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San Juan Crisóstomo (v. 345-407), sacerdote en Antioquía después obispo de Constantinopla. Doctor de la Iglesia. 

Homilías sobre la conversión pronunciadas a su vuelta del campo, n° 1 

“Guardémonos de perder toda esperanza, sino evitemos igualmente ceder muy fácilmente a la indolencia… La desesperanza impide al que ha caído levantarse y la indolencia hace caer al que está de pie… Si la presunción nos precipita de lo alto de los cielos, la desesperanza nos precipita en el abismo infinito del mal, mientras que es suficiente un poco de esperanza para arrancarnos de él…
Así es como Nínive ha sido salvada. Sin embargo, la sentencia divina pronunciada contra los ninivitas era de por sí para sumergirlos en el desconcierto, pues ella no decía: « Si os arrepentís, seréis salvados », sino simplemente: « Todavía tres días y Nínive será destruida» (Jon 3,4). 
Pero ni las amenazas del Señor, ni los requerimientos del profeta, ni la severidad incluso de la sentencia…no hicieron doblegar su confianza en sí. Dios  quiere que saquemos una lección sin condiciones de esta sentencia de manera que instruidos por este ejemplo, resistamos a la desesperación como a la pasividad… Además, la benevolencia divina no se manifiesta solamente a través del perdón concedido a los Ninivitas arrepentidos…: el tiempo concedido atestigua igualmente su bondad inexpresable. 
¿Pensáis que tres días habrían podido bastar para borrar tanta iniquidad? La benevolencia de Dios estalla detrás de estas palabras; por otra parte ¿no es ésta la artesana principal de la salvación de toda la ciudad?
Que este ejemplo nos preserve de toda desesperación. Pues el diablo considera esta debilidad como su arma más eficaz e incluso pecando, no sabríamos darle mayor gusto que perdiendo la esperanza”.