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Evangelio según San Juan 15,12-17.

Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
 

Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
 
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.

Leer el comentario del Evangelio por :

San Gregorio Magno (v. 540-604), Papa y doctor de la Iglesia
Homilías sobre los Evangelios, n° 27; PL 76, 1204 


«Este es mi mandamiento: amaos los unos a los otros como yo os he amado»

Todas las palabras sagradas del Evangelio están repletas de mandamientos del Señor. ¿Entonces, por qué, el Señor dijo que el amor era su mandato? “Este es mi mandamiento: amamos los unos a los otros.” Resulta que todos los mandamientos surgen del amor, que todos los preceptos son sólo uno, y cuyo único fundamento es la caridad.

 
Las ramas de un árbol brotan de la misma raíz: así todas las virtudes nacen sólo de la caridad. La rama de una buena obra, no permanece vigorosa,  si separa de la raíz de la caridad. Por lo tanto, los mandamientos del Señor son numerosos, y al mismo tiempo son uno – múltiple por la diversidad de las obras, uno en la raíz del amor.

¿Cómo mantener este amor? El mismo Señor nos lo da a entender: en la mayoría de los preceptos de su Evangelio, ordena a sus amigos que se amen en Él, y que amen a sus enemigos por Él. El que ama a su amigo en Dios y su enemigo por Dios, posee la verdadera caridad.

Hay personas que aman a sus familiares, pero sólo movidos por sentimientos de afecto que surgen del parentesco natural…  Las palabras sagradas del Evangelio no hacen a estos hombres ningún reproche. Pero lo que espontáneamente se le da a la naturaleza es una cosa, y aquello que se da por caridad en obediencia es otra. Las personas a las que me he referido, aman sin duda a su prójimo… pero según la carne y no según el Espíritu…  Diciendo: “Este es mi mandamiento: amaos los unos a los otros”, el Señor, inmediatamente ha añadido: “Como yo os he amado.” Estas palabras significan claramente: “amar por la misma razón que Yo os he amado”.