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Por: Cosme Puerto Pascual, o.p.
Según la Real Academia, integrar significa “formar las partes de un todo, completar un todo con las partes que faltaban”; y normalizar se define “como regularizar o poner en buen orden lo que no lo estaba, hacer que una cosa sea normal”.

La sexualidad no es algo simple sino muy complejo, y la integración de sus múltiples componentes es una tarea indefinida. Esta integración de base en los componentes de la sexualidad, cuando ya no es experimentada como fracaso, sino buscada como técnica del cuerpo, hace del erotismo el contrapelo de la ternura. En la ternura, la relación hacia otro puede más, y ésta puede entonces incorporarse al erotismo en el sentido de un componente sensual de la sexualidad. En el erotismo, el cultivo egoísta del placer puede más que el intercambio de la donación mutua.

El concepto más pleno de sexualidad humana que hemos tratado de reflejar en este estudio, implica una definición de castidad en términos más amplios y positivos. La castidad sería el esfuerzo que capacita a la persona para transformar la potencia de la sexualidad humana en una fuerza realizadora e integradora de la unidad de la persona y de su proyecto de vida. La castidad fomenta la realización del propio ser sexuado y fomenta la integración personal junto con los demás en la sociedad. La castidad hace posible el desarrollo intrapersonal e interpersonal, invitando a dar una respuesta activa a las posibilidades que ofrece la sexualidad humana.

Quisiéramos explicar los términos castidad e integración, cuyo significado es con frecuencia mal entendido o desconocido. Cuando se habla de castidad, se asocia inmediatamente a una imagen de sexualidad entendida como genitalidad, negada o frustrada, de modo que una excesiva castidad ha sido considerada por muchos nociva para el amor y la salud. Pero la castidad se refiere también al todo sexual, no solo a la subparte de la parte somática que llamamos genitalidad. Para poder comprender su significado debemos partir del análisis del todo sexual y no sólo de una pequeña subparte.

Al hablar del todo sexual hemos dicho que en él están copresentes no una de sus dimensiones o instancias, sino todas ellas —la somática, la psíquica, la afectiva, la social, la axiológica, la religiosa y la sanitaria—, las cuales integradas unas en otras forman la unidad del todo sexual en una perfecta armonía. Estas instancias, precisamente por estar dotadas de una dinámica intrínseca, no se integran entre sí de modo pacífico y espontáneo, sino que cada uno intenta seguir su dirección y objetivos diferentes. 

Unas maduran antes que otras, y todas intentan poner su primacía sobre las otras por su cuenta y de manera convulsa. Es, pues, una tarea importantísima de la persona sexuada tratar de integrar y unificar estas instancias que, en continua lucha y desacuerdo, la conducirían a un comportamiento no integrado, armonioso y uniforme.