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Casi 200 parroquias conservadoras, disgustadas, se plantean su marcha a otras denominaciones.
La mayor iglesia presbiteriana de Estados Unidos, la PCUSA (Presbyterian Church USA), de corte progresista, aprobó el martes por mayoría simple cambiar los requisitos para admitir candidatos al clero (ministros, ancianos y diáconos; no tienen obispos). Ya no piden “fidelidad en la alianza entre hombre y mujer o castidad en la soltería”, ahora sólo se pide “deseo de someterse gozosamente al Señorío de Jesucristo en todos los aspectos de la vida”.

Era algo que se decidió en asamblea en 2010 pero que necesitaba ser ratificado por una mayoría de los 173 presbiterios en los que está organizada esta denominación: el martes se logró la mayoría simple con el voto 87 a favor del “sí”.
 

Cada presbiterio elige a sus propios candidatos a clero, pero, como dice la nota oficial de la iglesia, “las personas en relaciones del mismo sexo pueden ser candidatas a la ordenación o designación como diáconos, ancianos o ministros”. No se les pide ni compromiso, ni monogamia, ni heterosexualidad ni exclusividad… todo vale siempre que se invoque un vaporoso “Señorío de Jesús” y un presbiterio acepte al candidato.

La PCUSA cuenta con unos 2 millones de miembros activos, un 10% menos que hace apenas cinco años, cuando en 2006 contaban con 2.267.000. De 2006 a 2009 unas 60 de sus parroquias marcharon a otras denominaciones, mientras que solo 5 comunidades se unieron a PCUSA atraídas por su deriva liberal.


Ahora, casi 200 parroquias y comunidades conservadoras, organizadas en una asociación llamada New Wineskines Association of Churches, se plantean si abandonar PCUSA por otra denominación presbiteriana, crear su propia iglesia (de lo cual hay muchos precedentes en EEUU) o mantenerse dentro de PCUSA aprovechando la amplia autonomía que tienen los presbiterios.

El precedente de la deriva liberal entre los episcopalianos (anglicanos de EEUU), que han acosado sistemáticamente a sus parroquias conservadoras, habla contra el intento de crear una “burbuja” conservadora cuando la mayoría es liberal. Pero la organización presbiteriana es menos centralizada que la episcopaliana y permite más margen de maniobra. Además, los edificios por lo general pertenecen a las comunidades, no a la iglesia.

Escindirse cuando se cambian las doctrinas es casi una tradición presbiteriana y hay al menos 3 precedentes importantes en el país. En los años 30 se fundó una pequeña Iglesia Presbiteriana Ortodoxa, calvinista y anti-modernista, que cuenta con unas 250 comunidades y unos 30.000 fieles.

Después, en los años 70, muchas comunidades se fueron de PCUSA inquietas por el avance liberal de la denominación. Fundaron la Presbyterian Church of America, conservadora, que hoy tiene casi 350.000 miembros en 1.740 comunidades.

Por último, en 1980 y 1981 se organizó otro grupo, la Evangelical Presbyterian Church, de estilo evangélico, abierto en lo litúrgico pero conservador en moral, molestos porque no diese importancia a la doctrina de que Jesús es el único Salvador. Cuentan con 300 comunidades y unos 115.000 miembros.

Las parroquias de PCUSA descontentas con el clero homosexual o “no casto” y su teología liberal pueden elegir entre estas tres opciones o crear su propio grupo.
 
Los presbiterianos están viviendo un proceso similar al de los episcopalianos, los unitaristas y los luteranos: sus iglesias principales empiezan aceptando una teología “inclusiva”, después imponen el clero homosexual y el tercer paso es marginar o castigar a los descontentos. Cuando los luteranos liberales de la ELCA han aceptado la práctica homosexual, una minoría descontenta se ha marchado a la “rama conservadora”, los luteranos del “Sínodo de Missouri”. Los episcopalianos conservadores crearon en 2009 con unas 700 parroquias la Anglican Church of North America. Los unitaristas, la más liberal de todas las iglesias “progres”, simplemente pierden fieles.

Por lo general, las nuevas denominaciones conservadoras son más pequeñas que sus “hermanas” progresistas, pero van creciendo por su impulso misionero.

Por el contrario, las iglesias progresistas se ven sometidas a un goteo de deserciones y abandonos… y al simple envejecimiento. La teología “progre” ni es misionera ni atrae fieles.