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 LIMA, 23 May. 11 / 04:53 pm (ACI). El Arzobispo de Lima (Perú), Cardenal Juan Luis Cipriani, exigió al novelista y declarado agnóstico, Mario Vargas Llosa, respetar a la Iglesia y no inventar “una Iglesia en la que cualquier persona, con o sin prestigio, desde un balcón dice: ‘Yo no creo nada’. Pero si no crees nada, no tienes vela en este entierro”.

Este sábado, en el programa radial Diálogo de Fe, el Cardenal agradeció al clero de Lima y a los franciscanos por su solidaridad ante los ataques del escritor, que lo acusó de no respetar los derechos humanos y de “representar la peor tradición de la Iglesia”.

“Yo, en nombre de la verdad, sí reclamo un mayor respeto por la Iglesia, que es el cuerpo místico de Cristo”, afirmó el Purpurado.

Asimismo, advirtió las contradicciones de aquellas personas que hablan de defender los derechos humanos pero no respetan el derecho a la vida desde la concepción, como es el caso de Vargas Llosa que en varias ocasiones se ha mostrado a favor del aborto.

“Esto no es una pelea coyuntural. La vida no es un problema del mes de mayo ni de esta elección. La vida es un derecho fundamental para que la civilización pueda trabajar en paz y para que pueda seguir adelante con el mínimo de verdad”, señaló.

El Arzobispo recordó que “los Derechos Humanos son un cuerpo orgánico, un conjunto: el derecho a la vida, a la libertad de opinión, a la religión, a la educación, a la seguridad pública, al estudio; son muchos derechos. En ese instante que te fijas una posición te cae un ataque que pretende asustarte, pero los que no tenemos miedo no nos replegamos”.

En ese sentido, advirtió que se está dando “un enorme déficit de verdad y ha entrado en crisis por la situación electoral. No hablo de política, hablo de un valor esencial para la vida social que es el mayor respeto a la verdad y por lo tanto a la persona y a sus acciones”.

El Cardenal Cipriani indicó que nunca dirá por quién votará en las próximas elecciones presidenciales, “pero puedo dar pautas: que se respete la verdad, que haya más paz, que no haya violencia, que se respeten las normas más o menos establecidas, que no se mienta, que no se ofenda, que son principios de conducta civilizada”.

El programa completo puede oírse en http://radio.rpp.com.pe/dialogodefe/audios/

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Por: Mons. Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles
En la lectura del Evangelio de este III Domingo de Pascua no puede dejar de llamar la atención el hecho de que los dos discípulos de Emaús –¡son discípulos de Jesús!– caminen un largo trecho (11 km) con Jesús mismo resucitado y no lo reconozcan.
Lo conversado durante el camino daba como para sospechar. En efecto, primero se extrañan por la falta de información de ese desconocido que se les une en el camino: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han sucedido en ella?… Lo de Jesús el Nazareno…». Pero luego resulta que el desconocido sabe sobre esas cosas mucho más que ellos, hasta el punto de explicarles el sentido de todo lo ocurrido: «Les dijo: “¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?”. Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él –sobre el Cristo– en todas las Escrituras». 
A esto se agrega que esos discípulos sabían lo dicho por las mujeres que visitaron de madrugada el sepulcro: «Vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía». Pero a los Once y a ellos lo dicho por las mujeres les había parecido «como desatinos y no les creían» (Lc 24,11).
¿Por qué  Jesús no les dijo derechamente: “Jesús el Nazareno soy yo que resucité esta mañana”? Porque eso tampoco les habría bastado para que lo reconocieran. El Evangelio explica que había algo que impedía a sus ojos reconocerlo: «Sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran». No es por medio de los ojos como se puede reconocer a Jesús resucitado. No es la visión material de Jesús la que puede convencerlos de su resurrección. 
Lo que quiere enseñar el Evangelio es que la resurrección de Jesús, aunque es un hecho histórico con repercusión clara en la historia de la humanidad, permanece una verdad de fe. ¿Cómo lo reconocen, entonces? Para esto son necesarias dos cosas, que son las que despiertan la fe.
En primer lugar, el contacto con las Escrituras. Es cierto que los discípulos de Emaús no reconocen a Jesús; pero reconocen lo que se producía en su corazón cuando les hablaba: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino  y nos explicaba las Escrituras?».
Este es el antecedente. Pero el punto culminante fue este otro: «Cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció de su lado». Desapareció de su lado, sí y no. Desapareció su presencia visible, que, como ya dijimos, no fue suficiente para que lo reconocieran; pero quedó su presencia real en ese pan partido y entregado. Y esta presencia fue la decisiva para que lo conocieran. 
Después que regresan a Jerusalén con la noticia contaron a los Once y a los demás «lo que había pasado en el camino y cómo lo habían conocido en la fracción del pan». La fracción del pan: este es el primer nombre que recibió la Eucaristía, debido a que con ese signo característico expresó Jesús su entrega en sacrificio y la distribución de su Cuerpo como alimento de vida eterna.
Los discípulos de Emaús no nos aventajan a nosotros. También nosotros tenemos los medios que a ellos les permitieron el conocimiento de Jesús resucitado: la Palabra de Dios y el Cuerpo de Cristo. Es más, la unión que tuvieron con Jesús esos discípulos después de comer el pan partido por Jesús fue mucho mayor que la que tenían en el camino mientras caminaban con él. Allí se estaba cumpliendo lo anunciado por Jesús y realizado al partir el pan en la última cena: «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él» (Jn 6,56). 
Esta es la unión que tenemos nosotros con Jesús ahora cuando participamos de la Eucaristía. La experiencia de los discípulos de Emaús ese primer día de la semana se repite en cada Eucaristía. Por eso, el primer día de la semana no deberíamos perder la Eucaristía por nada de este mundo.
                  

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Historiadores confírman la autenticidad del Título de condena de la Cruz de Jesús Se conserva eLfragmento trasladado a Roma por Santa Helena, pero se perdió el de Jerusalén rante su guerra civü contra Magencio. El prefecto romano, Poncio Püato, condenó a muerte a Jesús por haberse declarado mesías o rey de los judíos, un delito de traición a Roma. 
El delito debía figurar en su Titulus damnationis lo mismo que el nombre del reo y, como el de Jeshua era bastante común, su lugar de nacimiento o algún otro detalle de identificación. La palabra Nazarenus es correcta en latín, el idioma oficial de un texto escrito en tres lenguas precisamente para que lo entendiesen los judíos y forasteros venidos a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Quizá por eso emplea ima mera trasliteración del latín para la palabra griega nazarenous que debería ser nazoraios si respondiese al término original hebreo

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Uno de los 33 mineros chilenos de la mina San José, se casa por la Iglesia. Ambos habían prometido que lo harían si Esteban salía vivo de la mina. 
Luis Antequera/ReL 
 
Una historia de amor con final feliz, de los de Hollywood de toda la vida. El minero, uno de los treinta y tres que pasara setenta días atrapado en la mina San José de Chile de la que durante mucho tiempo se pensó que nunca saldrían, se ha casado con el amor de toda su vida, Jessica Yánez, con la única particularidad de que… ¡ya estaban casados! El minero Esteban y su mujer, efectivamente, estaban casados por lo civil desde hacía veinticinco años, pero habían prometido que si el primero salía con vida de la mina en la que se hallaba atrapado, se casarían por la Iglesia.

La ceremonia se celebró el pasado sábado 9 en la iglesia católica de La Candelaria de Copiapó, y fue padrino de la ceremonia el ministro de minería Laurence Golborne, quien por su parte, había prometido oficiar como tal cuando aquél cumpliera con su palabra.

Rojas fue el minero número dieciocho en salir de la mina San José, en un rescate que mantuvo al mundo en vilo y que tuvo lugar el pasado día 13 de octubre. “Cuando salgas, nos casamos por la Iglesia”, le había escrito Jessica en una de las cartas que le hizo llegar mientras él esperaba poder salir algún día del vientre de la tierra. “Cuando salga, te compro el vestido y nos casamos”, había respondido el minero.

Jessica permaneció todos y cada uno de los días que duró la obligada estancia de los mineros en la mina esperando la salida de su amor. “El matrimonio dice que hay que estar juntos en las buenas y en las malas, y aquí sigo estando con él”, había dicho Jessica uno de esos días que duró su larga espera.

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 13 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.
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Queridos hermanos y hermanas:
Hoy es el primer domingo de Cuaresma, el tiempo litúrgico de cuarenta días que constituye en la Iglesia un camino espiritual de preparación para Pascua. Se trata, en definitiva, de seguir a Jesús, que se dirige decididamente hacia la Cruz, culmen de su misión de salvación. Si nos preguntamos: ¿por qué la Cuaresma? ¿Por qué la Cruz? 
La respuesta, en términos radicales, es ésta: porque existe el mal, es más, el pecado, que según las Escrituras es la causa profunda de todo mal. Pero esta afirmación no es algo que se puede dar por descontado, y la misma palabra “pecado” no es aceptada por muchos, pues presupone una visión religiosa del mundo y del hombre. De hecho, es verdad: si se elimina a Dios del horizonte del mundo, no se puede hablar de pecado. Al igual que cuando se esconde el sol desaparecen las sombras –la sombra sólo parece cuando hay sol–, del mismo modo el eclipse de Dios comporta necesariamente el eclipse del pecado. 
Por este motivo, el sentido del pecado –que es algo diferente al “sentido de culpa”, como lo entiende la psicología–, se alcanza redescubriendo el sentido de Dios. Lo expresa el Salmo Miserere, atribuido al rey David con motivo de su doble pecado de adulterio y de homicidio: “Contra ti –dice David dirigiéndose a Dios–, contra ti sólo he pecado” (Salmo 51,6).
Ante el mal moral, la actitud de Dios es la de oponerse al pecado y salvar al pecador. Dios no tolera el mal, pues es Amor, Justicia, Fidelidad; y precisamente por este motivo no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Para salvar a la humanidad, Dios interviene: lo vemos en toda la historia del pueblo judío, a partir de la liberación de Egipto. Dios está determinado a liberar a sus hijos de la esclavitud para conducirles a la libertad. Y la esclavitud más grave y profunda es precisamente la del pecado. 
Por este motivo, Dios ha enviado a su Hijo al mundo: para liberar a los hombres del dominio de Satanás, “origen y causa de todo pecado”. Lo ha enviado a nuestra carne mortal para que se convirtiera en víctima de expiación, muriendo por nosotros en la cruz. Contra este plan de salvación definitivo y universal, el Diablo se ha opuesto con todas sus fuerzas, como lo demuestra en particular el Evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto, que es proclamado cada año en el primer domingo de Cuaresma. 
De hecho, entrar en este período litúrgico significa ponerse cada vez del lado de Cristo contra el pecado, afrontar –ya sea como personas ya sea como Iglesia– el combate espiritual contra el espíritu del mal (Miércoles de Ceniza, oración colecta).
Por este motivo, invocamos la ayuda maternal de María Santísima para el camino cuaresmal que acaba de comenzar para que esté lleno de frutos de conversión. Pido un recuerdo especial en la oración por mí y mis colaboradores de la Curia Romana, que esta noche comenzaremos la semana de Ejercicios Espirituales.
[Después de rezar el Ángelus, Benedicto XVI añadio:]
Queridos hermanos y hermanas:
Las imágenes del trágico terremoto y del consiguiente tsunami en Japón nos han impresionando profundamente a todos. Deseo renovar mi cercanía espiritual a las queridas poblaciones de ese país, que con dignidad y valentía están afrontando las consecuencias de estas calamidades. Rezo por las víctimas y por sus familiares y por todos los que sufren a causa de estos tremendos eventos. Aliento a todos los que, con encomiable rapidez, se están comprometiendo para llevar ayuda. Permanezcamos unidos en la oración. ¡El Señor está a nuestro lado!
[A continuación, el papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, en particular al grupo de ucranianos llegados desde España y a los fieles de las parroquias de san Nicolás, de Plasencia y san Francisco de Sales, de Mérida. En este tiempo de Cuaresma, la imagen del desierto nos invita a recogernos interiormente y, con espíritu de penitencia, progresar en nuestro camino espiritual. Que apoyados en la Palabra de Dios y guiados por el ejemplo del Salvador vivamos con alegría y aprovechemos este tiempo de gracia. Os ruego también un recuerdo particular por mí y por mis colaboradores de la Curia romana, que esta tarde comenzaremos los ejercicios espirituales. Feliz domingo.

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.- A Catholic man is running across America and praying the whole way. Despite the difficulties he has faced, he says he wants to use his talents to serve God and to help those he prays for.

Jeff Grabosky, 27, plans to begin his 3,700-mile run in Oceanside, California on Jan. 20 and end in Long Island’s Smith Point in New York City on May 26.

The primary mission of his run is to encourage prayer in America and across the world. He is taking prayer requests and praying a decade of the Rosary for each intention during his run.

Grabosky’s faith has helped him survive some “very difficult times,” he told CNA in a Jan. 17 interview. A week after his mother died from cancer in 2006, his wife told him that she was leaving him.

“I was left living out of my car for two months,” he said. “It took everything I had just to make it to the end of each day, as it felt the world around me was crashing down. The one consistent thing in my life was prayer as I constantly asked God for his help. As difficult as things were, I trusted that the Lord would help pull me through and that He had a plan.”

Grabosky’s “long road back” included setbacks like a collapsed lung and a week-long stay in intensive care. But his faith in God “only became stronger” because of what he experienced.

Now he wants to inspire others to pursue their dreams “even if this world thinks that it may be out of the ordinary or even impossible.”

The New Jersey native has been around runners since his childhood, when his mother would take him to the track on summer mornings. He ran cross country and track through middle school and high school, but he was not fast enough to run on the Division I team of University of Notre Dame, where he graduated from in 2005. He only ran intramural cross country and finished his first marathon as a senior in college.

He first had the idea to run across America after his second marathon finish in 2008.

“I thought a run across the country would be an awesome experience and an incredible challenge, but I put it on the back burner for some time because of what I had going on in my life.”

He said that the physical challenges of his task will be “extremely difficult” but the mental challenges will be even harder.

“I think it will be easy to become frustrated and to think negatively,” he added. “I will need to stay focused at all times.”

Loneliness is one problem he anticipates because he is running solo without a support team. He said he has planned in advance how much food and water to carry, appropriate clothes to wear, where to stay, and what route to follow.

Grabosky took inspiration from his mother, who used to pray the Rosary whenever she ran.

The prayer requests he is receiving have opened his eyes to how “everyone is struggling with something.” He saw no better way to help those in need than to encourage prayer and pray for their intentions.

“It’s interesting how God works. I started out thinking I would need to finish this run for myself, but now more than anything I need to finish it for all those I am praying for,” he said.

“I believe God can help us overcome and make it through anything if we only trust in Him. I tell people who are in tough stretches that this life is often difficult, but God has a plan for us and if we let Him in our hearts He can and will do amazing things with our lives. If you truly believe that, then it is hard to not smile and look at each day with an optimistic attitude.”

His transcontinental route passes through Arizona, New Mexico, Texas, Oklahoma, Missouri, Illinois, Indiana, Ohio, West Virginia, Pennsylvania, Maryland, Virginia and Pennsylvania. He will also swing through New Jersey and Washington, D.C.

Grabosky said people who want to support him should send in any prayer requests, which will help motivate him to finish. He also invited others to run or walk with him along his route.

He hopes to speak with as many people as possible along his way. He is scheduling talks with youth groups and welcomes any invitations.

The marathon runner is also asking for people to lend him a couch or a place to sleep the night.

“I know this is going to be an extremely difficult challenge and it would mean a lot to me to know people are keeping my health and safety on this run in their thoughts and prayers as well,” Grabosky said. “I have no doubt in mind there are going to some brutal days out there but I believe in the words of Philippians 4:13, that I can do all things in Christ who gives me strength.”

More information about Grabosky’s run is at his website http://jeffrunsamerica.com