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Las conclusiones de una nueva investigación sobre relación entre el divorcio de los padres y los problemas mentales vuelven a sembrar la preocupación entre las familias. Sus autoras aseguran en ELMUNDO.es que «tanto los niños como los hombres y mujeres de padres divorciados tienen más probabilidades de pensar seriamente en el suicidio en algún momento de su vida, en comparación con los descendientes de familias intactas».

Esme Fuller-Thomson y Angela Danto, profesoras de la Universidad de Toronto (Canadá), aseguran que “ha habido muchos estudios anteriores que muestran un vínculo entre el divorcio de los padres y la ideación suicida. No sabemos si es el propio divorcio el que aumenta el riesgo o las situaciones que pueden rodear al mismo”.

De hecho, “hemos encontrado que los varones cuyos padres se divorciaron cuando eran menores tienen un riesgo hasta tres veces mayor de padecer ideas suicidas. Esta relación no es tan significativa en las mujeres, a no ser que entren en juego otros factores como los abusos físicos o la adicción a las drogas de los progenitores”, aclaran las autoras en el último ‘Psychiatric Research’.

Respaldadas por la literatura científica, que “establece una mayor incidencia de problemas mentales en la edad adulta en los descendientes de padres separados”, las investigadoras decidieron partir de los datos de la Encuesta de Salud de la Comunidad Canadiense de 2005. “Escogimos una muestra de 7.765 habitantes mayores de 18 años y estimamos la prevalencia a lo largo de la vida de estos pensamientos, según el género, en los descendientes de familias con ruptura y sin ella”, explican en su ensayo.

El sexo incide en los problemas de salud mental, como la ansiedad y la depresión. “La gran mayoría de los niños de padres divorciados se cría con la madre y muchos tienen poco o ningún contacto con su padre. Por lo tanto, anticipamos que ellos pueden ser más vulnerables. Para poder determinar la asociación independiente entre el divorcio y la ideación suicida, es importante considerar otros factores que pueden representar un papel en esta relación “, aclaran.

Factores a tener en cuenta

Por eso, valoraron si habían sufrido además otras adversidades en la infancia (como abusos, adicción de los padres, paro); su nivel socioeconómico de adultos (los niños de padres separados tienden a experimentar más problemas académicos y suelen acabar en empleos menos remunerados); estrés y estado civil; hábitos de vida (el tabaquismo y el alcohol son más frecuentes en los descendientes de divorciados) y salud mental.

Los datos revelan que las mujeres que han pasado por la separación de sus padres tienen más riesgo a lo largo de la vida de padecer ideas suicidas, “hasta que se tienen en cuenta los otros factores de riesgo como haber padecido otros problemas en la infancia, entonces el impacto es mucho menor”, aclaran las investigadoras.

Sin embargo, “en el caso de los varones, el riesgo es estadísticamente significativo e independiente de otros factores”, rezan las conclusiones del ensayo. La investigación sugiere que “los mecanismos por los que el divorcio y la ideación suicida posterior afectan a los hombres y a las mujeres son diferentes. Creemos que los profesionales deberían tener en cuenta estos datos en su práctica clínica, especialmente entre los varones con trastornos de ansiedad y depresión”.

Aunque las autoras confiesan desconocer las razones por “las que los varones tienen estos pensamientos, nuestra hipótesis tiene que ver con la ausencia de contacto con el padre. La literatura indica que los niños se benefician enormemente de contar con un modelo sano masculino. La pérdida de una figura paterna puede afectar a la socialización de género y tener un impacto sobre su salud mental. Por otra parte, los niños pueden interiorizar sus sentimientos sobre el divorcio más que las niñas y esto puede hacerles más vulnerables a los pensamientos suicidas”.

Las limitaciones

Juan José Carballo, psiquiatra infantil de la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), asegura a ELMUNDO.es , que “la naturaleza transversal del estudio, sin un diseño longitudinal, no permite establecer con seguridad la relación causal de ambas variables”. Para este especialista, es posible “que la separación sea sólo un indicador de otros problemas más directamente relacionados con la conducta suicida”.

Pese a ello, reconoce que “los datos sugieren que es necesario el desarrollo de nuevos estudios que amplíen nuestros conocimientos actuales acerca de los factores de riesgo de esta conducta en hombre y mujeres y que permitan el desarrollo de intervenciones preventivas y de tratamiento específicas”.