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Giuseppe Mario Pantaleo o José Mario Pantaleo (1915-1992) fue un sacerdote Italiano, nacido en Pistoia que vivió la mayor parte de su vida en Argentina, siendo conocido popularmente como Padre Mario. Mario Pantaleo fue bien conocido como sacerdote sanador y por su obra en favor de los pobres y desposeídos de González Catán. Era también Licenciado en Psicología y Filosofía.

Cuando llegué por primera vez a González Catán, solo encontré un barrio opaco y gris, estragado por la pobreza y la marginalidad, un lugar desértico. En mi interior, una voz muda me decía que tenía una importante misión que cumplir.

En 1958 Padre Mario decide viajar a Buenos Aires para estudiar filosofía, una vieja pasión de toda la vida. Él escribió al obispo Caggiano pidiéndole ser transferido y luego que su transferencia fue aceptada fue puesto a cargo del Hospital Ferroviario. Fue en éste momento en el que Pantaleo comenzó a ser conocido como cura sanador, atendiendo a un número creciente de personas en su pequeño departamento de Floresta.

De tanto andar, en el padre Mario comienza a surgir la idea de adquirir un terreno en González Catán y afincarse allí, pero antes quería ser autorizado a dar misa en el lugar. La fama de cura sanador que se había ganado hizo que las autoridades eclesiásticas fuesen renuentes a darle una capilla en el lugar.

Durante nueve años, además de su trabajo en el Hospital Ferroviario y como sacerdote asistente de la Iglesia Nuestra Señora del Pilar, Mario Pantaleo dormía en un baño del subsuelo del Hospital Santojanni, donde había logrado ser asistente del capellán.

Ricos y pobres siguieron visitando al padre Mario para buscar sanación. Personajes como el historiador Félix Luna, el escritor Ernesto Sabato, la empresaria Amalia Fortabat, ex-presidentes como Carlos Menem y Arturo Frondizi, y el dictador Jorge Rafael Videla, entre muchos otros personajes famosos.

El padre Mario atribuia las milagrosas curas a Dios y el se definía sólo como la “guitarra” siendo Dios el “guitarrero”.

En 1972 coloca la piedra fundamental de la Iglesia Cristo Caminante que se inaugura tres años más tarde, luego viene la construcción de la Guardería, el Jardín de Infantes, la Escuela Primaria y Secundaria, la Escuela para Discapacitados, el Polideportivo, el Centro de Atención a Mayores, la Panadería, el Centro de Capacitación Laboral, entre otros.

Su último milagro en vida fue hecho en el Hospital Ferroviario en donde pasó los últimos días de su vida. Acostado en su cama el padre Mario bendijo varias veces a su compañera de cuarto la jovencita estadounidense Amanda Salas de 16 años de edad, que estaba cuadripléjica y con respirador artificial. Un par de años después, en San Diego (California), Amanda pudo levantarse de su silla de ruedas.


El 19 de agosto de 1992, a pocos días de haber celebrado sus 77 años, muere en la Ciudad de Buenos Aires. Los días que dura su velatorio en su querido González Catán más de quince mil personas pasan doloridas frente a la capilla ardiente.

Los milagros del padre Pantaleo siguieron después de muerto. El caso más espectacular es del Sr. Mario Sancho que luego de un ACV quedó hemiplégico. El 19 de agosto de 2002 —al cumplirse los diez años del fallecimiento del padre Pantaleo— el Sr. Sancho salió de su hogar con la intención de suicidarse. Cuando se encontraba en la calle, un hombre regordete y bajito, al que luego reconocería como Pantaleo, sale a su encuentro y le toca el rostro y en ese mismo instante el Sr. Sancho comienza a caminar con toda normalidad.

En el año 2006 la vida del Padre Mario fue llevada al cine al estrenarse la película Las manos, dirigida por Alejandro Doria, con Jorge Marrale como el Padre Mario y Graciela Borges como Perla, su asistente y mano derecha.

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Con motivo de su Asamblea General

CIUDAD DEL VATICANO, viernes 27 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que el Papa dirigió hoy a los miembros de Caritas Internationalis, tras la Asamblea General de esta institución eclesial celebrada esta semana en Roma.

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Señores cardenales,

Venerados hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio,

Queridos hermanos y hermanas

Me alegra tener esta oportunidad de encontrarme con vosotros con ocasión de vuestra Asamblea General. Agradezco al cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, presidente de Caritas Internationalis, las amables palabras que me ha dirigido, también en vuestro nombre, y dirijo un cordial saludo a todos vosotros y a toda la familia de Caritas. Además, os aseguro mi gratitud y formulo mis mejores votos en la oración por las obras de caridad cristiana que lleváis a cabo en países de todo el mundo.

El primer motivo de nuestro encuentro de hoy es el de dar gracias a Dios por las numerosas gracias que ha concedido a la Iglesia en los sesenta años transcurridos desde la fundación de Caritas Internationalis. Tras los horrores y devastaciones de la Segunda Guerra Mundial, el Venerable Pío XII quiso mostrar la solidaridad y la preocupación de toda la Iglesia ante tantas situaciones de conflicto y emergencia en el mundo. Y lo hizo dando vida a un organismo que, promoviese en el ámbito de la Iglesia universal, una mayor comunicación, coordinación y colaboración entre las numerosas organizaciones caritativas de la Iglesia en los diversos continentes (cf. Quirógrafo Durante l’Ultima Cena, 16 septiembre 2004, 1).

Más tarde, el Beato Juan Pablo II fortaleció ulteriormente los vínculos existentes entre las diferentes agencias nacionales de Caritas, y entre ellas y la Santa Sede, otorgando a Caritas Internationalis la personalidad jurídica canónica pública (ibíd., 3). Como consecuencia de esto, Caritas Internationalis ha adquirido un papel particular en el corazón de la comunidad eclesial, y ha sido llamada a compartir, en colaboración con la jerarquía eclesiástica, la misión de la Iglesia de manifestar, a través de la caridad vivida, ese amor que es Dios mismo. De este modo, Caritas Internationalis, dentro de la finalidad propia que tiene asignada, lleva a cabo en nombre de la Iglesia una tarea específica en favor del bien común (cf. C.I.C., can. 116, § 1).

Estar en el corazón de la Iglesia; ser capaz en cierto modo de hablar y actuar en su nombre, en favor del bien común, lleva consigo particulares responsabilidades dentro de la vida cristiana, tanto personal como comunitaria. Solamente sobre las bases de un compromiso cotidiano de acoger y vivir plenamente el amor de Dios se puede promover la dignidad de cada ser humano. En mi primera encíclica, Deus caritas est, he querido reafirmar la centralidad del testimonio de la caridad para la Iglesia de nuestro tiempo.

A través de dicho testimonio, hecho visible en la vida cotidiana de sus miembros, la Iglesia llega a millones de hombres y mujeres, haciendo posible que reconozcan y perciban el amor de Dios, que es siempre cercano a toda persona necesitada. Para nosotros, los cristianos, Dios mismo es la fuente de la caridad, y la caridad ha de entenderse no solamente como una filantropía genérica, sino como don de sí, incluso hasta el sacrificio de la propia vida en favor de los demás, imitando el ejemplo de Cristo. La Iglesia prolonga en el tiempo y en el espacio la misión salvadora de Cristo: quiere llegar a todo ser humano, movida por el deseo de que cada persona llegue a conocer que nada puede separarlo del amor de Cristo (cf. Rm 8,35).

Caritas Internationalis es distinta de otras agencias sociales porque es un organismo eclesial, que comparte la misión de la Iglesia. Esto es lo que los Pontífices han querido siempre y esto es lo que vuestra Asamblea General debe afirmar con fuerza. En ese sentido, hay que observar que Caritas Internacionalis está constituida fundamentalmente por varias Caritas nacionales. A diferencia de tantas instituciones y asociaciones eclesiales dedicadas a la caridad, las Caritas tienen un rasgo distintivo: pese a la variedad de formas canónicas asumidas por las Caritas nacionales, todas son una ayuda privilegiada para los obispos en su ejercicio de la caridad. 

Esto comporta una especial responsabilidad eclesial: la de dejarse guiar por los Pastores de la Iglesia. Desde el momento que Caritas Internationalis tiene un perfil universal y está dotada de personalidad jurídica canónica pública, la Santa Sede tiene el deber de seguir su actividad y de vigilar para que, tanto su acción humana y de caridad como el contenido de los documentos que difunde, estén en plena sintonía con la Sede Apostólica y con el Magisterio de la Iglesia, y para que se administre con competencia y de modo transparente. Esta identidad distintiva es la fuerza de Caritas Internationalis, y es lo que hace su actividad particularmente eficaz.

Además, quisiera subrayar que vuestra misión os lleva a desarrollar un importante papel en el plano internacional. La experiencia que habéis adquirido en estos años os ha enseñado a haceros portavoces ante la comunidad internacional de una sana visión antropológica, alimentada por la doctrina católica y comprometida en la defensa de la dignidad de cada vida humana. Sin un fundamento transcendente, sin una referencia a Dios creador, sin la consideración de nuestro destino terreno, corremos el riesgo de caer en manos de ideologías dañinas. Todo lo que decís y hacéis, el testimonio de vuestra vida y de vuestras actividades, son importantes y contribuyen a promover el bien integral de la persona humana. 

Caritas Internationalis es una organización que tiene el papel de favorecer la comunión entre la Iglesia universal y las Iglesias particulares, como también la comunión entre todos los fieles en el ejercicio de la caridad. Al mismo tiempo, está llamada a ofrecer su propia contribución para llevar el mensaje de la Iglesia a la vida política y social en el plano internacional. En la esfera política – y en todas aquellas áreas que se refieren directamente a la vida de los pobres– los fieles, especialmente los laicos, gozan de una amplia libertad de acción.
 
Nadie puede, en materias abiertas a la discusión libre, pretender hablar “oficialmente” en nombre de todos los laicos o de todos los católicos (cf. Con. Ecum. Vat. II, Gaudium et Spes, 43; 88). Por otro lado, cada católico, en verdad cada hombre, está llamado a actuar con conciencia purificada y con corazón generoso para promover de manera decidida aquellos valores que he definido a menudo como “no negociables”.

Caritas Internationalis está llamada, por tanto, a trabajar para convertir los corazones a una mayor apertura hacia los demás, para que cada uno, en pleno respeto de su propia libertad y en la plena asunción de las propias responsabilidades personales, pueda actuar siempre y en todas partes a favor del bien común, ofreciendo generosamente lo mejor de sí mismo al servicio de los hermanos y hermanas, en particular los más necesitados.

Por consiguiente, en esta amplia perspectiva, y en estrecha colaboración con los Pastores de la Iglesia, responsables últimos de dar testimonio de la caridad (cfr. Deus caritas est, 32), las Caritas nacionales están llamadas a continuar su fundamental testimonio del misterio del amor vivificante y transformador de Dios manifestado en Jesucristo. Igual puede decirse también de Caritas Internacional, que, con miras a llevar a cabo la propia misión, puede contar con la asistencia y el apoyo de la Santa Sede, particularmente a través del Dicasterio competente, el Consejo Pontificio Cor Unum.

Queridos amigos, confiando estas preocupaciones a vuestra reflexión, os agradezco de nuevo vuestro compromiso generoso al servicio de nuestros hermanos necesitados. A vosotros, a vuestros colaboradores y a todos aquellos que están comprometidos en el amplio mundo de las obras de caridad católica, imparto de corazón mi Bendición Apostólica, prenda de fuerza y de paz en el Señor.


[Copyright 2011 ©Libreria Editrice Vaticana]

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Buenos Aires , 27 de Mayo 2011 ( AICA ): El arzobispo emérito de Resistencia, monseñor Carmelo Juan Giaquinta, advirtió que hoy como ayer es frecuente “el fenómeno del infantilismo espiritual o falta de crecimiento en la fe”, pero aclaró que no toda la responsabilidad debe recaer sólo en los fieles. 
 
“Así como los padres pueden tener responsabilidad en el raquitismo de sus hijos por no atender debidamente a su alimentación, lo mismo podría suceder con nosotros los pastores si no acertásemos en una pastoral que atienda a un sano desarrollo espiritual de cada uno de los fieles y de la comunidad entera, impartiendo una catequesis y predicación sólidas. 
 
Por cierto que a todos nos alegra una reunión numerosa de fieles. Pero la multitud que congregue la devoción a un santo no es en sí misma garantía de autenticidad. Sólo lo es la orientación hacia Cristo”, subrayó.
 
Aquí el texto completo de la Homilía 
I. “YO VOY A PREPARARLES UN LUGAR”
1. Para disponernos a la Ascensión del Señor, con la que concluye el período de las manifestaciones de Jesús resucitado, la Iglesia nos lee durante dos domingos una parte de su discurso en la última cena, que trae el Evangelio de Juan. Este año nos propone párrafos del capítulo 14.
 
Suenan como las últimas recomendaciones que los padres dan a sus hijos antes de partir de este mundo. Con la diferencia de que, mientras estos suelen marcharse preocupados por lo que pueda sucederles, Jesús trasmite una gran paz.
 
De ningún modo abandona a sus discípulos, pues se va para completar su obra y volver a buscarlos: “No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí… Yo voy a prepararles un lugar…  Volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy” (Jn 14,1-4).
2. Jesús repite y profundiza esta idea a lo largo de su discurso: “No los dejaré huérfanos, volveré a ustedes” (v. 18). La ausencia de Jesús no es total, pues es cubierta por “otro Paráclito (o abogado defensor), que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad” (vv. 16-17). Aunque suene extraño, la ausencia física de Jesús es deseable, ya que hace posible que venga el Espíritu Paráclito. 
 
Y éste, colándose a lo más hondo de nosotros mismos, nos da a conocer a Jesús resucitado más profundamente que nuestra visión corporal: “Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, el Paráclito no vendrá a ustedes… Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad” (Jn 16,7.13). El tiempo de la ausencia visible de Jesús, es el tiempo de nuestra fidelidad: “Crean en Dios y crean también en mí” (v. 1). Es el tiempo también de la espera activa, caminando hacia él que viene a buscarnos: “Ya conocen el camino del lugar adonde voy” (v. 4).
II. “NADIE VA AL PADRE SINO POR MÍ” 
 3. El apóstol Tomás muestra su torpeza en comprender las palabras de Jesús. Piensa en un camino físico a recorrer. Por eso le dice: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?» (v. 5). La respuesta de Jesús es luminosa y responde a su doble reclamo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí” (v. 6). La meta es el Padre. El camino hacia él es el mismo Jesús. Y se lo recorre no con esfuerzo físico, sino conociendo a Jesús con la fe y el amor: “Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre” (v.7).
Pero la torpeza de los discípulos es grande. Lo muestra la nueva intervención de Felipe que pretende ver el camino sentado en una butaca: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta” A ello Jesús responde como un maestro a un alumno que pierde el tiempo: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: ‘Muéstranos al Padre’?” (vv. 8-9). 
III. INFANTILISMO ESPIRITUAL
5. El fenómeno del infantilismo espiritual o falta de crecimiento en la fe, que advertimos en Tomás y Felipe, es un fenómeno frecuente. Lo muestran otros escritos del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo les reprocha a los corintios porque “no pude hablarles como a hombres espirituales, sino como a hombres carnales, como a quienes todavía son niños en Cristo”. (1 Co 3,1).
 
El mismo fenómeno se advierte en la comunidad de los Hebreos: “Aunque ya es tiempo de que sean maestros, ustedes necesitan que se les enseñen nuevamente los rudimentos de la Palabra de Dios: han vuelto a tener necesidad de leche, en lugar de comida sólida” (Hb 5,12). No es de extrañar que advirtamos el fenómeno también en los fieles de hoy. Se da siempre que un creyente se detiene en gustar alimentos religiosos secundarios, y no tiene apetito del Pan de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo. 
 
Hoy se habla de “comida chatarra”, que sacia, pero no nutre. Lo mismo pasa en el plano espiritual, por ejemplo con la devoción a los santos cuando estas se quedan en lo milagroso y no orientan hacia Cristo. Es lo que reprochó Jesús a los judíos después de la multiplicación de los panes: “Ustedes me buscan, no porque vieron signos, sino porque han comido pan hasta saciarse” (Jn 6,26). Su religión era tan débil que, al escucharlo hablar sobre el Pan de Vida, “muchos de sus discípulos decían: ‘¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?’… Desde ese momento muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de acompañarlo” (Jn 6,60.66).
IV. ¿TODA PASTORAL POPULAR LLEVA A LA MADUREZ DE LA FE?
6 . Sin embargo, toda la responsabilidad en la falta de crecimiento de los fieles en la fe no podemos cargarla sólo en ellos. Así como los padres pueden tener responsabilidad en el raquitismo de sus hijos por no atender debidamente a su alimentación, lo mismo podría suceder con nosotros los pastores si no acertásemos en una pastoral que atienda a un sano desarrollo espiritual de cada uno de los fieles y de la comunidad entera, impartiendo una catequesis y predicación sólidas.
 
Por cierto que a todos nos alegra una reunión numerosa de fieles. Pero la multitud que congregue la devoción a un santo no es en sí misma garantía de autenticidad. Sólo lo es la orientación hacia Cristo. 

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La Familia y la Vida

 
Por: Mons. José Antonio Eguren.

Me llama la atención que a lo largo del debate electoral para la segunda vuelta los candidatos que disputarán la Presidencia de la República no hayan vuelto a hablar sobre dos temas tan cruciales y vitales para el presente y el futuro del Perú como son la familia y la vida. Más aun, observo con suma preocupación que serán temas ausentes en el debate electoral del domingo 29 de mayo.

Quiero recordar que ignorar el don precioso de la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer en un consorcio para toda la vida, que se ordena por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de los hijos, es comprometer seriamente el futuro del Perú. Sin familia no hay futuro, ya que el futuro moral, espiritual e incluso biológico de una nación pasa por la familia. Si ella es la célula primera y vital de la sociedad, primera institución natural y fuente de todas las demás instituciones, la función del próximo gobierno deberá ser la de garantizar sus derechos y deberes y no desestructurarla y asediarla mediante leyes basadas en corrientes ideológicas de moda que la quieren poner en crisis (léase feminismo radical, matrimonio homosexual, ‘divorcio express’, etc.).

Lo mismo debemos decir de la defensa de la vida y de sus amenazas, como son el crimen del aborto, la eutanasia y la experimentación con embriones. La ciencia hoy es enfática y unánime en afirmar que hay vida humana desde la concepción. Por tanto, el ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y a partir de ese momento se le deben reconocer todos sus derechos de persona, principalmente el derecho inviolable a la vida. Este no es un asunto confesional, como algunos dicen para callar a la Iglesia, sino de humanidad. Es lamentable que los candidatos hasta la fecha no hayan fijado claramente su postura frente al aborto no permitido por la Constitución y las leyes del Perú.

En todo caso, la mayoría de peruanos que iremos a las urnas el domingo 5 de junio somos católicos. Quiero por ello recordar, como lo ha hecho la Conferencia Episcopal Peruana, que para los católicos hay una serie de principios irrenunciables desde los cuales debemos juzgar las opciones electorales para saber si podemos o no votar por ellas.

Estos principios son: el respeto a la vida, también de los embriones humanos, y la clara oposición al aborto y a la eutanasia; la tutela y la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monógamo entre personas del sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad; la libertad de los padres en la educación de sus hijos como derecho inalienable. También la tutela social de los menores y la liberación de las víctimas de las modernas formas de esclavitud (por ejemplo, la droga y la prostitución); el derecho a la libertad religiosa, así como el desarrollo de una economía que esté al servicio de la persona y del bien común, respetando la justicia social, el principio de solidaridad humana y el de subsidiaridad; y el tema de la paz, que es obra de la justicia y de la caridad, y que exige el rechazo radical y absoluto de la violencia y el terrorismo.

Desde aquí mi invocación a los candidatos para que fijen su posición sobre estos temas fundamentales para el futuro del Perú que todos amamos y que queremos justo y reconciliado.

Aún están a tiempo.

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También se harán escuchar los latidos del corazón del feto
HOUSTON, Texas.- El gobernador de Texas, Rick Perry, firmó el Proyecto de Ley 15, el cual requiere que una mujer se realice un ultrasonido antes de decidir que se practicará un aborto. La ahora ley que entrará en vigencia el 1ero. de septiembre del 2011 busca que asegurar que las mujeres estén mejor informadas antes de tomar una decisión de tanto impacto.

El gobernador designó esta medida como un tema a ser tratado de emergencia en la sesión legislativa del 2011. Perry estuvo acompañado por el senador Dan Patrick y el representante Sid Miller en la ceremonia oficial donde firmó la ley.

“Toda vida perdida por un aborto es una tragedia que todos debemos tratar de prevenir a través de trabajo conjunto”, dijo Perry. “Esta importante ley se asegurará de que toda mujer en Texas que busca realizarse un aborto conozca todos los factores sobre la vida que lleva y entienda el devastador impacto que tiene esta decisión”.

La nueva ley requiere que un médico realice un ultrasonido 24 horas antes de un aborto, excepto en casos de emergencia médica. Bajo esta legislación el médico deberá mostrar la imagen del sonograma, explicar la imagen y hacer escuchar los latidos del corazón del feto.

Esta ley permite a la mujer optar por no ver la imagen o escuchar los latidos y requiere que ella firme una declaración explicando esto, antes de que se le realice el sonograma.

La mujer podrá optar por no recibir la explicación de la imagen del ultrasonido sólo en el caso de que su embarazo sea el resultado de una violación o incesto; si es que es una menor de edad con permiso judicial para practicarse el aborto o si el feto tiene una condición médica irreversible o anormalidad.

Además, si la mujer vive a más de 100 millas de distancia del lugar más cercano donde se practican abortos, entonces el período de espera se reduce de 24 a dos horas.

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El Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, Arzobispo Zygmunt Zimowski, señaló que la Iglesia Católica sirve a los enfermos de SIDA, con todo tipo de asistencia, en 117 000 centros extendidos en todo el mundo.

Así lo señaló el Prelado en entrevista concedida al diario vaticano L’Osservatore Romano en vísperas del inicio del Congreso “La centralidad de la atención de la persona en la prevención el tratamiento del SIDA-HIV” que se realiza en la capital italiana entre el 27 y 28 de mayo.

Este evento, que organiza la fundación El Buen Samaritano, instituida por el Beato Juan Pablo II en el año 2004 y que ha sido confiada al Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, busca también responder a las preguntas de “muchos obispos que se dirigen a nuestro dicasterio para tener una ayuda constante, con ayuda material pero sobre todo con información sobre lo último de la ciencia en la lucha contra esta enfermedad”.

Entre los objetivos de este congreso están la mejora de la atención pastoral y sanitaria a los enfermos de SIDA, la solicitud de la solidaridad de los países ricos hacia los más pobres “ya que todavía existen demasiadas personas que mueren sin tener acceso a las terapias que necesitan, en particular a los antirretrovirales” que se usan para esta afección y que han permitido diversos avances en este campo.

Tras recordar que en los últimos 30 años, más de 60 millones de personas han adquirido el HIV, la mayoría de las cuales está en África, el Arzobispo destaca el testimonio de “numerosos operadores sanitarios y voluntarios que, asistiendo valerosamente a los enfermos cuando todavía la enfermedad no era bien conocida o encontrándose privados de una suficiente cobertura sanitaria, han contraído ellos mismos la infección”.

El Prelado resaltó también el gran trabajo realizado por la Beata Teresa de Calcuta y el fallecido Cardenal John Joseph O’Connor “que promovió numerosos centros de asistencia para enfermos de SIDA” y “muchas iniciativas de cuidado y asistencia en Estados Unidos y en otros países pobres”.

Mons. Zimowski explicó que entre los participantes del congreso que se inicia este viernes están el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Tarcisio Bertone, el comisario europeo responsable por la salud y la política de los consumidores, John Dalli; el Director ejecutivo de UNAIDS, Michel Sidibé.

También asistirán los expertos Gregg H. Alton, Vice-presidente ejecutivo de la Corporate and Medical Affairs-Gilead Sciences (Estados Unidos); Carlo-Federico Perno, Director de la cátedra di virología de la universidad romana de Tor Vergata; y Stefano Vella, Director del departamento del fármaco dell’Istituto Superiore di Sanità y ex presidente de la International Aids Society; entre otros