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Maxim Gorki, en el Congreso de los Sin Dios de 1929, ya criticaba las “formas groseras” del ateísmo” que no persuade sino que irrita”. 
Las procesiones groseras antirreligiosas, con blasfemias, alusiones sexuales, quema de objetos y visitas a templos para gritar e insultar fueron comunes en la Unión Soviética. Desde la Revolución Rusa en 1917 a la muerte de Lenin en 1924, unos 25.000 eclesiásticos ortodoxos fueron encarcelados y 16.000 ejecutados, según un estudio de 2004 del doctor en Ciencias Matemáticas Nikolay Yemelianov, de la Universidad Humanitaria San Tijon. Pero el exterminio físico no era bastante.

La juventud comunista (el Komsomol) organizaba procesiones blasfemas en fechas bien precisas: en Navidades y en Pascua. Por ejemplo, junto a la capilla de la Virgen de Iberia, en la Plaza Roja de Moscú, en vísperas de la Navidad de 1923, el Komsomol convocó un “carnaval comunista” con imágenes insultantes de Dios Padre, Jesucristo y la Virgen María.

Animaba la fiesta el equivalente soviético del actual cómico blasfemo Leo Bassi: se llamaba Andrey Shojin, y la prensa le apodaba “el pope komsomoliano”. Había parodiado el famoso himno bizantino Akathistos: “Alégrate, Marx, gran taumaturgo!”, cantaba en eslavo eclesiástico. No podía faltar una quema: en una hoguera ardieron muñecos representando a figuras religiosas: Alá, Buda, el Papa… La procesión atea cantaba: “Chillad, demonios, con más alegría / A bailar la carmañola / Todos los dioses al carnaval / El Komsomol, sin dios en lo alto, organiza su follón”.

Por esas fechas, recuerda Martin Amis en su libro Koba el terrible, Lenin escribía a Maxim Gorki, el literato de la nueva Rusia sin Dios: “Toda idea religiosa, toda idea de Dios, es una abyección indescriptible de la especie más peligrosa, una epidemia de la especie más abominable. Hay millones de pecados, hechos asquerosos, actos de violencia y contagios físicos que son menos peligrosos que la sutil y espiritual idea de Dios”.

Por esas mismas fechas, en la muy liberal Alemania de Weimar, no había limitaciones a la prensa insultante y al humor ofensivo. Por eso el historiador inglés Paul Johnson en su “Historia de los Judíos” afirma que “la atmósfera de violencia real que alimentó al nazismo estaba a su vez sostenida por la creciente violencia verbal y gráfica en los medios de difusión. A veces se sostiene que la sátira, incluso la más cruel, es un signo de salud en una sociedad libre, y que no deben imponérsele restricciones. La historia judía no confirma este criterio. Los judíos han sido blanco de estos ataques con más frecuencia que otro grupo cualquiera y saben por larga y amarga experiencia que la violencia impresa es sólo el preludio de la violencia sangrienta“. En el caso soviético, el humor blasfemo no fue un preludio, sino un coetáneo de la persecución a los cristianos.

Coplas y teatrillos insultantes


Entre 1920 y 1924 el ateísmo militante hizo florecer coplas insultantes contra los cristianos. Nadezhda Dozhdikova, profesora de literatura de la Academia de Arte Teatral de San Petersburgo, ha estudiado algunas obras de teatro ofensivas contra los creyentes. La más famosa era el “Juicio contra Dios”, de Rezbushkin: un pope de pueblo, un imán tártaro y un rabino judío, cada uno con su acento rústico propio, mostraban lo ridículo de sus creencias. Se exhibía en calles, delante de iglesias, y en locales de la Unión Sin Dios, municipales o del Partido.

En los años 20 se emitieron numerosos folletos con tiradas inmensas, explicando como representar sainetes antirreligiosos. “La ciencia es el camino correcto, y solo en ella creeremos“, decía un himno de Gorodetsky que los activistas ateos cantaban en Pascua a la puerta de las iglesias con la melodía de la Internacional. Es graciosa la fe cientifista de Gorodetsky, un poeta que pocos años antes componía himnos a Yarila, la deidad eslava del sol. En Navidad, a partir de 1927, a este himno se solían añadir las muy groseras “Coplas de la Anunciación”, contra la Virgen.

Menos insultos y más ciencia materialista
 

En 1922 una circular del Comité Central del Partido pedía en todo el país ser sistemáticos al desmantelar “la cosmovisión religiosa y sustituirla por una comprensión científica y materialista“.

Pero el especialista en historia de la Iglesia rusa O. Y. Liovin afirma que el régimen nunca llegó a ser sistemático: sus campañas funcionaban a impulsos, en Navidad y Pascua, y cambiaba sus enfoques, oscilando entre el insulto grosero y el intento de persuadir mediante el materialismo supuestamente científico.

“En general, la táctica de la propaganda antirreligiosa de los primeros años del poder soviético resultó errónea”, afirma Liovin. “Herir los sentimientos religiosos de los creyentes, profanar lo sagrado, intentar el cierre masivo de los templos, reprimir al clero… todo eso, de hecho, unió a los creyentes, provocando un cierto renacimiento religioso. Así que, después de una política de carga de caballería, el régimen recomendó pasar a un asedio a largo plazo”.

Sucedió a partir de enero de 1924, cuando murió Lenin y se produjo un breve cambio de ciclo. Durante cuatro años casi no hubo ejecuciones de religiosos… “sólo” 7.000 detenidos más. Una circular del Partido del 5 de septiembre de 1924 ordenó: “La propaganda antirreligiosa ha de llevarse en forma de explicaciones divulgativas desde el punto de vista de las ciencias naturales y políticas que minen la fe en dios y desenmascaren, con los hechos concretos, la estafa y avaricia de los milagreros, sanadores, etc. Es preciso evitar la agitación antirreligiosa masiva (disputas, escenificaciones, etc.) que insulten y hieran los sentimientos de la parte creyente de la población”.

La nueva política, oficialmente contraria a las procesiones ofensivas, llegó pronto a la prensa comunista. En el periódico “Frente Cultural“, en 1924, el columnista F. Oleshuk lo admitía así: “Desde hace varios años se realiza la pascua comunista como una forma de propaganda antirreligiosa. Tenemos una rica experiencia, pero es necesario tener en cuenta las consecuencias negativas. La organización de carnavales, manifestaciones y demás pasacalles es, sin duda, dañina, dado que está dirigida, sobre todo, contra los creyentes y a menudo se organiza incluso al lado de una iglesia. Es mejor reunir en muestro club a los que se pueda y se deba reeducar”.
  

En cuanto a las obras de teatro “últimamente surgieron muchas, pero casi ninguna es buena”, admiten. Al parecer, el activismo ateo teatral también entonces estaba condenado al leobassismo. “Para no escenificar porquerías, es necesario consultar la lista recomendada por los órganos directivos”, añadía el diario. “Frente Cultural” reconocía que “a tres de cada cuatro jóvenes la propaganda antirreligiosa les aburre“, así que Oleshuk proponía atraer a los jóvenes con deporte, “algo que les gusta”, y luego formarlos en los ideales ateos del régimen en los locales del Partido o el Komsomol, y diseñar actos interesantes en “veladas antipascuales”.


Gorki pedía más pasión y menos grosería a los ateos
 

En 1929 se celebró el II Congreso de la Unión de los Sin Dios, que estaba a punto de entrar en su mejor momento: en apenas dos años llegaría a tener 5 millones de afiliados y 60.000 células de activistas ateos en todo el país. En el discurso de apertura del 10 de junio, Gorki cargó contra la literatura atea grosera y de baja calidad. “Me parece que muchos se toman este trabajo, importante y de gran responsabilidad, como funcionarios, fríamente. ¡Tenemos que extirpar de la vida lo que se ha enraizado durante 20 siglos! En vuestro trabajo se nota cierto toque frío, de funcionario”, tronó su voz. “Mientras nuestros enemigos usan las emociones, un lago de patetismo con una fuerza enorme, nosotros no sentimos ningún patetismo, y si se siente, se expresa de tal forma que no persuade, sino que irrita. En el proceso doloroso de eliminar de nuestra vida las supersticiones religiosas, no se puede actuar de forma grosera“.


La semana de seis días… y 5.000 ejecutados

Pero el llamamiento de Gorki a la elegancia y al arte emotivo se iba a quedar en nada. Ese año empezó el periodo más duro que los cristianos habían conocido. Se eliminó la semana de 7 días, por judeocristiana, y se sustituyó por la semana “nepreryvka”, de seis días, con festivos cambiables, un invento que duró once años. De 1929 a 1931, fueron arrestadas 60.000 personas ligadas a la Iglesia Ortodoxa y 5.000 fueron ejecutadas, según el estudio de Nicolay Yemelianov (que no analiza la persecución contra otras religiones).

Las procesiones ateas insultantes volvieron a las calles. La historiadora Nina Vasílieva, de la Academia de Ciencias de Yakutia, explica la procesión atea de la noche de Pascua ortodoxa de 1929 en Yakutsk, 9.000 km al este de Moscú. Los participantes llevaban antorchas, una orquesta tocaba, cantaban canciones revolucionarias, desfilaban con tractores y con actores disfrazados de popes y chamanes. La procesión paraba en cada templo que estaba celebrando la Pascua para cantar canciones bolcheviques y gritar “religión abajo, ciencia arriba” y “fuera iconos”. A medianoche llegaban a la sede del partido donde aguantaban discursos y mítines hasta bien pasadas las 3 de la madrugada.

Alexandr Zajárov, catedrático de sociología de la Academia de Ciencias de Rusia, escribe que “en una fiesta navideña, los obreros de la fábrica Proletarka, en Tver, sacaron del templo 1.200 iconos y los quemaron ante 3.000 espectadores. Antes de este acto simbólico, desfilaron en procesión los hijos de los obreros. En la mina Yenákievski quemaron 870 iconos. Estos actos se diferenciaban de un sacrilegio carnavalesco normal en que eran demasiado fuertes: quemar iconos y enterrar la Navidad es algo que solo puedes hacer una vez. Cuando la ridiculización triunfa por completo, pierde su sentido, desaparece la tensión interior y el rito se degrada en actos mecánicos sin vivencia”, analiza este sociólogo.


Plan quinquenal contra Dios

De 1932 a 1936 la persecución religiosa fue menos violenta, pero más ambiciosa. Mientras se arrestaban unas 20.000 personas, la Unión de los Sin Dios elaboraba su “plan quinquenal” contra la religión, recuperado recientemente por el historiador S.N. Savéliev y difundido por su colega Serguey Firsov. El plan consistía en cerrar todas las iglesias y centros de oración entre 1932 y 1933. En 1934, debían desaparecer las nociones religiosas inculcadas por la literatura y la familia. En 1936 ya no debía quedar ningún sacerdote. Y en 1937 debían eliminarse los últimos reductos de la religión.


En 1936, la URSS había visto pasar por sus cárceles 112.000 presos ligados a la Iglesia ortodoxa, y 21.000 habían sido ejecutados.

Ese año, en España se iniciaba una persecución religiosa al grito de “viva Rusia”, que entre agosto y septiembre implicó el asesinato de 3.400 religiosos: 57 al día.

Después de 20 años comunistas…¡millones de creyentes!

El censo ruso de 1937, después de 20 años de comunismo, blasfemias y represión, espantó a los ateos. Explica Firsov que de 30 millones de ciudadanos de la URSS analfabetos mayores de 16 años, el 84 % (más de 25 millones) se declararaban creyentes; y de los 68,5 millones de alfabetizados, el 45 % (más de 30 millones) aún creían en Dios.

Se imponía más mano dura, es decir, más sangre, un baño inimaginable. En 1937 y en 1938 la persecución religiosa contra los ortodoxos superó todo lo visto antes: 100.000 ejecuciones y 200.000 deportados o represaliados.


Entre 1939 y 1942 ya no quedaban casi ortodoxos declarados para ejecutar: se mató sólo a unos 4.000 más.

Y después todo cambió: Stalin necesitaba apelar a la Madre Rusia para su guerra contra Hitler y paró la persecución directa contra lo poco que quedaba de la Iglesia Ortodoxa. La Unión de los Sin Dios perdió sentido y funciones. La represión entró en otra fase y desaparecieron las procesiones ateas. Con las clases de Ateísmo Científico en la universidad y un nivel de acoso medio-bajo, las religiones debían desaparecer en pocas décadas.


Al adentrarse el siglo XXI
 
Una encuesta del año 2010 establece el panorama religioso actual en Rusia: 73% de Ortodoxos, 6% de musulmanes, aproximadamente un 20% de no creyentes. El 16% de los rusos dice guardar los ayunos en Cuaresma.

En 2006, en un encuentro de activistas ateos en el Instituto Salk de La Jolla, California, el científico del CNRS de París, Scott Atran, se lamentaba de la agresividad e ignorancia del “nuevo ateísmo“, que piensa que combinando ciencia y humor grosero se eliminará la religión del mundo.

Atran, hablando con el New Scientist, comparaba a esos ateos con “otra especie de secta neocristiana”. “Los argumentos que se están dando aquí son extraordinariamente ciegos y simplistas. Los soviéticos enseñaban a los niños ciencia en la escuela –religiosamente- y no funcionó muy bien. No creo que los científicos, cuando se salen de la ciencia, tengan mayor visión que la gente ordinaria de la calle. Hace que me de vergüenza ser ateo”.