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“Estoy profundamente triste al ver la división, el conflicto y el caos que siguen al Camino mientras se mueve entre nosotros”, confiesa.

A través de una carta hecha pública ayer, el arzobispo de Tokio, monseñor Peter Takeo Okada, pidió a los miembros del Camino suspender, al menos de modo temporal, sus actividades en la diócesis para un “examen y reflexión que podría allanar el camino para el diálogo con la Iglesia en Japón”.

En la carta publicada por la agencia UCAnews, el prelado confiesa estar sumamente “decepcionado” por la falta de resultados positivos tras muchos años de esfuerzo por parte de los obispos nipones por resolver los problemas relacionados con el Camino Neocatecumenal.

El arzobispo, que no pone en duda ni la pasión ni las buenas intenciones de sus miembros, señala que sus actividades “no pueden en modo alguno ser consideradas un éxito”. “El hecho es que el carácter y la conducta del Camino no se han adaptado bien a la Iglesia o la sociedad de Japón”, sentencia.

“Tal vez es necesario para el Camino en Japón suspender sus actividades durante un período de examen y reflexión que podría allanar el camino para el diálogo con la Iglesia en Japón”, agrega al respecto.

El arzobispo defiende su decisión de suspender al Camino, argumentando la autonomía que tiene individualmente cada obispo en su diócesis y señalando que la Conferencia Episcopal no ha llegado a nuinguna “decisión vinculante” sobre el particular.

“Estoy profundamente triste al ver la división, el conflicto y el caos que siguen al Camino mientras se mueve entre nosotros”, lamenta el prelado.

Monseñor Takeo Okada señala asimismo que “se ha dado prioridad a las directivas procedentes de la sede del Camino en Roma por encima del liderazgo de los obispos”.


Sin embargo, y pese a la crudeza del texto, el arzobispo resalta el “gran éxito” del Camino en la “formación en la fe de personas que han sido bautizadas, pero que abandonaron sus creencias”. Sin embargo, matiza, “debo subrayar que la situación en un territorio de misión es diferente”.

Finalmente pide al Camino Neocatecumenal que asuman una pastoral con los enfermos y los discapacitados y los residentes extranjeros.

La decisión de monseñor Takeo Okada se da días despues de la tomada por el obispo de Takamatsu, Osamu Mizobe, de suspender las actividades neocatecumenales.

Ambas decisiones se han tomado en el tiempo que transcurre entre el anuncio del Papa de enviar a un delegado pontificio que oficie de mediador entre los obispos y el Camino, y su nombramiento y envío.

La carta del arzobispo

A lo largo de los últimos casi 20 años, la Conferencia Episcopal de Japón (CBCJ) ha invertido gran tiempo y energía en los problemas relacionados con el Camino Neocatecumenal (al que me refiero de aquí en adelante simplemente como “el Camino”). Para nuestra gran decepción, estos esfuerzos no han mejorado la situación.


No tengo la menor duda de la pasión y buenas intenciones de las personas del Camino. Pese a ello, las actividades del Camino a lo largo de los últimos 30 años no pueden en modo alguno ser consideradas un éxito. El hecho es que el carácter y la conducta del Camino no se han adaptado bien a la Iglesia o la sociedad de Japón.

Tal vez es necesario para el Camino en Japón suspender sus actividades durante un período de examen y reflexión que podría allanar el camino para el diálogo con la Iglesia en Japón.

No considero que la CBCJ haya colectivamente llegado a una decisión vinculante al respecto. Antes bien, a solicitud de la diócesis de Takamatsu, los dieciséis obispos diocesanos deben decidir individualmente y hacer cumplir las acciones apropiadas para su diócesis basados en su propio juicio como ordinarios del lugar.

La Iglesia católica en Japón es una pequeña minoría, formada por solamente el 0,3 por ciento de la población en general, y estoy profundamente triste al ver la división, el conflicto y el caos que siguen al Camino mientras se mueve entre nosotros.

Los últimos trece años, más de 30.000 personas al año se han suicidado en Japón. Quiero que la gente del Camino vea esta realidad. Quiero que luchen en primer lugar por lo que pueden hacer por estas personas. Si actúan de manera que los japoneses puedan comprender y simpatizar con ellos, seguramente ganarán su confianza. Rezo y espero que se unan a nosotros en la evangelización adaptada a las necesidades de los japoneses.

Se ha dado prioridad a las directivas procedentes de la sede del Camino en Roma por encima del liderazgo de los obispos, por lo que estamos continuamente ante un dilema y esforzándonos por encontrar soluciones. La misión de la Iglesia en Japón se supone que ha sido confiada a sus obispos aquí. Tomamos este extraordinario yugo sobre nuestro cuello y dedicamos nuestros mayores esfuerzos a la misión y a la pastoral.

Hablando exclusivamente de la archidiócesis de Tokio, no creo que el Camino haya causado especialmente grandes problemas hasta el momento, a pesar de que me vienen a la mente colectas realizadas sin el consentimiento del obispo, por ejemplo, y una cierta confusión en parroquias específicas .

Sin embargo, la situación es diferente para la provincia eclesiástica de Osaka, y en la diócesis de Takamatsu en especial el problema es grave.

La Iglesia en Japón comenzó en 1549, con las actividades misioneras de San Francisco Javier. Es una iglesia construida por una multitud de santos y excelentes misioneros, y se ha convertido en la Madre de una gran cantidad de mártires. Sobrevivió a la prohibición religiosa, y han pasado unos 140 años desde que la fe puede proclamarse abiertamente. Entre los distinguidos misioneros que han trabajado en Japón están el actual Superior General de la Compañía de Jesús, el padre Adolfo Nicolás, y el padre Josep M. Abella, Superior General de los Misioneros Claretianos.

A pesar de todo esto, una gran distancia queda aún por recorrer en el camino de la evangelización de Japón. Imploro a Kiko Argüello y a todos los miembros del Camino que tengan muy en cuenta este hecho.

Entiendo la razón por la que se creó el Camino. Creo que han tenido un gran éxito en la formación en la fe de personas que han sido bautizadas, pero que abandonaron sus creencias. Sin embargo, debo subrayar que la situación en un territorio de misión es diferente.

He oído que la gente del Camino trabaja muy bien con los enfermos y los discapacitados. Quiero que asuman este papel en Japón. También espero cosas buenas de su trabajo pastoral en favor de los residentes extranjeros. Pero les pido que reflexionen y recen con nosotros para discernir lo que hay que hacer para la evangelización del Japón tal como es en realidad actualmente.