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Este monje de una ermita de Capellades, Girona, considera que analizando la “sociedad de los valores” nos olvidamos el fundamental, la persona. Conversar con él es también recibir su amabilidad y calidez en un entorno de paz. 

De: Toni Bardia

Marcel Capellades Ràfols (Sant Pau d’Ordal, 58 años), ermitaño, lleva 18 años siendo el monje de una ermita cerca de Torelló (Girona). Ha pasado 10 en la Cartuja de Grenoble y desde los 17 años siguió a su maestro, el padre Estanislao, en su etapa en Montserrat y en Japón, donde estuvieron 4 años. Dice que ha encontrado su verdad en esta montaña. Ofrece un entorno de paz, amabilidad y calidez a aquel que busque su deseo y ayuda a encontrarlo con su mirada profunda y sus palabras clarividentes. Pasa largos ratos de oración dentro la ermita del s.XII que él mismo reconstruyó con la ayuda de algunos vecinos de la comarca.

No paga hipoteca pero con donaciones ha levantado su casa, la hospedería y está construyendo otra para grupos que hagan estancias largas. No concede entrevistas si el entrevistador no vive antes un domingo con él. Hace una misa muy personal a base de largos silencios, algunos cantos, partes de lecturas y reflexiones que se añaden al sermón del “sois la sal de la Tierra y la luz del mundo”. Dice que si quieres estar solo no te hagas ermitaño. Una comunidad, básicamente formada por mujeres, lo visitan cada fin de semana para orar y profundizar en la Palabra. Le pregunto por este hecho y me dice que el hombre no está tan en contacto con los sentimientos y se deja fascinar más por la razón mientras que la mujer se siente muy atraída por el hombre de Dios y busca el amor puro.

Cura diocesano, monje benedictino, ermitaño en Japón, cartujo y ermitaño en Torelló. ¿Con qué etapa se queda?
Ser monje no es una forma, cada orden te reviste de una manera pero es algo más profundo. Es la búsqueda de la unión con Dios en cuerpo, alma y espíritu. Esto es ser monje, ser uno con Dios. Lo más habitual es hacer este camino a lo largo de una trayectoria monástica. Uno no se hace monje a sí mismo sino a través de una persona o comunidad.
¿Como llegó hasta Montserrat?
A los 17 años conocí el padre Estanislao, un ermitaño que vivía en Montserrat. Al momento me dije: esto es lo que quiero ser. Descubrí que aquel hombre me podía enseñar el camino de la experiencia de Dios. Cuando decidió marcharse a Japón yo lo seguí porque comprendí que sólo a su lado podía ser el monje ermitaño que quería ser.
¿Cuantos años se necesitan para ser ermitaño?
Desde los 17 hasta que cumplí los 40 me estuve preparando. No es algo improvisado sino muy meditado. Comprendí que esta opción de vida requería de preparación y fundamentos. Sin preparación no aconsejo a nadie que se vaya a la soledad.
“La soledad es una opción mía de libertad. Me ha permitido dar lo mejor de mí mismo con todas mis capacidades”
¿Por qué escoge la soledad?
La soledad es una opción mía de libertad. Me ha permitido dar lo mejor de mí mismo con todas mis capacidades. Puedo decir que nunca he estado tan en contacto con las personas y con Dios como aquí. No es un objetivo en sí mismo sino un medio. El objetivo es el amor a Dios ya los hombres. ¿Qué sacas de estar solo si no amas?
¿Qué les diría a los que piensan que “huye de algo”?
Mi soledad es todo lo contrario, pero todo puede ser una huida si lo que eliges no es amor a Dios o a los hombres. Ser ermitaño o elegir una vida religiosa puede ser una huida si no amas. Casarse también puede ser una huida. Hagas lo que hagas, si no te lleva a más comunión con las personas, estarás huyendo.
¿Qué hace para estar centrado consigo mismo?
La soledad es el medio y se fundamenta en la oración, el estudio y la misericordia. La misericordia es la escucha de las personas desde mi realidad. El estudio es la meditación de la palabra de Dios y también de lo que se refiere a la persona humana. La oración es todo mi tiempo personal de intimidad con Dios.
¿Ha cambiado la vocación de soledad por la de guía de otras personas?
En cada momento he ido tomando una opción, entre abrirme o no, he tratado de no traicionar nunca la coherencia conmigo mismo y responder a lo que yo quiero ser teniendo presente que el amor lleva a la felicidad.
“Dios no pide nunca el sufrimiento pero puede ser que a través del sufrimiento puedas realizar algo” 

¿Por que huimos de esta felicidad, de este amor?
Por el miedo a estar solos, a ser nosotros mismos, a equivocarnos, al qué dirán. El miedo nos impide ser nosotros mismos, ser libres y felices. Sólo puedo ser feliz siendo yo mismo, siendo lo que quiero ser. Esto se consigue arriesgándote, empezando a hacer pequeños pasos, observando lo que te hace sentir bien.
¿Puede que Dios nos pida sufrir?
Dios no pide nunca el sufrimiento pero puede ser que a través del sufrimiento puedas realizar algo. Dios no es la causa del sufrimiento. El sufrimiento no es un camino para ser feliz sino que el único camino es el amor.
Todo el mundo habla de una crisis económica y de valores. ¿Qué valores están en crisis?
Esta crisis la veo como una gran oportunidad de crear algo nuevo. Hemos vivido de modelos que no nos servían. Hemos hecho de cualquier cosa un valor sacrificando aquel fundamental que es la persona. Se habla de que no hay valores: hay seis mil millones de valores (uno por cada persona humana). Teníamos a la persona supeditada a un estado del bienestar basado en saber, tener y disfrutar mucho. La persona era esclava de unos valores que habían decidido los políticos, la economía, la cultura o la religión.
¿También somos consumistas de valores?
Tenemos niños que después de la escuela hacen música, inglés o artes marciales. Ellos son los valores, olvidamos que lo más importante es que aprendan a ser personas. Resulta que este niño quizás sólo quiere que estén por él. El niño de hoy es una máquina de obtener resultados. Los padres no tienen tiempo para escucharlos pero esta intimidad y capacidad de relación es esencial para ser feliz.
“Hablamos de todo pero no comunicamos nada. No comunicamos lo mejor dentro de nosotros” 
 
¿Cómo fue educado?
De los cinco a los diez años cuando salía de la escuela mi madre me preparaba la merienda y me escuchaba, me preguntaba qué había hecho ese día. Aquellos años aprendí que era importante para alguien, descubrí la intimidad y aprendí a expresar las cosas que vivía desde dentro.
¿Dónde cree que nos llevan los últimos avances como el de las redes sociales?
 
Hablamos de todo pero no comunicamos nada. No comunicamos lo mejor dentro de nosotros. Tenemos que buscar humanizar todo, hacer que nuestras relaciones sean humanas, de intimidad y llenas de sentido.
¿Qué le diría a un agnóstico?
Que el valor más importante es él mismo porque es imagen de Dios, su posibilidad es el infinito. Es como una bellota: dentro está la encina más inmensa, es esta posibilidad pero hay que hacerla realidad según el clima, la tierra y las condiciones.
El hombre se realiza si elige amar, pero debe hacerlo libremente. No depende de tener o saber, está al alcance de cualquier persona. Somos lo que deseamos y somos mucho más que los modelos que nos presenta la escuela, los padres o la cultura.
Todo ello debe conducir a encontrar nuestra identidad. Los modelos nos abocan a reconocernos en unos valores y deseos pero llega un momento que nos tenemos que identificar en nosotros mismos y tener la fuerza para construir nuestro propio proyecto de vida.
¿Cuál cree que es la huella que dejaréis aquí?
Mi propósito viniendo aquí, no era dejar ninguna huella pero caminando me estoy dando cuenta de que somos testigos de la revelación de Jesús que lleva a la felicidad y a la fraternidad. Siguiendo Jesucristo y el Evangelio somos hermanos. Desde mi soledad escucho a Dios y a las personas en cada momento para amar y dar una respuesta desde el amor. Esto responde al por qué la gente viene aquí, porque se ha creado este espacio material y humano.