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Le forzaron a abandonar la representación norteamericana en Londres 2012 y además cesan a cualquiera que le apoye. 
A Peter Vidmar nadie puede acusarle de “homofobia”, ni de discriminar a los homosexuales. No ha hecho ni dicho nada en contra de los derechos de nadie. Pero cometió un delito: asistió a dos manifestaciones y aportó dos mil dólares a favor de la Proposición 8, que en 2008 triunfó en referéndum y modificó la constitución del Estado de California para que sólo se considere matrimonio el contraído entre hombre y mujer.

El lobby gay no ha olvidado esa derrota, y se la ha hecho pagar a Vidmar, que tiene ahora 49 años, cuando fue elegido representante del equipo olímpico norteamericano en los Juegos de Londres 2012. Hasta ese día, era un héroe nacional, que en las Olimpiadas de 1984 había logrado dos oros y una plata y logrado la más alta calificación en un ejercicio en la historia de la gimnasia estadounidense.

Pero en cuanto se supo su nominación, los grupos de presión a favor del matrimonio homosexual empezaron una campaña contra él. De nada sirvió que Vidmar insistiese en que sus puntos de vista no influirían en su cargo: “Respeto los derechos de todos a tener las relaciones que quieran, e independientemente de su raza, religión u orientación sexual, velaré apasionadamente por los intereses de todos los atletas del equipo norteamericano”.

La presión fue tan grande, que le hizo dimitir a principios de mayo, apenas ocho días después de su nombramiento: “He dedicado mi vida al movimiento olímpico, y no querría que mis personales creencias religiosas [Vidmar es mormón] fuesen una distracción ante las cosas maravillosas que van a pasar en los Juegos Olímpicos. No quiero que mi presencia vaya en detrimento de la familia olímpica norteamericana”.

Pero no se trata sólo de una cuestión personal. A pesar de que el presidente del comité olímpico norteamericano, Scott Blackmun, le ha apoyado antes y después de su designación, las razones aducidas por el lobby gay en esta peculiar caza de brujas son que la igualdad de derechos que caracteriza el movimiento olímpico sería incompatible con la defensa del matrimonio. De hecho, la única afirmación de Vidmar que ha sido criticada es la siguiente: “Creo que es bueno para nuestra sociedad mantener la definición de matrimonio entre hombre y mujer”.

Mormón y católico, censurados por lo mismo

Y la caza de brujas no ha terminado con él. Un comentarista deportivo de la televisión canadiense, Damian Goddard, fue cesado esta misma semana tras apoyar en Twitter a Vidmar y a un agente deportivo de hockey sobre hielo envuelto en una polémica similar, Todd Reynolds.

“Apoyo de corazón a Reynolds y su defensa del tradicional y verdadero sentido del matrimonio. En momentos como éstos es cuando agradezco mi fe católica”, dijo Goddard.

Pero, a juzgar por su experiencia y la de Vidmar, es un asunto en el que cada vez tiene peores consecuencias disentir.