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Allí la Virgen anunció a la religiosa Agnes Sasagawa grandes catástrofes si el mundo no hacía penitencia. 
El santuario de Akita está situado a unos 150 kilómetros de Sendai, el lugar más próximo al epicentro del terremoto que devastó el norte de Japón el pasado jueves, y que se originó en el mar, creando un tsunami devastador.

Aunque en la ciudad han tenido lugar incendios y han quedado destruidos algunos edificios, los daños parecen haber sido menores que en otras zonas del país, y por ejemplo la Universidad Internacional de Akita ha podido mantener abiertas sus comunicaciones, de forma que los alumnos de intercambio allí presentes han transmitido a sus familiares que esa zona está entre las menos dañadas.

En 1973 la Virgen dio al mundo tres mensajes a través de una religiosa del convento de las Siervas de la Eucaristía en Akita (Japón), la hermana Agnes Sasagawa, entonces postulante. Los mensajes fueron el 6 de julio, el 3 de agosto y el 13 de octubre de ese año, y provenían de una imagen a quien ella pudo escuchar a pesar de ser sorda, defecto físico del que quedó curada posteriormente. Posteriormente esa imagen sangraría y derramaría lágrimas, hasta que todos los fenómenos desaparecieron en 1981.

A través de Sor Agnes, la Virgen advirtió al mundo de terribles castigos si no hacía penitencia y oración, en particular el rezo del Rosario. Además se referían a la situación de la Iglesia, en plena crisis postconciliar: «La obra del demonio infiltrará hasta dentro de la Iglesia de tal manera que se verán cardenales contra cardenales, obispos contra obispos. Los sacerdotes que me veneran serán despreciados y encontrarán oposición de sus compañeros… Iglesias y altares serán saqueados; la Iglesia estará llena de aquellos que aceptan componendas y el demonio presionará a muchos sacerdotes y almas consagradas a dejar el servicio del Señor.. El demonio será especialmente implacable contra las almas consagradas a Dios. Pensar en la pérdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y gravedad, no habrá ya perdón para ellos».

El 22 de abril de 1984 el obispo de la diócesis de Niigata, a la que pertenece Akita, John Shojiro Ito, aprobó las apariciones, y en junio de 1988 el entonces cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, respaldó la decisión del prelado.