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Presentamos una entrevista, publicada en el periódico italiano Avvenire, al cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia y por cuarenta años secretario del Papa Juan Pablo II.

Visiblemente emocionado, el cardenal Stanislaw Dziwisz levanta sus ojos del escritorio y me presenta el texto de la carta que ha terminado de escribir. Apenas ha pasado el mediodía, la lluvia golpea insistente las grandes ventanas del palacio arzobispal de la calle Franciszkanska mientras desde Roma llega el anuncio de la beatificación de Juan Pablo II.

Y el primer gesto afectuoso y espontáneo del ex-secretario de Karol Wojtyla, llamado a tomar su puesto en la cátedra de Cracovia, ha sido enviar una carta de agradecimiento a Benedicto XVI. “Con gran conmoción quisiera expresar nuestra gratitud a Vuestra Santidad por el decreto que anuncia la tan esperada beatificación de Su predecesor”, escribió el cardenal.

“Estoy inmensamente feliz pero al mismo tiempo me siento intimidado frente a este anuncio”, dice sumisamente aquel que para todos sigue siendo “don Stanislao”, la sombra fiel y atenta de Karol Wojtyla por más de cuarenta años. Me confiesa que su alegría es todavía más grande porque Benedicto XVI quiso fijar la ceremonia de beatificación el próximo primero de mayo, fiesta de la Divina Misericordia.

Eminencia, dicen que ha sido usted quien sugirió esta fecha. ¿Cuáles son los motivos?
Sí, es cierto, lo he pedido al Santo Padre y le estoy particularmente agradecido por su decisión. Hay un motivo espiritual y es que toda la vida terrena del Siervo de Dios Karol Wojtyla se ha desarrollado en la entrega a la Divina Misericordia y se ha concluido en la vigilia de la fiesta de este misterio, que él mismo había instituido. Gracias a su beatificación resplandecerá de nuevo, de modo poderoso, la bondad de Dios hacia los hombres.

Y luego hay un motivo más terreno, de tipo logístico: este año la fiesta de la Divina Misericordia cae el primero de mayo, cerca de la fiesta nacional polaca del 3 de mayo, un fin de semana largo que permitirá a mis compatriotas dirigirse a Roma para participar en la ceremonia de beatificación de nuestro queridísimo Juan Pablo II.

¿Qué cambia después de este anuncio?
Siempre he estado convencido de la santidad de Karol Wojtyla y, en este sentido, la noticia de su próxima beatificación la veo como un sello autorizado de lo que he visto y vivido a su lado. Ahora estamos todos autorizados a dirigirnos a él para que interceda ante Dios. Yo lo hago cotidianamente desde el día de su muerte y de ahora en adelante lo haré con mayor intensidad y devoción.

¿Cuál era el secreto de su santidad?
Era un hombre inmerso en Dios. Contemplativo y misionero, así lo definió una vez el Papa Ratzinger, que fue su más estrecho y confiado colaborador. Aquí está el secreto de su vida y también de su pontificado: en el modo en que rezaba, en todas partes, en toda condición, con gran sencillez y naturalidad. Aquí tenía origen su capacidad de acción así como su fascinación humana y espiritual.

Parece que ya sabemos todo de Juan Pablo II. En su opinión, ¿hay todavía algo por descubrir de su personalidad?
He tenido la suerte de estar junto a él por más de cuarenta años pero debo admitir que no conozco todavía bien toda su riqueza interior. Pensamos sólo en sus gestos de Pontífice. Después de tantos años redescubrimos su gran valor no sólo para los creyentes sino para toda la humanidad.

¿Alude a la decisión de Benedicto XVI de celebrar un gran encuentro interreligioso en Asís en el 25º aniversario del encuentro que fue querido por Juan Pablo II?
Es un ejemplo muy significativo de la gran herencia que nos ha dejado. No es cierto que el entonces cardenal Ratzinger estuviese en contra, su mirada coincidía con la de Juan Pablo II. Y lo ha confirmado ahora, convocando una oración por la paz con todos los exponentes religiosos, en un momento particularmente difícil para tantos cristianos perseguidos en varias partes del mundo.

Ya se habla de las reliquias del beato Juan Pablo II. ¿Es cierto que existe una ampolla de su sangre?
Sí, la pedí a los médicos del Policlínico Gemelli el 2 de abril de 2005, poco antes de que muriera. Una reliquia preciosa que podrá ser venerada en el Santuario dentro del Centro dedicado a Juan Pablo II que se está construyendo aquí en Cracovia.

Está quien quisiera que fuese trasladado a Polonia el corazón de Wojtyla, como el de Chopin…
Personalmente estoy en contra del desmembramiento de sus restos mortales, que deberán permanecer en San Pedro, en Roma, objeto de veneración de todos los fieles.

Eminencia, ¿qué tipo de evento será la ceremonia de beatificación de Juan Pablo II?
Pienso que será una gran fiesta de la comunión del pueblo de Dios y un testimonio de alegría y de esperanza para toda la humanidad.

Fuente: Avvenire