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Por Ricardo Narvaez Tossi

En estos tiempos, nuevamente salen a la palestra voces indignadas ante las afirmaciones y opiniones de la Iglesia. Nuevamente se nos tacha a los católicos de ignorantes y se afirma con mucha determinación, cuando no con violencia, que debemos callarnos. Es por lo menos curioso que en tiempos que se dicen democráticos y de igualdad humana, de derechos por encima de deberes, se afirme que hay peruanos de segunda clase, de que hay ciudadanos que no deben expresarse, que hay un grupo de personas que deben ser señaladas públicamente como opositores a las nuevas culturas relativistas.
Mas aún, pareciera que tuviésemos que pedir disculpas por el sólo hecho de existir. Se nos enrostra nuestro “negro” pasado, se nos saca en cara la inquisición, las cruzadas, el celibato, la Humane Vitae, la evangelización de América latina, la concepción tradicional de la familia y muchos mas etcéteras.
Mas allá de la necedad de estas afirmaciones, quisiera que examinemos desde donde y desde quienes surgen estas opiniones.
En su “Exégesis de los Lugares Comunes”, León Bloy describe lo que piensan algunos sobre los sacerdotes: cuando se afirma que “los curas son hombres como los demás”, es decir, que no deben tener ningún privilegio, dice que la frase “como los demás” va de título de cortesía.  En el fondo se piensa que un hombre que practica la continencia y dice misa todos los días es muy inferior a los demás. Si estos liberales de izquierda y de derecha fuesen mas sinceros, y si no fueran tan “generosos”, dirían con mas exactitud que los curas no son hombres como los otros.
Jamás podrían afirmar “soy santo”, pues sería como proclamar soy un idiota. Pero su conciencia “no tiene nada que reprocharles”, ya que “no le han hecho daño a nadie”, a diferencia de los cristianos, que les debemos haber hecho mucho mal a los hombres, sobretodo a los pobres, al proclamarles la Verdad del Evangelio, la justicia y la caridad cristianas.
Claro, como se autodenominan personas “prácticas”, es decir, que personas con los pies en la tierra, que no se dejan encandilar por sofismas cristianos, afirman que no todas las verdades son buenas para ser dichas. Pero si suprimimos las verdades que son peligrosas proclamar y las verdades que son desagradables de oír, sólo queda que ninguna verdad es buena para ser dicha, de ahí que se busque callar a la Iglesia. La verdad los ofende, y esto implica que las mentiras no los ofenden nunca. La lisonja, el aliento a una vida amoral, la defensa a su relativismo, les agrada profundamente. Y como sólo la Verdad se ha encarnado, claman con ira y horror “crucifiquen a esa Verdad”.
A diferencia de los cristianos, se auto reconocen de buen corazón, de intenciones sinceras, tiene su “corazón de oro”, son auténticos solidarios con los pobres, pues les promueven el aborto para que no sufran tanto. Son los nuevos santos del mundo. Quieren creer en un Dios que no tiene Mandamientos. Lo quiere todo, lo puede todo y lo hace todo, pero a nada se opone, nada prohíbe.
Afirman que hay un divorcio entre la jerarquía y el pueblo cristiano. Este pueblo es supuestamente mas realista, usa sus condones y se divorcia, mientras que la jerarquía se aferra a sus últimos moralismos trasnochados.¿Qué pienso de ellos? Que el lector deduzca.