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Fuera de toda comparación física o metafórica… ¿cómo puede explicarse la grandeza de esta ilustre figura de la literatura del s. XX como persona, como pensador, como escritor, como hombre…? 
Ignacio María Rubio

La figura de Gilbert K. Chesterton es inmensa en todos los sentidos. Años después de su muerte, un famoso escritor que lo escuchó en una de sus conferencias en la BBC, lo describía alejándose solitario por la calle tarareando una canción con aire distraído –y efectivamente distraído– balanceando su enorme cuerpo “como un galeote de Lepanto después de la batalla”. Fuera de toda comparación física o metafórica… ¿cómo puede explicarse la grandeza de esta ilustre figura de la literatura del s. XX como persona, como pensador, como escritor, como hombre…?

Sería demasiado ambicioso querer resolver esta cuestión de un plumazo, porque exige una respuesta casi tan grande, o mayor incluso, que la misma pregunta. Puestos a simplificar la dificultad con una respuesta satisfactoria, uno de los aspectos que habría que destacar es lo que llamaríamos “descubrir la realidad”. Y esto, no porque sea lo más importante o la principal aportación de este eminente autor, sino porque es lo primero. El primer paso siempre tiene su toque especial: es trascendental para el resto del camino. Nadie puede llegar al final y ver todos los frutos que ha cosechado a lo largo de su peregrinar sin haber dado ese primer y trascendental paso.

La propuesta de Chesterton es la de tomar en serio la realidad en su integridad, empezando por la realidad interior del hombre, y disponer confiadamente el intelecto purificado de ambages y prejuicios ideológicos. Es decir ver las cosas con sencillez y actuar siguiendo el sentido común. En sus escritos es capaz de tratar cualquier realidad (desde realidades físicas sencillas y cotidianas como un trozo de tiza, un paseo por el campo o un sombrero, hasta realidades espirituales como la fe o la conversión) con una claridad e incisividad libre de todo exceso sentimentalista o moralista. Y esto se deriva de la atenta lectura de la realidad que hace Chesterton y de su capacidad de interpretarla guiado por esa sabiduría profundísima, tan poco valorada y tan escasa, del sentido común. “El mundo moderno ha sufrido una caída mental mucho más consistente que la caída moral”. Este es el punto. Antes de atacar cualquier vicio o idea descarriada, Chesterton ataca el fallo en la visión: el primer paso está dado en falso. Se avanza con una concepción equivocada de la realidad, que es la base de todo error que se levante sobre ese primer paso mal dado.

Por esto lo primero que se puede aprender del gran Chesterton es esto: descubrir la realidad. Al leer cualquiera de sus escritos uno queda impregnado por esa visión tan lógica y clara, novedosa para muchas mentalidades. La visión que te muestra la realidad con sencillez, tal y como es. Para muchos es un descanso y para otros muchos el leer a Chesterton es pura higiene mental.