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Hay un tercer balazo disparado por otro atacante, según el juez.

¿Quién ordenó matar al Papa polaco? ¿Quiénes intentaron el crimen sacrílego de un líder religioso y el magnicidio de un jefe de Estado? Un vasto velo de misterio sigue encubriendo la verdad treinta años después y los detalles del atentado cometido a las 17.17 en la plaza de San Pedro, aquel histórico 13 de mayo de 1981. Juan Pablo II fue salvado con una operación tras llegar desangrado al policlínico Gemelli.
Los jueces que intervinieron dicen que los balazos dirigidos contra el pontífice fueron tres y no dos . También eran dos los asesinos frustrados y no el solitario Alí Mehmet Agcá, el turco de extrema derecha de 23 años arrestado de inmediato, condenado a cadena perpetua y que hoy reside en su país, tras ser liberado en enero de 2010. Lo cuenta Julio Algañaraz en Clarin.
El juez instructor que tomó en sus manos la investigación, Ilario Martella, es el que más se ha aproximado a la verdad de lo que ocurrió aquella tarde durante la audiencia general de los miércoles. Karol Wojtyla, parado en el Jeep blanco con el que recorría la plaza San Pedro entre los fieles, besó a una niña. Apenas la devolvió a sus padres, sonaron los disparos y el Papa cayó en el Jeep ante la desesperación de todos.
El juez Martella cree que a los instigadores del atentado hay que buscarlos en el Kremlin . Los líderes soviéticos comprendieron de inmediato que la elección de un Papa polaco, el 16 de octubre de 1978, representaba un peligro mortal para ellos. Diez años después el comunismo soviético y sus satélites europeos sucumbían.
Esta tesis sostiene que el KGB, los servicios secretos soviéticos, pasaron el quemante “contrato” a los fieles servicios búlgaros, que a su vez, a través de la mafia turca con la que hacían grandes tráficos de armas y droga, encontraron los ejecutores en los “Lobos grises” turcos, una organización de extrema derecha islámica en la que militaba Alí Agcá. El asesino sólo sabía que su grupo quería matar al Papa como el mismo Agcá había jurado un tiempo antes, cuando Juan Pablo II visitó Turquía.
La famosa pista búlgara, que llevaba directamente al Kremlin, nunca pudo ser comprobada, pero es aún la más probable entre las pistas que se barajan. El juez Martella muestra una foto en la que se ve a un joven de espaldas, con una pistola, que escapa tras el ataque, mezclándose entre la multitud.
De la pistola de Agcá partieron dos disparos que dieron en el cuerpo de Juan Pablo II, causándole la herida casi mortal en la zona intestinal.
Pero hay un tercer balazo disparado por otro atacante, según el juez, que quedó en el piso del Jeep. Nunca pudo ser analizado porque el Papa no quiso entregarlo a la justicia italiana. “Si pudiéramos hacer una revisación científica, podríamos descubrir que ese balazo fue disparado por otra pistola”, concluye Martella. El 13 de mayo era el día de la virgen de Fátima y Wojtyla creía que la intervención providencial de la virgen desvió las balas fatales y le salvó la vida.