraciones en las que participan familias completas.

¿Por qué se dice que la Navidad es la máxima celebración familiar?

Porque en Navidad se da inicio a la Sagrada Familia. Al nacer Jesús, María y José se completan.

¿Cómo acostumbra usted celebrar la Navidad?

El 24 en la noche suelo dar la misa en los colegios San Pedro y Villa Cáritas, donde trabajo. Asisten muchas familias. Luego, me reúno con los miembros de mi congregación para cenar, rezar y celebrar.

¿Intercambian regalos?

No, somos más de 100 personas y sería un desorden. Nuestro regalo es pasarla todos juntos.

¿En qué momento ve a su familia?

El 25. Mi familia es muy grande, tengo 6 hermanos y 12 tíos, y tenemos la tradición de reunirnos todos para almorzar.