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Cuando se proyectó en Cannes (premio a la mejor película) el público, en pie, aplaudió durante 20 minutos.
Este viernes 28 de enero se estrena por primera vez una película en cines españoles, en concreto en Madrid y Barcelona, 25 años después de su lanzamiento comercial en Francia. Además, este año se celebra el 75 aniversario de la canonización de Santa Teresita o Teresita del Niño Jesús.
El director de Thérése, Alain Cavalier, nunca antes había trabajado el tema religioso, pero desde que en su infancia leyera “Historia de un alma”, conservó la inquietud de hacer una película que tuviera por protagonista a esa extraña muchacha de familia burguesa, en una Francia católica que veía nacer con horror el naturalismo y el impresionismo.


Thérèse Martin, siguiendo el ejemplo de una hermana suya, entró muy joven en un convento de carmelitas, superando la negativa de la madre superiora, que objetó su corta edad y su escasa salud, gracias a su ingenua osadía de apelar al Sumo Pontífice. Pero las condiciones de la vida conventual minaron la salud de la joven y la tuberculosis se la llevó a los 24 años de edad, en medio de unos sufrimientos que aceptaba “por amor a Jesucristo”.
Cavalier se limita a mostrar la existencia de este personaje a lo largo de una sucesión de estampas, sobre fondo negro, con cortes bruscos entre una secuencia y otra, con una austeridad muy acorde con la regla del Carmelo. Plantea la historia eliminando todo lo que puede resultar accesorio, para resaltar la vocación de servicio de un alma sencilla.
De este filme se dijo en su momento que “tiene una calidad de otro mundo”, que su “simplicidad la califican de gran enigma en la acción de la gracia divina en nuestra vida ordinaria”, que es extraordinaria “como obra de arte y como meditación sobre la espiritualidad”, o que “emociona, seduce, confunde y en ocasiones atrapa con su belleza”. En el Festival de Cannes de 1986 mereció un aplauso de veinte minutos, un premio especial del jurado y el consenso unánime de la crítica. Al año siguiente cosechó seis premios César (los Goya franceses).


Cavalier logró renovar con esta película la imagen infantil de la santa, gracias también a la excelente actriz Catherine Mouchet, que interpreta con atino la alegría, la euforia, el sufrimiento y el espiritualismo de la santa. Una serie de cuadros, sin artificio, para algunos minimalistas, pero intensamente iluminados, muestran la agonía y la fidelidad de Teresa en un filme importante, audaz y con garra.