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De: RIES

Quizás forme ya parte de la cultura popular, porque los misioneros mormones (los élder y las hermanas) han repartido por todas nuestras ciudades ejemplares del Libro de Mormón. La cuestión es que Jesús, entre su resurrección y su ascensión al cielo, se habría acercado por Norteamérica, porque quedaban “otras ovejas que no son de este redil”. Ahora resulta que, según leíamos hace unos días en el Diario de Yucatán, los arqueólogos mormones apoyan con sus investigaciones esta curiosa teoría extra-bíblica. Reproducimos a continuación el artículo, firmado por Hernán Casares Cámara, redactor del periódico.

Investigando el rastro de Cristo

Algunos arqueólogos mormones defienden la teoría de que una visita de Cristo al continente americano, después de resucitar en Jerusalén y antes de ascender al cielo, en el año 34, podría haber ocurrido no sólo en Dzibanché, cerca de Chetumal, sino también en una localidad mexicana de Campeche.

El arqueólogo M. Wells Jakeman, de la Universidad Brigham Young, de Utah, Estados Unidos -el principal centro académico de los mormones en el mundo-, estableció la teoría en 1948 de que la ciudad de Bountifoul, el sitio donde Jesucristo, según el Libro de Mormón, visitó a sus seguidores en América, se ubica en un punto conocido como Aguacatal, en la selva de Xicalango, cerca de Ciudad del Carmen, Campeche.

Trabajando entre una espesa maleza, Jakeman realizó excavaciones en ese lugar y encontró cerca de 150 estructuras piramidales. Muchas de esas estructuras estaban perdidas en el pantano de Xicalango y separadas del resto de la tierra por tres grandes fosas. Las fosas parecían enormes paredes que recordaron al arqueólogo las características de la ciudad de Bountifoul, de acuerdo con el Libro de Mormón.

Aguacatal parece haber sido, según el investigador, la única ciudad amurallada en la región meridional de la costa del Golfo de México, pero también una ciudad comparativamente muy grande. Tuvo un largo periodo de prosperidad, que se inició tentativamente, según Jakeman, entre los años 350 ó 400 antes de Cristo y tomó auge en los primeros años de nuestra era.

Los mormones coinciden en que la visita de Cristo a América ocurrió en un lugar cercano al mar. En el caso de Aguacatal, cerca del Golfo de México. Dzibanché está próximo al Caribe.

La permanencia de Jesucristo en territorio de México, de Centroamérica e incluso de Yucatán, en una tierra con geografía más parecida a la europea que a la americana, es una auténtica fábula, dicen los detractores de esa creencia.

Para contrarrestar esas opiniones, desde 1952 la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días financia el más grande y ambicioso proyecto de arqueología religiosa. Se trata de la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo (FANM), con sede en Chiapas, que inicialmente tuvo investigadores de campo que no eran mormones. A lo largo de los años ha logrado inquietantes hallazgos arqueológicos, en su afán de probar la permanencia de Cristo en América.

Parte del trabajo de la FANM consiste en relacionar el período Preclásico tardío de la civilización maya (400 a.C al 200 d.C, cuando se consolidan los grandes centros ceremoniales y comienzan a surgir las grandes urbes) con la etapa de esplendor de la civilización que aparece en el Libro de Mormón.

Según este texto, que para los mormones es como la Biblia para los católicos, “en los dos años siguientes a la venida de Cristo, en el año 34, todos los hombres de la faz de la tierra se habían convertido y no había ricos, ni pobres, ni esclavos, ni libres; y los discípulos de Jesús efectuaron grandes y maravillosas obras, de tal manera que sanaban a los enfermos y resucitaban a los muertos, edificaron grandes ciudades y aquí que aconteció que el pueblo se hizo fuerte y se multiplicó con gran rapidez”.

Este periodo se extendió, dice el Libro de Mormón, 200 años más. Según la ciencia, el apogeo de la cultura maya ocurrió en el período Clásico, entre el año 300 y el 1100, después de Cristo.

Pero según el arqueólogo mormón Marco Antonio Magaña Mena, egresado de la Facultad de Antropología de la Universidad Autónoma de Yucatán, “hay suficientes evidencias para asegurar que el Preclásico tardío -que coincide con la época de paz y prosperidad del Mormón, por la llegada de Jesucristo- fue el mejor momento de los mayas, porque cimentaron sus conocimientos tecnológicos y científicos que desarrollaron después en el período Clásico”.

Una prueba de esto es la zona de Cerros, en Corozal, Belice, fomentada entre los años 50 A.C. y 150 D.C, explica César Castillo Valdés, arqueólogo mormón, egresado de la Escuela Nacional de Antropología.

Allí arqueólogos no mormones descubrieron vestigios de una ciudad maya del Preclásico tardío, que muestra enormes avances culturales.

Más recientemente, en 2006, añade Castillo Valdés, el arqueólogo estadounidense William Saturno descubrió algo aún más revelador: un mural de 15 metros en San Bartolo, Belice, casi en la frontera con Guatemala, que data del año 100 antes de Cristo. Ese mural, que narra el mito del dios maíz, se hizo con técnicas propias del periodo Clásico, lo que demuestra que la civilización maya floreció siglos antes de lo que sostienen muchos investigadores.

Otro hecho que algunos arqueólogos mormones relacionan con la cultura maya es el surgimiento de innumerables caminos entre ciudades mayas en el periodo Preclásico. Arqueólogos mormones, apoyándose en estudios de científicos no mormones de la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, demuestran que Komchén, en Yucatán, contaba con caminos desde el año 300 antes de Cristo.

Posteriormente, los mayas en el periodo Clásico multiplicaron la construcción de esos caminos por toda la Península.

El descubrimiento de los sacbés mayas, de 4 a 10 metros de ancho, ha sido usado por algunos arqueólogos mormones que defienden la teoría de la permanencia de Cristo en la Península de Yucatán como una prueba de la relación entre los mayas y el Libro de Mormón, cuyas historias hablan precisamente de ciudades comunicadas por caminos.

Uno de los arqueólogos más eminentes del mormonismo, John L. Sorenson, en uno de sus libros afirma que estas construcciones mayas coinciden precisamente con el Libro de Mormón, que habla de grandes caminos y de vehículos con ruedas.

“No tenemos ninguna idea de cómo serían estos vehículos en el caso de los mayas”, dice Sorenson. “Habrían podido ser carros rodados o aun cuerpos con cuatro ruedas que habrían servido para mover las mercancías. No lo sabemos bien todavía, pero seguramente existieron”.

Les comparto un video de los mormones sobre este tema: