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Leila, una asesina convicta, ha conseguido el indulto, pero debe hacer servicios sociales en la iglesia rural de Jacob, un pastor luterano ciego. Allí le toca leer y escribir la correspondencia del clérigo, tarea que acomete con fuerte escepticismo, ella se encuentra completamente desengañada acerca la condición humana, y la ayuda y oraciones que los autores de las cartas piden no le conmueven en absoluto.

Interesante pequeña película finlandesa, que con apenas tres personajes indaga en las honduras del espíritu humano. Frente a enfoques hollywoodienses que pintarían sin excesiva sutileza el gratificante camino de la redención, Klaus Härö y su coguionista Jaana Makkonen pintan con realismo las distintas formas de intermediación que protagonizan Leila (que lee y escribe las cartas), Jacob (que dicta y reza a Dios) y el cartero (que trae y se lleva las misivas), y logra una inesperada aproximación entre los tres, sobre todo Leila y Jacob, ninguno es de piedra en sus respectivas convicciones.

Aunque hay algún aspecto confuso en la narración -en un momento dado se nos despista acerca de la procedencia de las cartas-, domina el pulso firme, con una mirada muy nórdica donde la dureza no impide la esperanza. Los actores hacen grandísimos trabajos, especialmente Kaarina Hazard y Heikki Nousiainen. (Decine 21)