>

Juan C. Sanahuja/Noticias Globales

Babette Francis, australiana, quien se ha batido en las reuniones de Naciones Unidas a favor de la vida y la familia, publicó en Mercator net un artículo no exento de humor e ironía, en el que da cuenta de los empeños de la Australian Human Rights Commission (AHRC) por profundizar la imposición de la ideología de género en ese país, a través del proyecto para ampliar la legislación anti discriminatoria.

¿Cuántas orientaciones sexuales o identidades de género existen y deben ser protegidas de la “discriminación”? Pues la presidente de Australian Human Rights Commission, Catherine Branson, por ahora consiguió enumerar más de 20 (veinte).
A los grupos homosexuales se los identifica como LGBT (lesbianas, gay, bisexuales, transexuales). A esa sigla se le han añadido, casi universalmente, la Q (queer) y la I (intersexos), lo que da como resultado: LGBTQI. Pero eso es sólo el comienzo.

En el documento de trabajo de la AHRC, se enumeran, para comenzar, las siguientes identidades de género: transgender, trans, transsexual e intersex. A las que le siguen: androgynous, agender, cross dresser, drag king, drag queen, genderfluid, genderqueer, intergender, neutrois, pansexual, pan-gendered, third gender, y third sex y, como no podían faltar en los esquemas del nuevo orden mundial las peculiaridades culturales de los pueblos originarios, añaden identidades tales como sistergirl y brotherboy, que, al parecer, existen entre los aborígenes australianos y los nativos de las islas Torres Strait.

Y todo esto sin sumar las categorías de transexuales que Babette Francis ha encontrado: a) los que están en espera de tratamiento; b) los que han tenido tratamiento hormonal; c) los que han tenido tratamiento hormonal y quirúrgico; d) los que fueron tratados con hormonas y cirugía, pero no son felices y quieren revertir esos procedimientos.

La presidente de la Comisión Australiana de Derechos Humanos, Catherine Branson, se basa en los llamados Principios de Yogyakarta (derechos humanos en clave homosexual), que no han sido aceptados por la ONU, pero, según Branson deben aplicarse, porque son una “interpretación de los acuerdos internacionales vinculantes con los que Australia está comprometida”. Y así, la reingeniería social antinatural y anticristiana impone de facto sus disolventes preceptos.

Recordemos que uno de los secretarios generales de ILGA (Internacional Lesbian Gay Association), cuando fue presentada en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU la Declaración contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género, declaró: “La defensa de la discriminación de personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersexuales basada en una impresión errónea de la ‘tradición’ o de un ‘orden natural’, es más insostenible que nunca. La homofobia y transfobia son cada vez más reconocidos por lo que son: los últimos pilares derruidos de un orden patriarcal que debe estar entre las páginas oscuras de nuestro pasado, como la esclavitud y la inquisición”.

Ellos lo tienen claro: tratan de abolir la diferencia sexual como realidad inherente a la naturaleza humana, y obligar social y jurídicamente a todos aceptar las consecuencias. Las más graves y en oposición al plan de Dios: destruir la familia y pervertir a los niños 


Nosotros, ¿tenemos una firme convicción de oponernos?