>
Una encuesta nacional muestra que la mayoría de los estadounidenses siguen teniendo interés en casarse y no consideran que el matrimonio esté superado, aunque la opinión sobre las nuevas formas de convivencia está muy dividida. Pese a todo, la mayoría de los encuestados considera que la familia es lo más importante en su vida.


Firmado por Josemaría Carabante

El estudio, realizado conjuntamente por Pew Research Center y el semanario Time, buscaba realizar una radiografía de la situación de la familia norteamericana y determinar los cambios que se han producido en los últimos decenios.En las sociedades de hoy, por unas u otras razones, el matrimonio tiende a posponerse mucho más que hace treinta años. Una de las causas que explican ese retraso está relacionada con la entrada en el mundo laboral y el logro de cierta estabilidad económica.

De hecho, el informe señala que lo que sí se ha ampliado es la brecha entre clases sociales en relación con el matrimonio, un dato preocupante según Time. Casarse sigue siendo la manera más normal de formar una familia entre personas con estudios universitarios y buenos ingresos (64%); pero esto no significa que aquellos que pertenecen a una clase socioeconómica inferior eludan el compromiso matrimonial: también desean casarse, pero retrasan su decisión hasta encontrar una situación económica más estable.

El matrimonio sigue siendo valorado

El resumen de Time habla por sí mismo: lo que puede deducirse es que el matrimonio sigue siendo una institución social importante, aunque algunos no lo consideren necesario; hoy, se afirma “ni las mujeres ni los hombres necesitan casarse para mantener relaciones sexuales, éxito profesional, respeto ni incluso para tener hijos, pero el matrimonio sigue siendo venerado y deseado”.

Esto explica que en cuanto a la importancia que se da al matrimonio, la situación no haya cambiado significativamente desde 1978. El 59% de los encuestados no cree que el matrimonio sea una institución obsoleta, frente a un 39% que sí lo considera anticuado (en 1978, este último porcentaje se situaba en el 28%).

Los niños necesitan a su padre y a su madre

Por otro lado, el 69% considera negativo para la sociedad el fenómeno de las madres no casadas, cuyo número ha aumentado de forma considerable en los últimos cincuenta años: del 5% en 1960 al 41% en 2008. Además, no afecta a todos por igual. Hay diferencias importantes entre la población negra (de las mujeres de color que dieron a luz, el 72% eran solteras), la hispana (el 53%) y blanca (con un porcentaje del 29%).

Pero ¿cuál es la opinión pública en torno a estos fenómenos? El 61% de los encuestados mantienen que un niño, para ser feliz, necesita de la figura de su padre y de su madre. Y, como se ha puesto de manifiesto en otras investigaciones (ver Aceprensa, 22-01-2010), no es lo mismo nacer en un hogar estable que no.

Una investigación titulada Fragile Families and Child Wellbeing Study, realizada conjuntamente por las universidades de Princeton y Columbia, que ha hecho el seguimiento de 5.000 hijos extramatrimoniales desde su nacimiento hasta los nueve años, indica que en su mayoría han nacido en el seno de una pareja. Pero a la vez resulta que al cabo de los cinco años contemplados en el estudio, sólo el 16% de las parejas se habían casado y sólo el 20% seguían cohabitando.

Es un hecho que la separación y el comienzo de nuevas relaciones entre los progenitores aleja a los niños de sus padres biológicos. Según Andrew Cherlin, sociólogo y autor del libro The Marriage-Go-Round: The State of Marriage and the Family in America Today, el 21% de estos niños ve de media dos compañeros sentimentales de su madre hasta los 15 años y el 8%, tres o más.

En cuanto a que las parejas homosexuales puedan adoptar hijos es algo que el 43% ve mal y el 41% bien. El 51% de los encuestados afirma que los niños criados en estas parejas tendrán más dificultades en la vida que el resto de los niños. En cambio, no es tan alta la proporción de quienes piensan lo mismo con respecto a los hijos de familias monoparentales o de divorciados.

Crece la cohabitación

El 43% señala que la cohabitación sin matrimonio es un fenómeno negativo, frente al 46% que lo considera como algo positivo –aunque el 44% de todos los adultos entrevistados de 30 a 40 años dice haber cohabitado en algún momento de su vida–; el 43% cree que es malo que las parejas no casadas tengan hijos, frente a otro 43% que lo ve bien.

La cohabitación ha crecido un 13% en los últimos años, lo que para Time puede deberse a la crisis económica. Según esta hipótesis, la inseguridad material no anima a comprometerse en el matrimonio, pero a la vez estimula a compartir techo para ahorrar gastos.

Lo que sí parece haber cambiado es la opinión sobre las relaciones prematrimoniales, que se ha invertido completamente. En 1969 el 68% de los jóvenes consideraba que estaban mal, frente al 21% que las aprobaba. En la actualidad, el 60% no enjuicia críticamente este tipo de relaciones y solo el 32% las considera inmorales.

La familia, lo más importante

La encuesta sobre la familia revela cierta incoherencia, que no se explica solo por los cambios sociales ni por una discrepancia entre lo que se piensa y lo que realmente se vive. Por ejemplo, el 44% de los encuestados menores de 30 años piensa que el matrimonio está “en vías de extinción”, pero en esa franja de edad sólo el 5% se niega rotundamente a adquirir ese tipo de compromiso.

En cualquier caso, en Estados Unidos el matrimonio sigue siendo la unión más estable. Como señala Cherlin, las parejas de hecho aumentan pero son mucho menos duraderas, de modo que solo el 6% de los niños norteamericanos son hijos de parejas que viven juntas sin estar casadas. También se ha apreciado una estabilización en las tasas de divorcio en los últimos años.

Y pese a los titulares con el que el Pew Center y Time comunican los resultados, la mayoría de los encuestados es optimista con respecto al futuro de la familia. Como indica Time, “el matrimonio sigue siendo el mejor camino para que la mayoría de la gente haga realidad sus sueños”, y aunque los sueños no siempre se cumplen, añade, los estadounidenses aman tanto el matrimonio como para al menos intentarlo.

No es de extrañar, pues, que un mayoritario 76% manifieste que su familia es lo más importante en su vida y que el 75% está muy satisfecho con su vida familiar. Eso significa, como acertadamente ve el informe, que, pese a las opiniones, lo que no decae es la importancia del vínculo familiar: el 83% se sentiría muy obligado a cuidar de sus padres, por ejemplo, pero no tanto a hacerlo con quienes no comparten ningún tipo de relación familiar.

Las uniones civiles comprometen menos

Ante estos datos, la solución que los expertos contactados por Time ofrecen para cambiar algunas de las tendencias consiste en reforzar más el matrimonio, haciendo hincapié en la comunicación entre los cónyuges. Para Seth Eisenberg, presidente de la Fundación PAIRS, una de las más importantes del país entre las dedicadas a las relaciones familiares, la ventaja del matrimonio consiste en que es como el pegamento. “Se puede construir sobre él. Vivir juntos es como un velcro. El compromiso matrimonial ofrece a las personas la posibilidad de crecer y prosperar de un modo que no lo permiten otras relaciones”, añade.

Los sociólogos tienen otro punto de vista. A su juicio, la situación cambiaría si se añade más seriedad y un mayor compromiso en las formas de convivencia no matrimoniales. No puede ser, señalan, que el matrimonio implique unas obligaciones y que la convivencia extramatrimonial no imponga vínculos similares. Esto se antoja ciertamente paradójico, pues precisamente se ha intentado explicar el auge de este tipo de uniones apelando a una flexibilidad ajena al matrimonio. ¿No es lo mismo esto que apoyar al matrimonio? ¿Por qué tanto interés en asimilarse a una institución que se tacha de obsoleta?

Un descrédito aparente

Lo que este juego de datos y esta diversidad de análisis plantean es que pese a un aparente descrédito del matrimonio, éste sigue siendo una institución importante para la sociedad y para sus miembros. Al final resulta que las nuevas formas de convivencia, que se pusieron en marcha como alternativas a una institución presuntamente en vías de extinción, buscan parecerse cada vez más al matrimonio.

A este respecto es sintomático lo ocurrido en el Reino Unido, cuya legislación diferencia entre matrimonios, sólo heterosexuales, y las uniones civiles (civil partnerships), reservadas para parejas homosexuales. Ambos tipos de uniones cuentan básicamente con los mismos derechos en cuanto a propiedad, herencia, pensiones, etc., y se diferencian principalmente en que las uniones homosexuales son más fáciles de disolver. Peter Tatchell, un activista homosexual, considera que contar con dos instituciones con diferencias basadas exclusivamente en la orientación sexual supone una discriminación de dos vías que vulnera los derechos de los gays, por una parte, porque se les prohíbe contraer matrimonio, y de los heterosexuales, por otra, porque no pueden acogerse al estatuto de la civil partnership.

Ahora, según The Economist, buscan que sus uniones puedan ser denominadas matrimonios. Por eso en noviembre pasado se emprendió una campaña para desafiar la ley. Una sucesión de parejas de dos clases comenzó a presentarse en las oficinas del registro civil: por un lado, parejas homosexuales que querían casarse, y por otro, parejas heterosexuales que pretendían ser reconocidas como uniones civiles. Todas fueron rechazadas, lo que sirve a los promotores de la iniciativa para defender su tesis de la doble discriminación.

Si el matrimonio está en decadencia, si no es más que una antigualla, no parecen creerlo así los implicados en esta paradójica campaña. Pues unas parejas equiparadas a las casadas reclaman también el nombre de matrimonio. Y otras parejas que podrían casarse piden todo lo que tiene el matrimonio, menos el nombre. Quizás la confusión empezó con la equiparación misma, hecha como si el matrimonio no fuera más que un título legal.